De lo deseable a lo posible

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De lo deseable a lo posible

Alfonso Monsalve Solórzano                                                                                      

El petrismo pareciera haber tocado techo. Según las últimas encuestas, al día de hoy, la aprobación del presidente es de 37%. Cepeda, su candidato no recibiría votos adicionales pues el frente amplio que propuso Petro se desmorona porque ninguno de los contendores que competirían con él para la presidencia, en la consulta popular, tiene un número significativo de votos.

Pero, ese hecho, que debería causar alegría en la oposición y a los independientes, alineados en lo que se conoce como la derecha y el centro, no los mueve a tomar las decisiones correctas que les corresponden con el fin de garantizar el triunfo en la primera vuelta de mayo, para saldar, de una vez por todas, las incertidumbres que rondan el destino político de Colombia, a favor de la preservación de la democracia. Si el centro y la derecha se equivocan en su estrategia electoral, perderemos el estado de derecho para siempre en manos del neocomunismo petro-cepedista. Y es que lo que es realidad hoy, puede variar dramáticamente mañana.

Algunos dirán que es un alarmismo injustificado porque el petrismo se debilitará hasta un punto de no retorno, más aún, con la eventual salida de Maduro del poder en Venezuela por la presión extrema a la que lo somete Trump. Y es cierto que el final del madurismo es un golpe mortal a Petro y los GAOS que son sus socios, no sólo porque ya no tendrían cobijo en Venezuela, sino porque su negocio en Colombia también está en la mira de USA.

Pero, Maduro no ha salido del poder en este momento, y, en caso de que cayera y las fuerzas de los GAOS asentadas allí fuesen expulsadas, la presencia de éstas en nuestro territorio sólo reforzaría la actividad de estos actores, pues Petro no las combatiría. Y la ejecución, la dimensión y la modalidad de los golpes por tierra de Estados Unidos a los laboratorios y plantaciones de los GAOS en Colombia, solo se sostienen en una afirmación que, por ahora, no es respaldada por ningún otra acción indicativa, y, en el caso de que ocurriesen, habría, en ese momento, que analizar la nueva situación. Pero, por ahora, lo que sí es un hecho, es que Petro, asustado y todo, ha elevado su retórica antiimperialista, reforzando su posición de víctima y no ceja de mentir sobre que él es el adalid de los pobres, para ponerlas al servicio de la campaña electoral.

Pues bien, aunque a muchos les parezca increíble, en las actuales circunstancias, ese discurso podría, eventualmente, ir calando en algunos sectores de la población, más cuando los independientes y la oposición solo se muestran los dientes entre ellos y no proponen soluciones a los acuciantes problemas que el petrismo está dejando en Colombia. En el reino del egoísmo irracional, cada candidato o precandidato habla de unidad, pero, eso, sí, en torno a él o a ella; y como si fuera poco, se ocupa de vetar, precisamente a aquel que puede derrotarlo en uno de los mecanismos propuestos para llegar a un candidato presidencial único.

El descalabro es tal que ya hoy parece imposible tener un candidato único para primera vuelta, que es lo verdaderamente deseable. Dos -uno de derecha y otro de centro- piensan que, sin consulta, ganarán en la primera vuelta presidencial; otros, que harán consulta, pero excluyente. Pero ninguno, intenta desarmar su espíritu y su egoísmo irracional, para hablar de programas, que sería la forma racional de recoger las pretensiones sobre las que no hay consenso, para concentrase en aquellas en las que puede haberlo, de manera que quepan todos. Porque cada uno es maximalista.

Si hubiese un programa único, pequeño, conciso y centrado en lo esencial, todos podrían coincidir. Por ejemplo, en la recuperación de la seguridad; el combate al narcotráfico, la defensa de la propiedad privada, la reconstrucción del sistema de salud, el impulso al emprendimiento y a la ciencia, tecnología e innovación, CTI, como herramienta de crecimiento económico; el rescate del ICETEX, la financiación adecuada de las U públicas y un gran programa de vivienda social. Sé muy bien que el CD ha hecho innumerables foros para estudiar y proponer soluciones sociales y políticas para sacar a los colombianos de este hueco insondable; pero, enredado en la disputa de las precandidaturas, esas soluciones sólo se conocen en ámbitos muy cerrados. Sería bueno visibilizarlas. Y también sé que otros sectores han trabajado en programas electorales, que también sería bueno conocer ampliamente.

Pero de lo que se trata, es de lo contrario: atacar a Petro, haciendo énfasis sólo seguridad y tener pretensiones maximalistas que saben que los otros no podrán aceptar, ya sea en el estilo, en el manejo de los derechos humanos, de la economía, de la política. Algunos combinan el estilo político de Trump con el modelo económico de Milei. Otros, se creen la encarnación de la decencia y del rechazo a todo tipo de “extremismo”, cualquiera sea la cosa que eso signifique para ellos.

Llegar divididos a la primera vuelta es darle la oportunidad al petrismo de ganar en la segunda, porque hay estudios que dicen que muchos de los candidatos de la soberbia perderían con Cepeda en segunda vuelta. Pero parece que es inevitable. Y ante ese escenario, habría que tener, al menos un plan B: el compromiso de los todos los candidatos de centro y derecha de apoyar al candidato antipetrista que resulte de la primera vuelta. No es lo mejor, porque existe el riesgo de perder; pero, es lo posible.

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