La fiscal en su laberinto

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La fiscal en su laberinto

Martin Eduardo Botero*                                                                                                            

“Contradicciones, silencios y la presión de Estados Unidos entre la espada y la pared.

Hay momentos en que las instituciones ya no hablan, balbucean. La Fiscalía General de la Nación está en uno de esos momentos. En pocos días, su titular, Luz Adriana Camargo, ha pasado de decir que no conocía la información de los archivos de alias Calarcá porque era “reservada”, a admitir que esa información existe, que estuvo casi un año bajo cadena de custodia del Estado, que contiene datos sobre cooptación del aparato público, nexos entre disidencias y Ejército, y ahora incluso que hubo una fiscal que “omitió” advertir la gravedad de lo hallado y que la policía judicial tampoco habría alertado.

Cuando la presión crece —por la investigación periodística, por la opinión pública y, sobre todo, por el pronunciamiento del Departamento de Estado de Estados Unidos instando a “investigar a fondo” los vínculos entre altos funcionarios y disidencias— el laberinto se complica: la fiscal general se ve obligada a buscar una salida rápida. Y la salida, como casi siempre en estas historias, pasa por encontrar una pieza sacrificable.

De pronto aparece la figura de la fiscal de Medellín que habría “omitido” advertir la gravedad de los hallazgos, y se abre la posibilidad de compulsar copias ante la Comisión de Disciplina Judicial. Se insinúa que el problema fue, en esencia, un error a nivel intermedio: alguien no subió la información, alguien no tocó la puerta adecuada, alguien no escribió con suficiente énfasis las palabras mágicas “cooptación del Estado”.

Casi al mismo tiempo, se lamenta que la policía judicial —la misma que extrajo la información de los celulares— no hubiera resaltado que dentro de esos dispositivos había elementos sobre infiltración, relaciones con el Ejército y posibles pactos con estructuras del Estado. De nuevo, la culpa hacia abajo, jamás hacia arriba.

En este tablero de humo, la anunciada imputación contra el exministro de Hacienda Ricardo Bonilla encaja a la perfección. De la noche a la mañana, en medio del huracán por la infiltración narco–terrorista del Estado, el régimen descubre que uno de los suyos puede ser utilizado como “ofrenda” procesal: se filtra la solicitud de imputación, se agitan titulares, se habla de corrupción y responsabilidades, y así se intenta instalar la idea de una justicia equilibrada que también toca al petrismo. Pero la jugada se ve venir: Bonilla no es el corazón del escándalo de Calarcá, ni el hombre clave en la cooptación del Estado, es más bien una pieza útil para mostrar “mano dura” mientras los verdaderos nudos —campaña, gestores de paz, infiltración de la inteligencia, vínculos con disidencias— siguen sin una respuesta clara. Es la vieja técnica de tirar un caso vistoso a la hoguera mediática para desviar la mirada del incendio principal.

¿Cómo sostener, al mismo tiempo, la lealtad política y la credibilidad institucional? Esa es la esencia del laberinto.

Si asume con contundencia la línea de investigación que los archivos de Calarcá parecen trazar —financiación de campañas, funcionarios implicados, nexos con disidencias, posibles pactos de protección— inevitablemente chocará con sectores del mismo gobierno que la nombró. Si, en cambio, se limita a ofrecer una cabeza intermedia y a proclamar que “ya se está investigando”, corre el riesgo de ser vista, dentro y fuera del país, como parte del problema y no como parte de la solución.

“La fiscal en su laberinto” no es solo una imagen literaria: es la descripción de una institución atrapada entre sus propias contradicciones y un contexto político devastador. Si Luz Adriana Camargo decide quedarse, tendrá que elegir: o se convierte, por fin, en la garante implacable de la legalidad frente a la narco–infiltración del Estado, o pasará a la historia como la fiscal que, puesta en ese cargo para proteger un proyecto político, acabó siendo devorada por el escándalo que intentó contener.

En un país que arde, la justicia no puede seguir llegando en cámara lenta ni a golpes de excusas. Alguien tendrá que salir del laberinto. La pregunta es si será la verdad… o la fiscal.

Amen.” (Noviembre 25)

(Cita de Ines del alma mía, @InesBetancur1, de noviembre 25: “#Atención | Al explicar por qué no se identificó antes la información sensible sobre infiltración, la @FiscaliaCol lamentó que la policía judicial de la @PoliciaColombia, encargada de la extracción de los celulares, no hubiese advertido que existía información sobre posible…”)

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“Mientras tanto, cada nueva rueda de prensa abre más preguntas que respuestas:

¿Quién decidió priorizar o engavetar estos hallazgos?

¿Qué se hizo, o dejó de hacer, en los meses en los que la información estuvo disponible?

¿Qué comunicaciones internas, memorandos o advertencias circularon dentro de la Fiscalía y no produjeron consecuencias?

¿Cómo se coordinaron —o no— estos datos con la Dirección Nacional de Inteligencia, que también alega “no haber sabido” nada durante un año?

Todos los nudos están llegando al peine. Y, cuando eso ocurre, hay dos caminos: desenredar o romper el peine. De momento, la estrategia parece ser romperlo: culpar a subordinados, enfatizar la reserva, hablar de investigaciones en curso, pedir tiempo. Pero el factor tiempo ya no juega a favor de la Fiscalía. Demasiadas inconsistencias, demasiado ruido, demasiada presión internacional.” (Noviembre 25)

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“Camargo se descubre, de repente, entre la espada y la pared.

La espada:

una opinión pública indignada,

una prensa que muestra contradicciones día tras día,

unas familias de víctimas que exigen respuestas,

y un aliado estratégico —EE. UU.— que ya no compra el cuento del complot mediático.

La pared:

un gobierno que la puso en el cargo y que ha negado sistemáticamente las revelaciones,

redes de poder dentro de la propia Fiscalía,

y decisiones como la Directiva 0003, que ampliaron márgenes de protección para ciertos “gestores de paz” incluso en escenarios vinculados a estructuras armadas.

¿Cómo sostener, al mismo tiempo, la lealtad política y la credibilidad institucional? Esa es la esencia del laberinto.” (Noviembre 25)

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* Publicados en su cuenta de X (@boteroitaly).

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