
Martin Eduardo Botero*
“El rugido del hombre acorralado
Benedetti ya no habla como un político: grita como un hombre que sabe demasiado y a quien ya nadie protege.
Su furia no es valentía: es el reflejo de quien ve venir la justicia, tarde pero inevitable.
El primer síntoma del derrumbe es el tono.
Benedetti no escribe/habla como un político seguro de su inocencia, sino como un hombre cercado.
Usa expresiones de descontrol —“demente”, “monstruo”, “tortura”, “obsesión”— que sustituyen el argumento jurídico por la emoción del miedo.
En política, el grito siempre delata la derrota.
Quien tiene razón no insulta; prueba. Quien teme el allanamiento no denuncia, se defiende en silencio y con abogados.
Pero Benedetti opta por la estridencia, porque su verdadero público ya no es la justicia: es el presidente Petro y la opinión pública, de quienes busca protección simbólica.
Su queja técnica (“la Corte no puede investigarme porque ya no soy congresista”) es el núcleo de su angustia.
Durante más de dos décadas, Benedetti vivió bajo el paraguas de la Corte Suprema, que por tradición política en Colombia se ha mostrado cautelosa, lenta y jerárquica con los parlamentarios.
Pero ahora, sin fuero, cae en la órbita de la justicia ordinaria y, peor aún, de una magistrada que no le debe favores ni temores.
Por eso su reclamo no es jurídico, sino existencial:
“Ya no soy parte del sistema que me protegía.”
Leave a Reply