
Iván Tabares Marín
He tomado el título de una columna de Cristina Nicholls publicada en el periódico El Espectador del 12 de octubre de pasado, con el propósito de discutir el peligroso juego de palabras a que nos han llevado los medios de comunicación, las redes sociales y la política. El objetivo de Cristina era desacreditar la candidatura de Daniel Quintero y terminar la columna con su propia versión de la izquierda.
Cada mamerto tiene su propia ideología y por eso nunca se ponen de acuerdo, especialmente ahora cuando la izquierda tiene al menos cinco o seis versiones incompatibles: marxismo, romanticismo, hegemonía identitaria, izquierda posmoderna, movimiento Woke, el decrecimiento económico y la mezcla de todas las anteriores (la ideología “sancocho” de Gustavo Petro).
La expresión “performativo” se deriva del término inglés “performance” que significa rendimiento o presentación artística. Este último sentido es el utilizado por Cristina para criticar los montajes ridículos de “Pinturita”, el exalcalde de Medellín, en su campaña por la presidencia. También “performativa” tiene otro significado en Semiología y filosofía contemporánea: la séptima función del lenguaje es la performativa y que consiste en que el lenguaje crea la “realidad” simbólica, distinta a la realidad de la física o mecánica cuántica, que es la verdadera realidad, como explicaré.
Recordemos que Harari ha definido al ser humano como un animal que cuenta historias. Cuando en la infancia nos cuentan la historia sagrada, nos involucramos en ella de tal manera que se convierte en nuestra “realidad”. ¿Qué puede haber más real que Dios para un creyente? Si lo crees, lo creas. Eso mismo pasa con las ideologías políticas. ¿Qué puede haber más real para un zurdo que las mentiras, delirios, obsesiones y promesas nunca cumplidas de Gustavo Petro o de Pinturita? Somos lo que creemos.
Un sacerdote se quejaba en su sermón dominical de los cristianos que votan por un ateo, refiriéndose a Petro. Podríamos agregar: ¿cómo vota una persona sensata, creyente o no, por un partido como el Pacto Histórico que ha intentado, en dos ocasiones durante el actual gobierno, despenalizar el incesto, lo que significaría el fin de la familia y de la especie humana?
Nuestra “realidad” simbólica, la creada por la función performativa del lenguaje, está soportada por las ideologías que nos dan las identidades y por mitos. Pero la “realidad” que nos muestran la física cuántica y la teoría de la relatividad no se expresan a través de nuestro lenguaje, sino a través de las matemáticas.
Según la mecánica cuántica, nuestra “realidad” espaciotemporal comenzó con el Big Bang y, por lo tanto, la pregunta sobre la existencia de Dios no tiene sentido alguno. De la misma forma, la existencia de nosotros mismos vale en el mundo simbólico o espaciotemporal como un algoritmo, un nombre, una historia, pero no como una entidad porque solo somos energía y corpúsculos para la física cuántica. Un sacerdote, Franz Brentano, se preguntaba a mediados del siglo XIX: en la frase hay Dios, qué significa “hay”. Agrego: en la afirmación hay un hombre, ¿qué significa “hay” o “es”?
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