
Martin Eduardo Botero*
“El nuevo rostro de la censura: cómo el gobierno pretende regular la verdad
El golpe blanco a la libertad de prensa
Hay censuras que no llegan con bayonetas ni cadenas, sino con membretes, sellos oficiales y un lenguaje burocrático que finge proteger lo que, en realidad, pretende someter.
Así ocurre hoy en Colombia, donde la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) ha enviado a distintos medios una carta tan inquietante como reveladora. Bajo el pretexto de “veracidad”, “imparcialidad” y “objetividad”, el gobierno se arroga la facultad de vigilar los contenidos periodísticos y noticiosos.
La maniobra es hábil: se disfraza de pedagogía regulatoria, pero en el fondo es un acto de control ideológico. Se exige a los medios que entreguen sus manuales internos, expliquen cómo eligen los temas, detallen sus criterios editoriales y hasta describan sus procedimientos para “garantizar la verdad”.
Es decir, el Estado pregunta —como si fuera un tribunal— cómo se construye la verdad periodística, y pretende regularla.
Censura con rostro técnico
El poder ha aprendido a mutar. Ya no necesita clausurar periódicos ni allanar redacciones; le basta con convertir la burocracia en una herramienta de intimidación.
Cuando la “veracidad” se convierte en parámetro administrativo, la libertad se convierte en sospechosa.
Y cuando el regulador del espectro electromagnético se transforma en árbitro de la verdad, el periodismo deja de ser libre para volverse condicionado.
Lo más grave es que esta interferencia no proviene de un decreto abiertamente autoritario, sino de un documento administrativo que aparenta corrección legal. Pero detrás de su tono aséptico se esconde una vieja tentación del poder: decidir qué es verdad y qué no.
El golpe blanco a la libertad de prensa
Lo que estamos presenciando es un golpe blanco, una forma de censura estructural que se ejerce sin violencia, pero con eficacia.
Se amenaza la independencia informativa mediante exigencias de reporte, protocolos y controles preventivos. Se crea la ilusión de que el Estado “verifica”, cuando en realidad vigila, presiona y condiciona.
El artículo 20 de la Constitución no deja margen de duda:
“Se garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz e imparcial, y la de fundar medios de comunicación.”
Pero esa “veracidad” no autoriza al Estado a fiscalizar el pensamiento ni a juzgar los criterios editoriales. Significa, simplemente, que los periodistas deben actuar con diligencia y responsabilidad, no bajo tutela gubernamental, sino bajo su propio deber ético y profesional.
El periodismo no se regula, se respeta
Cuando el Estado entra en las redacciones con el pretexto de defender la verdad, ya estamos en la antesala del autoritarismo.
La verdad periodística no se decreta: se construye en la pluralidad, en el contraste, en la crítica libre.
Por eso, todo intento de control previo —aunque se presente como técnico o administrativo— constituye una violación al principio de independencia editorial reconocido por la Convención Americana de Derechos Humanos.
Este documento de la CRC es un precedente peligroso: abre la puerta para que mañana un funcionario decida qué medios son “imparciales” y cuáles deben ser sancionados.
Es la antesala de un Ministerio de la Verdad, ese viejo sueño de los regímenes que temen al pensamiento libre.
Epílogo: la verdad no necesita guardianes
La libertad de prensa no es un privilegio de los medios: es una garantía de los ciudadanos.
Sin prensa libre no hay control del poder, y sin control del poder, la democracia se degrada.
El gobierno puede controlar las frecuencias, los contratos, incluso los impuestos, pero no puede controlar la verdad.
Porque la verdad, cuando es auténtica, no se administra: se busca, se confronta y se defiende.
Y si hoy los burócratas del poder creen que pueden domesticarla, se equivocan: cada intento de censura encubierta termina, tarde o temprano, revelando su propio miedo.
Amen.” (Octubre 11)
* Publicado en su cuenta de X (@boteroitaly).
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