Lo siguen atacando porque sigue de pie

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Lo siguen atacando porque sigue de pie

Carolina Restrepo Cañavera*                                                                                                         

¿Cómo es de poquito un proyecto político que necesita, en cada campaña, sacar algo contra Álvaro Uribe Vélez?

¿No les basta con tener el poder? ¿No les basta con gobernar mal? ¿Tienen que intentar, una y otra vez, acabar con quien representa lo que jamás han logrado construir?

Insisten. Siempre insisten.

Uribe les duele. Porque Uribe no se rinde.

Porque Uribe no negocia sus convicciones para caerle bien a nadie.

Porque Uribe, aún sin estar en el poder, sigue siendo el punto de referencia para millones de colombianos que no quieren un país arrodillado, ni al narcotráfico ni a la miseria programada.

Lo siguen atacando porque no pueden superarlo.

Porque su figura les recuerda lo que no tienen:

-el coraje de decir que la seguridad importa,

-la disciplina para gobernar con austeridad,

-la claridad de saber que el trabajo dignifica y el asistencialismo perpetúa la pobreza.

Lo necesitan como antagonista, porque sin él se quedan sin libreto.

Y eso dice más de ellos que de él.

¿Quién puede negar lo que fue capaz de hacer?

¿Quién puede borrar que recibió un país quebrado, secuestrado, humillado, y lo devolvió al camino institucional?

¿Quién puede mirar a los ojos a las víctimas de las FARC y decirles que sin Uribe estarían mejor?

¿Quién puede negar que mientras unos se escondían tras discursos vacíos, él ponía el cuerpo, la voz y la vida por Colombia?

Hoy lo quieren juzgar por lo que no hizo, porque no pueden perdonarle lo que sí hizo:

— Devolverle al Estado el control de su territorio.

— Recuperar la confianza de los empresarios.

— Defender la libertad como principio, no como adorno.

— Levantar a Colombia con esfuerzo, no con excusas.

Lo persiguen, lo caricaturizan, lo quieren enlodar…

Pero ahí sigue.

Con dignidad.

Con firmeza.

Con una fuerza que no proviene de los votos, sino del deber cumplido.

Y por eso lo temen.

Porque saben que, aunque lo condenen en sus montajes, en el alma del país sigue siendo un símbolo.

Y los símbolos, cuando son verdaderos, no mueren.

Uribe representa algo que esta generación política no entiende:

La idea de patria.

La noción de autoridad legítima.

El amor sin cálculo por Colombia.

Pueden hacerle mil juicios.

Pueden reciclar expedientes cada cuatro años.

Pueden levantar campañas enteras sobre su nombre.

Pero no podrán arrancarlo del corazón de quienes saben lo que él dio.

Ni del alma de una Colombia que, cuando estuvo a punto de perderse, encontró en él un faro.

Por eso, cuando lo atacan, en realidad están confesando su propia pequeñez.

Porque si lo único que tienen para ofrecer es odio hacia Uribe, es porque no tienen país que ofrecer.

Y Colombia, con sus dolores y desafíos, ya está cansada de políticos que no saben inspirar nada distinto al resentimiento.

Colombia necesita grandeza.

Y ellos solo tienen obsesiones.

Colombia necesita propuestas.

Y ellos solo tienen persecuciones.

Colombia necesita esperanza.

Y ellos solo saben fabricar enemigos.

Lo siguen atacando porque sigue de pie.

Y sigue de pie porque representa algo más grande que él mismo:

la posibilidad de un país con rumbo.” (Octubre 6)

* Publicado en su cuenta de X (@carorestrepocan)

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