
Martin Eduardo Botero*
(1) Petro y las Fuerzas Armadas: delirio de un caudillo acorralado
“Petro y las Fuerzas Armadas: delirio de un caudillo acorralado
La reciente amenaza de Gustavo Petro de denunciar por sedición a quienes sostienen que las Fuerzas Armadas deben obedecer la Constitución antes que los caprichos presidenciales, marca un nuevo punto de quiebre en la crisis institucional colombiana.
El presidente parece olvidar —o pretende borrar— que la lealtad de los militares y policías está definida con claridad meridiana en la Constitución: las armas de la República son para la defensa de la soberanía, la independencia, la integridad del territorio y del orden constitucional. Ninguna de esas funciones incluye ponerse al servicio de proyectos ideológicos ni de alianzas con dictaduras extranjeras.
La ironía no puede ser más grotesca: Petro fue sancionado internacionalmente, con la cancelación de su visa en Estados Unidos, precisamente por incitar a la desobediencia de las tropas norteamericanas en Nueva York. Y ahora, con una hipocresía que raya en el cinismo, amenaza con persecuciones judiciales a quienes le recuerdan a los soldados y policías colombianos que no están obligados a obedecer órdenes contrarias a la Constitución.
Estamos ante un patrón claro: el caudillo que se siente acorralado convierte en delito cualquier oposición, mientras reviste de legitimidad sus propios excesos. Petro confunde autoridad con obediencia ciega, olvida que el mando presidencial está limitado por la ley y que su poder no es absoluto.
En realidad, sus palabras reflejan debilidad. Un presidente seguro de sí mismo no necesita intimidar ni a sus críticos ni a las Fuerzas Armadas. Lo que vemos es el reflejo de un gobernante aislado, rodeado de crisis internas —deslegitimado por la corrupción, la inseguridad, la quiebra del sistema de salud, la descertificación internacional— que intenta construir un enemigo para desviar la atención.
Pero la historia es clara: los caudillos que intentaron someter a las Fuerzas Armadas a sus delirios personales terminaron enfrentados a la fuerza de la Constitución. La obediencia militar no es al individuo, sino a la República.
Hoy más que nunca, Colombia necesita recordar que el poder no es eterno, pero la Constitución sí lo es. Petro podrá lanzar denuncias y amenazas, pero ninguna intimidación borrará la verdad fundamental: las Fuerzas Armadas no son un brazo del chavismo ni del petrismo. Son guardianes de la Nación.
Amen” (Octubre 3)
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(2) El caudillo acorralado que confunde Constitución con obediencia ciega
“El caudillo acorralado que confunde Constitución con obediencia ciega
La sedición del miedo
En Colombia, la palabra se está convirtiendo en delito. El presidente Petro, en un acto de desesperación política, ha ordenado a sus oficinas jurídicas iniciar denuncias por sedición contra candidatos que advierten lo obvio: ningún soldado ni policía debe obedecer órdenes manifiestamente inconstitucionales.
Pero aquí no hay sedición. La sedición, en cualquier manual de derecho penal, exige un alzamiento colectivo, armado, contra la autoridad. Lo que hay hoy en Colombia es crítica política, control ciudadano y legítima advertencia constitucional. Petro confunde la resistencia civil de las ideas con la rebelión violenta. Y lo hace, no por ignorancia, sino por nerviosismo.
El trasfondo es claro: su intento de articular las Fuerzas Armadas de Colombia con las de la dictadura venezolana constituye un despropósito contrario a la Constitución. Y como sabe que esa orden jamás podría ser acatada sin incurrir en responsabilidad penal, intenta blindarse criminalizando la crítica. La sedición no está en la oposición; la sedición está en el Palacio de Nariño, cuando un presidente traiciona la Carta Magna.
La ironía es brutal: un presidente guerrillero, que sí conoció la violencia insurgente, ahora acusa de sediciosos a quienes ejercen la palabra libre. Pretende invertir la realidad, como todo caudillo en crisis: señalar de criminales a quienes le recuerdan los límites de la ley.
La ley es igual para todos, sobre todo para el presidente. Y cuando un mandatario pretende usar el Código Penal como mordaza, no está mostrando fuerza, sino debilidad. No es la sedición la que amenaza a Colombia, sino el miedo de un gobernante acorralado por su propia deriva autoritaria.
El país debe saberlo: la Constitución protege la libertad de expresión, incluso contra los delirios de un presidente en crisis de nervios. La historia juzgará no a quienes advirtieron, sino a quien quiso callarlos.
Amen” (Octubre 3)
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(3) Comunicado del Ministerio de Defensa
“El comunicado del Ministerio de Defensa (3 de octubre de 2025) pretende blindar jurídicamente al presidente Petro y a su ministro, pero contiene varias omisiones y falsedades que conviene desenmascarar:
1. “El Presidente dirige la Fuerza Pública y dispone de ella como Comandante Supremo”
✔️ Es cierto que el presidente es el Comandante Supremo (art. 189-3 C.P.).
❌ Pero el comunicado omite que esa facultad no es absoluta: debe ejercerse conforme a la Constitución y la ley, respetando el principio de legalidad y los derechos fundamentales. No puede usarse políticamente ni para fines ideológicos.
2. “La Fuerza Pública no es deliberante” (art. 219 C.P.)
✔️ Correcto: militares y policías no pueden hacer política electoral.
❌ El comunicado manipula esta idea para insinuar que cualquier crítica o malestar en la Fuerza Pública es “desobediencia”, cuando la jurisprudencia (Corte Const., sentencias C-574/98, C-740/01, entre otras) reconoce que los uniformados sí pueden expresarse en defensa de sus derechos laborales y de su dignidad profesional, lo cual no constituye deliberación política.
3. “Promover la desobediencia es contrario a la ley”
✔️ Nadie discute que insubordinarse es ilegal.
❌ Pero el comunicado mezcla desobediencia militar con opinión crítica, sugiriendo que cualquier discrepancia con el gobierno es insubordinación. Esto es falso y peligroso: la Constitución prohíbe deliberación político-partidista, no la defensa institucional ni la protesta frente a órdenes ilegales.
4. “La Fuerza Pública cumple funciones esenciales de seguridad, neutralidad e imparcialidad”
✔️ Es el deber constitucional.
❌ En la práctica, el gobierno ha utilizado a la Fuerza Pública de forma ideológica: recorte presupuestal, debilitamiento de capacidades operativas, y directrices de no confrontar estructuras criminales. El comunicado oculta que hoy la neutralidad está comprometida por la politización desde la Presidencia.
5. “Su carácter apartidista no depende de coyunturas políticas”
✔️ Es un ideal.
❌ En la realidad, el propio presidente Petro ha llamado públicamente a la desobediencia de soldados estadounidenses y ha usado la retórica política para condicionar la actuación de militares colombianos. El comunicado silencia esta contradicción.
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