Choque de espejos en el gobierno Petro

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Choque de espejos en el gobierno Petro

José Obdulio Gaviria*                                                                                                 

“CHOQUE DE ESPEJOS EN EL GOBIERNO PETRO: CUANDO LAS CRÍTICAS SON AUTORRETRATOS.

En el gobierno de @petrogustavo  ni hay “paz total” ni la transformación social es el norte común. Este vendaval de acusaciones entre Benedetti, Ministro de Interior y Montealegre, de Justicia, tiene una particularidad: ambos dicen la verdad. Benedetti y sus colegas, incluido Montealegre, son “vagos y tibios”, “caricaturescos”, “vendedores de humo” y “negociantes del poder” que oscilan “entre la verdad y la mentira”. Esos insultos iluminan una verdad: ambos tienen razón. Sus dardos no solo hieren al otro, sino que son como un espejo distorsionado que reflejan las grietas del propio Petro y todo su movimiento.

Benedetti no miente al señalar la tibieza ministerial. En un gabinete donde todo avanza a paso de tortuga y se atasca en debates eternos y concesiones tibias al Congreso, la acusación de vagancia resuena con fuerza. Montealegre, con sus marcos legales para la paz, ha visto cómo sus iniciativas se diluyen en la burocracia del régimen, confirmando esa “falta de fuego” que Benedetti denuncia.

Montealegre no exagera al retratar a Benedetti como un camaleón político, un “actor del teatro Noh”, de teatro de máscaras. Pero al mismo tiempo está describiendo a su jefe Petro, que negocia favores en las sombras y usa máscaras para sobrevivir en el poder. La trayectoria de Petro y Benedetti, salpicada de escándalos y alianzas oportunistas, encarna esa duplicidad que el ministro de Justicia dice abominar: son “revolucionarios” de pacotilla, meros brokers de influencias.

Lo que cada uno reprocha al otro le calza a Petro como guante. Como persona, el presidente ha mostrado esa misma tibieza que Benedetti critica y ha hecho promesas de cambio radical que, gracias a Dios, se enfrían en compromisos pragmáticos, como hizo en la discusión de la reforma laboral y, en general, las concesiones que hace a la politiquería de izquierda.

Todos tres, Petro, Benedetti y Montealegre, portan el disfraz del “vendedor de humo” que Montealegre dice detestar: venden ilusiones de equidad mientras su entorno se enreda en negociaciones opacas, donde el poder se trueca por lealtades efímeras. Como dirigentes, los tres encarnan esa ira incontenible y razón ilustrada que ambos ministros se achacan mutuamente, oscilando entre discursos incendiarios y políticas que se diluyen en la nada.

El movimiento petrista, que se autoproclama forjador de una Colombia nueva —valiente, incorruptible, imparable—, resulta ser lo opuesto a las virtudes que cada ministro se atribuye. Benedetti se pinta de movilizador incansable, pero representa la corrupción endémica; Montealegre se erige en guardián de la razón jurídica, pero negocia con los mismos vicios que condena. Petro y su coalición prometen audacia, pero entregan una caricatura de indecisión y humo: reformas que no reforman, paz que no totaliza, un cambio que se queda en la retórica.

Este rifirrafe no es solo chisme palaciego; es un síntoma de un gobierno fracturado, donde las virtudes autoproclamadas se convierten en pecados colectivos. Por eso es que Petro no media y opta por el silencio. El espejo seguirá reflejando no héroes sino sombras.

Es hora de que cada uno mire adentro para que la próxima acusación sea más certera aún.

https://semana.com/politica/articulo/estoy-muy-molesto-con-benedetti-el-ministro-eduardo-montealegre-le-confeso-a-semana-las-razones-de-su-enfado-con-el-ministro-del-interior/202536/” (Octubre 1)

* Publicado en su cuenta de X (@JOSEOBDULIO).

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