La ignorancia de la Corte (2)

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La ignorancia de la Corte (2)

Iván Tabares Marín                                                                                        

La rectora de la Universidad EAN, Brigitte Batiste, intervino en el debate que nos ocupa: “… no basta con la autopercepción para asumir una tarea, al menos en lo público hay que corregir el certificado de nacimiento y ajustar toda la historia de vida (…)”. En otra columna, Brigitte ratificó su posición: “El problema del autorreconocimiento de género evolucionó en la norma colombiana para prevenir la discriminación y el acoso (…) nunca para dar paso al cinismo con que la actual administración lo plantea (…)”. (Ambas columnas se publicaron en La República)

Brigitte confirma mis críticas a la Corte Constitucional. La identidad de género no es un juego, un capricho o una absurda interpretación de la libertad ni de la persona humana para burlar las normas legales del régimen pensional o del nombramiento para un cargo público.

Para poner otro ejemplo, recordemos que el Comité Olímpico Internacional ya cambió su posición para evitar que se sigan cometiendo los abusos que todos vimos en los pasados juegos de París, cuando dos hombres biológicos, con cromosomas XY, genitales masculinos y mucha testosterona, obtuvieron sendas medallas al enfrentar a mujeres en boxeo.

Tanto en el caso de los olímpicos, como en el del nombramiento de Florián en el ministerio de la Igualdad, las feministas (algunas de ellas bien remuneradas por difundir el libreto de la izquierda) apoyaron la participación de hombres biológicos en los deportes femeninos y rechazaron, sin argumentos serios, el nombramiento de quien dijo percibirse como mujer o de género fluido para ser “ministra”. Lo primero, lo hizo Laura Galindo en El Espectador y, lo segundo, Katherine Miranda en el Congreso y Ana Cristina Restrepo también en El Espectador. ¿Por qué hablan de lo que ignoran?

Para salirle al paso al Tribunal Superior, Florián renunció a su cargo y fue nombrado nuevamente como ministro de la Igualdad, pero con su nueva “autopercepción” de varón. De esta forma, se ridiculizan la doctrina de la Corte, la cínica interpretación de Gustavo Petro y el dogma de la izquierda posmoderna.

La pregunta clave: ¿qué de bueno o cierto tiene esa ideología para que sea aceptada por tantos seguidores de la cultura Woke o de la izquierda? Una ayuda la encontramos en la definición de “somateca” dada por Paul Beatriz Preciado, el transgénero autor del libro Dysphoria Mundi: “Somateca es el cuerpo vivo como lugar de acción política y del pensamiento filosófico; un archivo político vivo en que se instituyen y destituyen formas de poder y soberanía”

Es decir, la identidad de género es una imposición cultural o política que queda inscrita en la mente de las personas. El poder determina esa identidad a través de la palabra, de la misma forma como nos impone las ideologías religiosas y políticas. La ideología posmoderna también se impone mediante adoctrinamiento y se ignora la biología, pero no es más que una distopía imposible e impensable —según Jacques Derrida— que busca destruir la familia y la especie humana.

 

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