Petro, descertificado y sin visa

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Petro, descertificado y sin visa

Martin Eduardo Botero*                                                                                          

(1) “Petro, el descertificado: amenazas, calumnias y delirios en la ONU

La tribuna de Naciones Unidas es, por definición, un espacio solemne. Allí se ha denunciado el apartheid, se han firmado compromisos históricos y se han articulado llamados a la paz mundial. Pero lo que presenciamos con la intervención del presidente colombiano fue otra cosa: una mezcla de amenazas, calumnias y delirios que desbordaron el límite de lo aceptable y dejaron en evidencia un aislamiento político sin precedentes.

La primera imagen fue reveladora: un salón casi vacío, con escasas delegaciones presentes. Esa soledad no era solo física, era también política. Allí, frente a los símbolos de la comunidad internacional, el presidente se presentó sin aliados, sin respaldo y sin eco. No era Colombia la que hablaba: era un individuo, aislado, atrapado en su retórica. Ese silencio de sillas vacías era ya un veredicto: la comunidad internacional no esperaba escuchar propuestas, sino un monólogo sin rumbo. Y así fue.

En su intervención, mezcló denuncias contra líderes internacionales, defensas implícitas de regímenes autoritarios y acusaciones generales que confundían narcotráfico, crisis climática, migración y guerras. El resultado fue un discurso ambiguo, difícil de seguir y, sobre todo, carente de propuestas concretas. Fue, en suma, un monólogo.

El presidente pidió abiertamente investigar al mandatario estadounidense, acusándolo de dejar caer misiles sobre jóvenes en el Caribe, sobre mujeres y niños en Gaza, y de encarnar la indiferencia frente a la vida. La delegación de Estados Unidos se retiró de inmediato, un gesto diplomático que equivale a una censura pública.

El riesgo de esa forma de intervención es doble. Por un lado, deteriora la credibilidad internacional de Colombia, un país que necesita cooperación en seguridad, comercio y desarrollo. Por otro, proyecta la imagen de un jefe de Estado que no distingue entre el foro diplomático y la plaza pública, y que convierte la tribuna en un arma personal de confrontación.

No quedó ahí. Petro defendió a Nicolás Maduro y al cártel de los soles, minimizó al Tren de Aragua calificándolo como no terrorista, y extendió legitimidad a las dictaduras de Nicaragua y Cuba. Con guayabera y una insignia ajena a la bandera de Colombia, llegó incluso a pedir a China que organice un ejército y a la ONU que forme una coalición internacional para invadir Israel en nombre de Palestina. Fue la imagen de un jefe de Estado convertido en vocero de regímenes criminales.

La palabra “descertificado” se vuelve aquí inevitable: no en un sentido técnico, sino político y moral. Descertificado es el líder que pierde legitimidad en el exterior, que ya no inspira confianza ni convoca respeto. Descertificado es quien, en lugar de tender puentes, rompe los pocos que aún sostienen la frágil arquitectura de la diplomacia.

Lo más perturbador fue su lenguaje. Llegó a decir que los narcotraficantes viven en Miami, Nueva York, París o Madrid, que muchos tienen ojos azules y pelo rubio, y que residen cerca de la casa de Donald Trump. Acusaciones sin sustento, lanzadas con ligereza, que transformaron el discurso presidencial en un panfleto de resentimiento ideológico.

La ONU es un espacio para la responsabilidad y el liderazgo. Convertirlo en escenario de delirio personal es un error histórico. Las consecuencias se sentirán pronto: aislamiento, sanciones implícitas, menor cooperación y una creciente percepción de que el problema ya no es la región, ni los enemigos externos, sino la falta de rumbo en la conducción del propio Estado.

Las consecuencias de esta intervención serán funestas. No se trata de una simple anécdota: es el quiebre de la credibilidad internacional de Colombia. Estados Unidos ya ha tomado nota. Si la estrategia era provocar, lo que logró fue acelerar su propio aislamiento y comprometer de paso a todo un país que no votó para ser representado como embajada de la narcodictadura venezolana.

El delirio ante la ONU no será olvidado: quedará como el síntoma de un presidente sin brújula internacional, descertificado en su legitimidad y aislado en su propio eco.

Petro se mostró como lo que hoy es en la escena mundial: un presidente descertificado, sin aliados, sin proyecto, y dispuesto a poner en riesgo las relaciones estratégicas de Colombia en nombre de su retórica personal. La ONU fue testigo de un desvarío. Y la historia juzgará las consecuencias.

Amen.” (Septiembre 24)

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(2) “Petro, el descertificado: delirio en Nueva York y la línea roja de la democracia

En Nueva York, ante una plaza pública casi indiferente, Gustavo Petro no habló como jefe de Estado: habló como agitador. No defendió la soberanía colombiana ni los intereses de sus ciudadanos, sino que incitó a soldados estadounidenses a rebelarse contra su propio comandante en jefe. Fue un llamado a la insubordinación militar en el corazón de la primera potencia del mundo.

La historia ya conoció a Fidel Castro, Ahmadinejad, Maduro. Pero ninguno de ellos cometió semejante torpeza: atacar la disciplina militar norteamericana desde su propio territorio. Esa fue la línea roja. Y la respuesta llegó inmediata: la revocación de su visa.

Petro pasa así de presidente polémico a enemigo declarado. Ha cruzado la frontera entre el discurso radical y la sedición. Para Colombia es una vergüenza planetaria; para la comunidad internacional, la prueba de que este hombre gobierna con delirio y sin respeto ni por la Constitución de su país ni por el orden mundial.

Petro ha traspasado el umbral de tolerancia. De presidente incómodo pasa a ser catalogado como un actor desestabilizador y riesgo para la seguridad nacional de EE.UU.

Las consecuencias no tardarán: aislamiento diplomático, sanciones, el desplome de su legitimidad. Porque la política, cuando roza la locura, deja de ser política y se convierte en peligro.

Los Estados Unidos ya han leído la jugada: Petro no es un reformista ni un pacificador, es un agitador con inmunidad temporal, un peligroso altavoz de causas que ya están perdiendo. Y cuando el eje Maduro–Petro caiga, no será por la fuerza de sus enemigos, sino por el peso insoportable de sus propias contradicciones.

Amen.” (Septiembre 27)

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(3) “Petro y el último aliento del narco-comunismo

Algunos dicen que Petro provocó la revocatoria de su visa a Estados Unidos de manera calculada, para victimizarse y ganar oxígeno político. Pero la realidad es más profunda y más trágica: no se trata de estrategia, sino de desesperación.

Su discurso en Nueva York, plagado de calumnias contra Trump, de defensa de Maduro, del Tren de Aragua y de regímenes criminales, no fue un acto de astucia, sino el reflejo de un hombre acorralado y sin salida. Petro sabe que el plan macabro tejido durante tres años con Maduro —convertir a Colombia en otra Venezuela bajo la sombra del narco-comunismo— se derrumba en sus narices.

Ya no hay narrativa posible que lo salve. La comunidad internacional lo descertificó, Estados Unidos lo aisló, Europa lo vigila y hasta en Colombia sus apoyos se desmoronan. Lo que estamos viendo no es un cálculo frío, sino las últimas pataletas de un Sansón moderno que, al ver su ruina, prefiere derrumbar el templo sobre todos: instituciones, opositores, aliados y hasta la propia Nación.

No es un presidente jugando al mártir. Es un presidente gastando el último aliento de su poder en un salto al vacío, arrastrado por su ADN guerrillero y su ego desmedido. Y esa caída no será solo suya: será también la del proyecto narco-comunista que pretendía imponerse en Colombia.

El reloj ya no corre a su favor. Petro no se victimiza: Petro se consume.

Amen.” (Agosto 27)

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(4) “Petro, la visa revocada y el punto final de un delirio

En la historia política de los pueblos hay momentos que definen un antes y un después. La revocatoria de la visa estadounidense al presidente Gustavo Petro es uno de esos instantes que marcan el declive irreversible de un proyecto político que nunca llegó a ser gobierno, sino apenas un eco ensordecido de consignas guerrilleras recicladas en discurso presidencial.

Lo ocurrido en Nueva York no es un simple trámite administrativo. No es un sello retirado de un pasaporte. Es un acto de sanción política y diplomática de la mayor potencia del planeta contra quien, en vez de ejercer la representación de un Estado, se convirtió en un agitador de esquina. Petro salió de la Asamblea General de las Naciones Unidas, vacía y fatigada por sus desvaríos, para predicar en plena calle un mensaje insólito: llamó a los soldados estadounidenses a desobedecer órdenes, incitó a la rebelión dentro de un país extranjero y abrió la puerta a la violencia como método legítimo de acción política.

La reacción de Washington fue fulminante. La visa revocada es más que un gesto: es la constatación de que Petro ha cruzado el límite que separa la discrepancia de la irresponsabilidad, y la crítica de la diplomacia del delirio incendiario.

El daño no es solo personal. Es institucional. Colombia queda reducida a un hazmerreír internacional, con un presidente que ya no puede pisar suelo estadounidense y con un liderazgo cada vez más aislado. La comunidad internacional no puede darse el lujo de ignorar a un jefe de Estado que justifica el terrorismo, defiende dictaduras y desacredita democracias mientras su propio país se desangra en la violencia del narcotráfico.

Y aquí surge la paradoja: Petro pretendía erigirse como el abanderado de la dignidad nacional frente a Estados Unidos, pero en realidad lo que ha logrado es la humillación planetaria de Colombia. La dignidad no se predica con símbolos torcidos ni con discursos callejeros, sino con respeto a la Constitución, protección de los ciudadanos y coherencia diplomática.

La revocatoria de su visa es la metáfora de su mandato: un viaje abruptamente interrumpido, un pasaporte sellado con la palabra fin. Petro no es un perseguido, es un aislado; no es un héroe, es un paria internacional. Y cada día que pasa su caída deja de ser una hipótesis para convertirse en certeza.

Amen.” (Agosto 27)

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* Publicados en su cuenta de X (@boteroitaly).

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