La Corte Suprema empieza a despertar

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La Corte Suprema empieza a despertar

Martin Eduardo Botero                                                                                                    

“La Corte Suprema empieza a despertar: un primer paso hacia la defensa de la Nación

“Cuando los jueces callan, los criminales legislan. Cuando los jueces hablan, la República respira.”

Por fin, tras años de jurisprudencia errática, silencios vergonzosos y complicidades disfrazadas de progresismo, la Corte Suprema de Justicia de Colombia, por medio de su Sala de Casación Penal, ha dado un paso que podría marcar un antes y un después en la defensa de la institucionalidad, la justicia penal y la memoria de las víctimas.

En su reciente comunicación oficial del 18 de septiembre de 2025, la Corte expresó su rechazo técnico y jurídico al controvertido Proyecto de Ley 02, la llamada “Ley de Sometimiento”, impulsada por el ministro Eduardo Montealegre. En lugar de una verdadera política criminal, la propuesta pretende ofrecer beneficios penales anticipados a estructuras criminales organizadas que ni siquiera han mostrado voluntad real de sometimiento, sin atender a la verdad, la reparación ni la justicia.

La Sala advirtió, con razón, que este proyecto carece de consensos democráticos, de un debate público amplio y de un análisis profundo sobre sus efectos, especialmente sobre las víctimas. Es decir, la ley se escribe al revés, empezando por premiar al verdugo, mientras se deja en el olvido al sobreviviente. En otras palabras, se legislaba para los criminales, no para la Nación.

Colombia ha sido testigo, durante décadas, de cómo el narco-crimen organizado penetra las instituciones, doblega al Estado, se disfraza de ideología y se blanquea en procesos de paz sin paz. Este proyecto, tal como está redactado, no busca el desmantelamiento efectivo de las estructuras armadas ilegales: busca su blanqueamiento jurídico.

Pero hay algo aún más importante en esta carta: la Corte comienza a ejercer su papel como poder independiente. Y eso, en un país arrinconado por el populismo punitivo, el revisionismo histórico y el entreguismo judicial, es una señal de esperanza.

Recordemos que esta misma Corte ha sido duramente criticada en los últimos años por su silencio cómplice frente a abusos cometidos en nombre de la “paz total”, por fallos que legitimaron la impunidad disfrazada de justicia restaurativa y por aceptar sin reparos doctrinas jurídicas importadas del derecho penal del enemigo.

Esta vez, sin embargo, la Corte alza la voz con criterio técnico y conciencia institucional. Reconoce que los criminales disidentes han mutado, que el Estado ha perdido control territorial y que los ecosistemas criminales actuales son más complejos que nunca. Por eso, se requiere una estrategia seria, robusta y deliberada. No un acuerdo bajo la mesa, redactado en los sótanos del poder.

Porque una Nación no se construye concediendo perdones preventivos, sino con Justicia.

El ministro Montealegre, viejo conocido de las narrativas de impunidad camuflada de progresismo, insiste en una fórmula que, en el fondo, legitima al crimen y socava el Estado de Derecho. Pero esta vez, el poder judicial le ha respondido con decencia y lucidez.

No basta con este gesto. La Corte tiene aún muchas cuentas pendientes con la historia: desde las sentencias desconectadas de la realidad social hasta la claudicación frente al narcoactivismo disfrazado de justicia transicional. Pero hoy podemos decir, al menos, que algo se ha movido. Que el silencio institucional ha sido interrumpido. Que quizás todavía hay jueces en Berlín.

Que este sea el primer paso. Colombia necesita una Corte Suprema de Justicia al servicio de la Nación, no al vaivén del poder político. Hoy, al menos, la esperanza se asoma en el horizonte judicial.

Amen.” (Septiembre 19)

* Publicado en su cuenta de X (@boteroitaly).

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