¿La descertificación hace feliz a Petro?

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¿La descertificación hace feliz a Petro?

Eduardo Mackenzie                                                                                         

“A mí no me preocupa la ayuda de Estados Unidos”, declaró Gustavo Petro antier en Bogotá.  Si bien la descertificación consterna a los colombianos de bien, a Petro esa noticia parece haberlo aliviado. Para el irresponsable ocupante de la Casa de Nariño disponer de esa suma de dinero es “estar bajo chantaje”. 

Luego la decisión del gobierno de Donald Trump es, para Petro, un acto liberador. Le deja a Petro manos libres –eso cree él–, para optimizar los ingresos y las operaciones de los narco-criminales, para comprar servicios de inteligencia y armas en los países enemigos de Estados Unidos y para arrancarle a los colombianos, mediante impuestos adicionales, la fuerte suma de dinero que Washington no enviará por culpa de la línea de gobierno de Petro, la mal llamada “paz total”. A eso corresponde la frase “Reemplazaremos eso con presupuesto”.

En el colmo de su delirio, Petro explicó lo siguiente a sus complacientes ministros: “Nosotros somos los que estamos ayudando a Estados Unidos, porque el problema es de ellos”. Así, Petro volvió a servir la impostura que lanzaba en su tiempo Pablo Escobar a sus socios: los países consumidores son los malos y los países productores son los buenos; Estados Unidos son el diablo, Colombia es su víctima, luego traficar y matar a quien se oponga a nuestros negocios es de lo más legítimo.

Esa es, desgraciadamente, la doctrina que impregna las declaraciones de Gustavo Petro en el consejo de ministros de antier sin que ninguna de esas eminencias se levantara y amonestara al iracundo presidente.

Por otra parte, Petro no parece convencido de que el narcotráfico es el mayor flagelo que sufre el país, ni el motor de la subversión armada comunista en Colombia y en el resto del continente. Para él, la actividad narco debe ser protegida por su Estado, aunque los mayores sacrificados sean los lideres de oposición (el asesinato del senador Miguel Uribe Turbay es un campanazo de alerta) y los colombianos más modestos, a quienes este gobierno les confisca el derecho a vivir en paz, sobre todo en las regiones cocaleras. La acumulación de capital narco es la prioridad y esa corrompida orientación es fácil ocultarla con la retórica más lunática: hay que desorganizar y maniatar a todos los componentes de la fuerza pública para que ésta “cese de matar a los niños”.

¿Se podía esperar una actitud contraria de alguien que llegó a la presidencia de la República de Colombia gracias a maniobras electorales ilegales y a dineros de grandes jefes mafiosos que organismos del Estado detectaron sin que la clase política se atreva a sancionar al timonel del Pacto Histórico?

Pero como toda pesadilla tiene un fin, el envío de navíos de guerra americanos y franceses al Mar Caribe para entrabar la llegada de drogas hacia Estados Unidos y Europa, anuncia el nuevo enfoque antidrogas de la Casa Blanca y de varios gobiernos europeos que ven cómo sus ciudades están, sobre todo desde 2023, inundadas de cocaína. El cartel de Los Soles comenzó ya a perder plumas y la descertificación de Colombia parece ir en la misma dirección. El intento de Petro de escapar a las consecuencias de su política mediante propaganda y rudos sofismas, como aquel de que los 450 millones de dólares “no van para el gobierno [de Colombia], va para ellos mismos” [Estados Unidos], es una prueba de gran confusión.

Queda por saber qué hará Petro a corto plazo con su frase “Lo primero es inteligencia y armas”.  ¿Quién le ofrecerá esos servicios después de la descertificación? Únicamente regímenes anti-Occidente como los de Irán, Corea del Norte, Rusia y China. ¿Qué precio está listo a pagarle Petro a esas dictaduras? Recordemos lo que ocurrió durante la presidencia de Ernesto Samper: éste compró lotes de granadas de mano defectuosas a Irán y algunas estallaron sobre los soldados que las portaban. Pero el país ha olvidado esas tristes lecciones.

Por fortuna, el gobierno de Trump separó aguas en su nota sobre la descertificación entre el gobierno Petro, por una parte, y las fuerzas del orden colombianas por el otro. La cooperación militar y de inteligencia seguirá entre los dos países si hay resultados. Esa hábil diferenciación se la debemos a la valiente misión en Washington de alcaldes, autoridades regionales y voceros de gremios económicos colombianos. Ellos demostraron que la desgastada clique de Petro no es Colombia y no lo será jamás.

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