
Carolina Restrepo Cañavera
“Ya estamos acostumbrados a que este gobierno, en apenas tres años, haya presentado tres reformas tributarias. Lo que no habíamos visto es una propuesta tan abiertamente inviable como la que hoy se pone sobre la mesa. Y no es casualidad: esta no es una reforma para recaudar, es una reforma diseñada para no pasar.
Las cifras lo dicen todo. Se plantean cargas impositivas que desbordan cualquier parámetro internacional: dividendos para inversionistas extranjeros que podrían llegar hasta el 30%, sumados a una renta corporativa que ya está en el 35%, la más alta de la OCDE. Con esa combinación, la tributación sobre sociedades y socios se elevaría fácilmente a niveles cercanos al 60% y, en algunos sectores con sobretasas y cargas adicionales, podría acercarse al 70%. Eso no es política fiscal: es un libreto escrito para provocar un rechazo seguro.
Más allá del impacto sobre empresarios y patrimonios altos, la reforma golpea con dureza a la población que dice proteger. Incrementar el IVA sobre los combustibles y duplicar la carga del impuesto al carbono significa encarecer el transporte, la canasta básica y los servicios esenciales en cada rincón del país. El mensaje es claro: todos pagan, pero ninguno se salva.
A esto se suma un hecho inocultable: el propio gobierno ha dejado sin ejecutar decenas de billones en los últimos dos años, 80 billones en 2024 y más de 70 billones en lo corrido de 2025. La incoherencia salta a la vista. ¿Para qué exigir más impuestos cuando ni siquiera se es capaz de gastar lo que ya se tiene? Esa es la prueba más contundente de que el problema no es de ingresos, sino de incapacidad de gestión.
La verdadera jugada está en otro lado. Una reforma imposible de aprobar le da al gobierno el guion perfecto: si se hunde en el Congreso, podrán culpar a los legisladores, a los empresarios y a “los poderosos” de impedir la justicia social. Y si, contra toda lógica, llegara a pasar, el descalabro económico ofrecería la misma excusa: la élite tumbó el proyecto de cambio. En ambos escenarios, el relato de victimización está asegurado.
Por eso esta reforma no debe leerse como un ejercicio de política tributaria, sino como un cálculo político. No busca recaudar 26 billones: busca sembrar rabia, polarización y un pretexto para las elecciones de 2026. Es la reforma que nació para no pasar. Y justamente por eso, no es un error técnico sino una estrategia política.
Colombia no necesita más excusas ni enemigos inventados. Necesita un gobierno que sepa gastar bien lo que ya tiene, que gobierne con responsabilidad y que piense en soluciones reales, no en relatos diseñados para perpetuar la división.” (Septiembre 15)
* Publicado en su cuenta de X (@carorestrepocan).
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