Están explotando las bombas

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Están explotando las bombas

Ernesto Macías Tovar                                                                                        

Lo que hoy padece la nación, cuando aún faltan once meses para que concluya “la horrible noche”, es la devastación de un país.

El expresidente Iván Duque ha venido advirtiendo, en distintos escenarios académicos nacionales e internacionales, que quien llegue a la Presidencia de Colombia en 2026 deberá comenzar por enfrentar cuatro bombas –así las denomina– activadas por Gustavo Petro: la seguridad, el sistema de salud, la crisis fiscal y la parálisis del sector energético. Y tiene razón. Lo que hoy padece la nación, cuando aún faltan once meses para que concluya “la horrible noche”, es la devastación de un país.

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Las bombas ya están explotando. En medio de diatribas, trinos y arengas, vemos a un Petro desesperado intentando maquillar con cifras amañadas el caos sin precedentes del sistema de salud. Interminables alocuciones buscan culpar al gobierno anterior de una crisis incubada por su propia administración durante estos tres años. La sólida estructura de atención en salud, que había resistido con éxito incluso la pandemia, colapsó en sus manos.

Petro intervino las ocho EPS más relevantes –incluida la estatal Nueva EPS– y, a partir de entonces, se desplomaron una tras otra, cumpliéndose su ominosa burla del “shu, shu, shu…”. La Contraloría General, en un informe demoledor, confirmó el desastre: tras las intervenciones, las EPS incumplen los requisitos de capital mínimo, patrimonio adecuado y reservas técnicas; adeudan $ 2,8 billones a operadores farmacéuticos, poniendo en riesgo el acceso a medicamentos. A diciembre de 2024, los pasivos acumulados superaban $ 32,9 billones, amenazando gravemente la atención a millones de colombianos.

La Nueva EPS, hoy con patrimonio negativo, ni siquiera presenta estados financieros certificados. La narrativa oficial se desmorona: en 2022 registraba un patrimonio positivo de $ 485.000 millones; hoy exhibe un déficit de $ 6,7 billones. Sus pasivos crecieron de $ 5,4 billones a $ 21 billones; los anticipos, de $ 3,8 a $ 15,3 billones, y las cuentas por pagar, de $ 4,6 a $ 13,5 billones. En fin, la convirtieron en un botín político de corrupción. La bomba de la salud, lejos de esperar al 2026, ya detona con furia anticipada.

La geografía del terror se expande sin tregua por el territorio nacional. La bomba de la seguridad no solo está explotando: sus esquirlas desgarran ya los cimientos mismos de la nación.

La bomba de la seguridad resulta aún más letal. Petro recibió un país con el orden público controlado, los cabecillas de los grupos narcocriminales abatidos o refugiados en la frontera con Venezuela, y los cultivos ilícitos contenidos por debajo de 200.000 hectáreas. Hoy las cifras son dantescas. Entre 2023 y agosto de 2025, Colombia ha sufrido 226 masacres con cerca de mil víctimas, según Indepaz. Durante este mandato se han perpetrado 33 secuestros masivos contra integrantes de la Fuerza Pública y más de 325 ataques con drones. Los narcoterroristas, en una barbarie inédita, llegaron incluso a incinerar militares vivos. Y los narcocultivos superan ya las 300.000 hectáreas, por la permisividad oficial.

El saldo de la llamada ‘paz total’ no es solo el fracaso de una promesa electoral, sino la sangrienta pérdida cotidiana de vidas. La estrategia ha sido perversa: empoderar a criminales y debilitar a la Fuerza Pública. No existe un solo avance verificable en los múltiples diálogos abiertos con aquellos grupos criminales. Por el contrario, Petro ha designado setenta y cinco “gestores de paz”, todos cabecillas de estructuras narcoterroristas que siguen delinquiendo impunemente. Llegó, incluso, a otorgar estatus político al ‘clan del Golfo’, al que llama “Ejército Gaitanista de Colombia”: una concesión semántica que resume la humillación.

Los focos de violencia se multiplican: Cauca, Catatumbo, Arauca, sur de Bolívar, Bajo Cauca antioqueño, Urabá, Putumayo, Nariño y Caquetá, entre otros. La geografía del terror se expande sin tregua por el territorio nacional. La bomba de la seguridad no solo está explotando: sus esquirlas desgarran ya los cimientos mismos de la nación.

Lo que encontrará el próximo gobierno no será la misión de desactivar bombas, sino la dolorosa tarea de levantar a Colombia de entre las cenizas que deja Petro. Ojalá, con sensatez patriótica, la oposición comprenda la urgencia de unirse para enfrentar la crisis más profunda y cruel de la historia colombiana.

@ernestomaciast

15.09.2025

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