
Alfonso Monsalve Solórzano
Estamos a 8 días, a lo sumo, de saber si Colombia es sancionada o no con la descertificación por su desempeño en la lucha contra el narcotráfico.
En caso de ser afirmativa, se trataría de una sanción muy grave. En su versión más severa, como dice un artículo de El Tiempo, consultado el 06.09.2025: “El impacto de una descertificación no sería menor. La legislación estadounidense contempla un menú amplio de sanciones que van desde el congelamiento de la ayuda, el bloqueo a créditos en organismos multilaterales -como el BID, el Banco Mundial o el FMI- hasta sanciones comerciales y arancelarias. En los casos más severos, también se restringen ventas de equipos militares, cooperación en inteligencia y participación en acuerdos preferenciales de comercio como el TLC”.
Pues bien, hay probabilidades de que el país sea sancionado. Los resultados han sido malos durante el gobierno de Petro, como que en el 2024 la UNDOC (informe 2024) afirmó que los cultivos de coca alcanzaron, en el 2023 las 264.OOO hectáreas, mientras que la erradicación sólo alcanzó 9.403 hectáreas, menos que las 20.325 ha. eliminadas en 2023 y las 68.893 ha. en 2022. Y aunque las incautaciones crecieron -860 toneladas y muchas de ellas fueron hechas mediante el mecanismo de cooperación internacional- lo cierto es que la producción de cocaína aumentó en el 2023 frente al 2022 en un 14%, hasta alcanzar 960 toneladas. Y Daniel Mejía, experto en el tema antidrogas y quien fue director del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas (Cesed) de la Universidad de los Andes, consideró que la cifra de cultivos de coca al cierre del 2024 “puede estar por encima de 280 mil o 300 mil hectáreas” (El Nuevo Siglo 10.05.2025).
Y más preocupante es el ritmo de expansión de los cultivos de coca. Este no es un dato menor, como argumentaré más abajo.
Según el informe citado de la UNDOC, en el 2023, 16 de los 19 departamentos con coca mostraron tendencia al incremento; Cauca y Nariño fueron los más afectados. Señaló, también, que había 15 enclaves productivos, que concentraban el 39 % del área con coca en tan solo 14 % del territorio con presencia de cultivos de coca, y, en ellos, en 40 % de los territorios se ubicaban en la región Pacífico, siendo Cauca y Chocó los departamentos que presentan mayoritariamente lotes nuevos, pero no dispersos, sino conformando núcleos con densidades de siembra incluso mayores a 12 ha/km². El informe da cuenta, asimismo, que 48 % del área de coca se localiza en zonas de manejo especial: 4 % en parques nacionales naturales, que creció 2 % al contrastarlo con 2022; 10 % en resguardos indígenas, con un incremento de 10 %; 14 % en resguardos forestales de Ley Segunda, que creció un 5 %; y 20 % en tierras de las comunidades negras, que se incrementó en un 13 %.
Dije que no es un dato menor, porque se observa que la expansión va de la mano con el crecimiento de los GAOs en el territorio nacional. Si tuviéramos los datos de la UNDOC o de los Estados Unidos sobre el narcotráfico en Colombia a la fecha, veríamos que las áreas de cultivo han crecido y que la producción también lo ha hecho en los territorios que han ganado los GAOs como consecuencia de la política de Paz Total.
La conclusión no puede ser otra que el aumento del narcotráfico es una consecuencia directa de la política de Paz Total. Y, que, en realidad, contrario a lo que dice Petro, el presidente no ha hecho nada para combatir de verdad esta plaga que, en efecto, es un problema inmenso de salud pública en USA -y en Colombia-, que afecta directamente su seguridad nacional -y la nuestra. Y no lo hará, porque no le interesa defender nuestra soberanía interna ni la seguridad nacional y ciudadana. Todo lo contrario. Le interesa debilitarlas. No tengo que recordar aquí las múltiples acciones que ejemplifican cómo perdemos vidas de nuestros jóvenes militares y de civiles, territorio, soberanía y gobernabilidad a lo largo y ancho de Colombia, mientras vemos crecer a los GAOs, fortalecerse e incrementar su dominio atroz sobre muchos de nuestros ciudadanos.
Su postura ideológica “progresista” antinorteamericana, por “principio”, es un disfraz para desatar la simbiosis entre una “izquierda” que practica todas las formas de lucha para conseguir el poder, incluidas, no sólo la lucha armada, que no duda en practicar el terrorismo; y el crimen de la delincuencia común, como el narcotráfico. Porque vencer al enemigo todo lo justifica, incluso hacer el tránsito de guerrillero a narco.
En ese contexto, Petro está buscando la descertificación porque, como he afirmado, en columnas recientes, cree que, si se produce, es una excusa perfecta para justificar su postura “antiimperialista”, de cara a las elecciones y dar la razón a los GAOs de “izquierda” que lo acompañan y ya le hacen campaña combinando todos los medios de lucha, así como para justificar su defensa e integración con Venezuela, en este momento en el que la cúpula en el poder ha sido declarada una organización narcoterrorista. Unos y otros son “víctimas” del imperialismo y es “necesario” invocar la “unidad de acción” para “enfrentarlo”, en pos de la consecución de una “Gran Colombia Bolivariana, Soberana y Democrática”, que es el sueño de Bolívar, para Maduro, Petro y los GAOs, y la pesadilla del Libertador, si estuviera vivo.
¿Que USA va a quitar los fondos destinados a la compra de equipos militares? Mejor, que mejor. ¿Que va a acabar con la cooperación en inteligencia? Excelente. Ya lo hizo con Israel y con el organismo internacional de lavado de activos. ¿Que va a terminar con los acuerdos preferenciales de comercio como el TLC? Magnífica noticia. Así puede culpar al imperialismo.
No es algo nuevo: Stalin asaltaba bancos; los Castro han prestado su territorio para que los aviones cargados de coca de Escobar hicieran escala; su aliado Maduro y el Cartel de los Soles, son los jefes de una banda narcoterrorista, como su amigo Ortega; las Farc y el ELN viven de la cocaína, igual que lo hizo, en su momento, el M-19, del que se siente orgulloso. Y tampoco es nuevo hacer el tránsito de guerrillero a corrupto, en lo que su gobierno es experto, igual que el de su compadre Maduro. Es que la extrema izquierda siempre ha sido corrupta.
Pero el interés de Colombia es exactamente el opuesto al de Petro. Y también debería ser el del gobierno de Trump. Colombia ha sido un aliado de Estados Unidos durante muchos años, independientemente de que gobiernen los republicanos o los demócratas. Los más interesados, después de nosotros, de que aquí no se asiente una dictadura narcobolivariana hostil a USA, es ese país, por la posición geoestratégica que tiene, por la cantidad significativa de habitantes que posee y porque es una economía de mercado de peso en la región. Para Estados Unidos, además, sería poco deseable que Colombia cayese bajo el control económico de China, algo que ocurriría si la extrema izquierda se consolida. Todo esto, cuando la pesadilla de Petro está a diez meses de terminar. Por esas razones, una descertificación plena, sería lo peor que podría pasar.
Pero con Trump todo puede suceder. Por eso hay que hacer todo lo posible para que USA no descertifique al país. Por eso, apoyo el viaje que harán hoy los alcaldes de las principales ciudades del país, para hablar sobre ellas y su futuro, con políticos de los dos partidos. Crucemos los dedos.
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