
Alfonso Monsalve Solórzano
He defendido la tesis de que Petro incita a Estados Unidos para que sancione a Colombia, como una forma de producir un sentimiento antiimperialista, que, según sus cálculos, tiene grandes réditos electorales.
Su estrategia, desde el inicio de su gobierno ha sido, como lo he dicho aquí en muchas ocasiones, favorecer las organizaciones narcotraficantes a través de la política de Paz Total. Hasta el gobierno del presidente Biden pudo justificar sus nulos resultados en la lucha contra el narcotráfico, a pesar de que se dispararon las áreas de cultivo y la producción de cocaína con rumbo a USA y otros países, con el argumento de que aumentaron las incautaciones.
Con el arribo de Trump al poder, esa tesis no se sostiene. Las condiciones han cambiado y ante la exigencia de resultados tangibles y contundentes en la disminución de áreas de cultivo y de la cantidad de cocaína que ingresa a ese país, y, la advertencia de que, de no hacerse, Colombia enfrentaría sanciones, comenzando por la desertificación, Petro vio la oportunidad, dada la época preelectoral que estamos viviendo, de desafiar a las autoridades norteamericanas.
No sólo no le importa la descertificación de Colombia por parte de del gobierno norteamericano, sino que la ha estado buscando. Piensa que es muy bueno para su estrategia política electoral, que las sanciones perjudiquen a millones de colombianos y a la economía nacional, porque así podría responsabilizar al imperialismo yanqui de las afugias que vivamos. Además, le interesa que se pierdan las ayudas que el país del norte da para perseguir el narcotráfico, porque eso favorecerá a las GAOs y, de paso, podría “justificar” que no hay dinero para hacerlo, por culpa de Trump.
Pero la movilización de barcos, aviones, submarinos e infantes de marina, por parte del gobierno de Trump para combatir la organización narcoterrorista denominada Cartel de los Soles, en cabeza del dictador Maduro y sus adláteres, en el Caribe sur, agrega complejidad a la ecuación. Esta movilización es la estrategia principal de Trump para combatir lo que consideran una amenaza a su seguridad nacional: que la cocaína ingrese a su territorio. Son palabras mayores.
Entonces, Petro hace una defensa, ya desembozada, y una alianza política y militar con la narcodictadura, a pesar de la total ilegitimidad de esta.
Alega que lo hace porque el régimen venezolano no es el responsable del narcotráfico que viene de Colombia y sale, en su gran mayoría, por Venezuela, sino una difusa Junta del Narcotráfico con sede en Dubái. Para Petro, el cartel de los Soles no existe. Es una excusa de la extrema derecha para intervenir a Venezuela y Latinoamérica. Esto, a pesar de la evidencia existente y que Petro conoce y quiere ocultar: la estrecha relación, incluso, imbricación, entre el régimen de Maduro y las Farc y el ELN en la frontera, pues no solo son socios en el narcotráfico, sino protectores y protegidos en territorio venezolano; primera línea de defensa del régimen, los segundos y retaguardia estratégica de estos, el primero (https://www.semana.com/mundo/articulo/el-cartel-de-los-soles-si-existe-los-indictments-de-la-justicia-norteamericana-en-contra-de-maduro-y-sus-aliados/202540/).
La posición de Petro lo ha puesto a él, pero también a Colombia, en el ojo del huracán: ya no sólo no contribuye a erradicar el narcotráfico en Colombia, sino que es cómplice y aliado del mayor cartel del narcoterrorista del mundo. Todo esto, subrayo, en el contexto del proceso electoral que Colombia vive. Esta percepción, verdadera por lo demás, pone al presidente colombiano en graves aprietos, pero también al país.
¿Por qué lo hace? La comunidad de intereses entre Petro y el Cartel de los Soles, también es la comunidad del miedo a Estados Unidos: en medio de pronunciamientos “patrióticos” y anti yanquis han anunciado, para tratar de desvirtuar esta verdad de a puño, el envío de quince mil soldados venezolanos y veinticinco mil colombianos a la frontera nororiental, para “reforzar” “la zona binacional No 1”, llamada así por el usurpador, para combatir, junto con quince mil soldados venezolanos, ¡vaya chiste!, el narcotráfico en el Catatumbo. Eso no se lo cree nadie.
¿Hasta dónde llegará USA? Sólo quienes han planeado el despliegue lo saben con certeza. Algunos dicen que no habrá invasión a Venezuela, por la magnitud de aquel; pero que nadie hace semejante esfuerzo para salir con un chorro de babas y, que, por consiguiente, habrá una serie de acciones que podrían terminar por debilitar el régimen, incluyendo el fomento a la rebelión en las fuerzas de seguridad venezolanas y golpes de mano contra los cabecillas.
Petro, Maduro y las dos organizaciones mencionadas saben que un golpe al usurpador venezolano y sus adláteres es un golpe a su permanencia y a su emporio criminal. Pero, también, es un golpe demoledor a los planes petristas de continuar en el poder después de agosto del 2026. Por eso, ha reforzado, ahora, por necesidad, el discurso antiyanqui y nacionalista.
Y en Colombia, si ese escenario se da, es previsible, durante el tiempo que resta para elecciones, aumenten la ola de violencia, que ya estamos viviendo, realizada por los actores armados ilegales, para generar caos y violencia con miras a sabotear las elecciones a nombre del rechazo de la intervención norteamericana y contra sus lacayos nacionales. Los atentados, que ya empezaron, podrían incrementarse, contra candidatos, funcionarios electos a niveles departamental y municipal, funcionarios del poder judicial, secuestro de miembros de la fuerza pública; así como atentados terroristas contra ciudades, etc.
Pero, si hay unidad política de la oposición, como parece que se está construyendo; si los organismos judiciales, de control y del poder electoral, cumplen su trabajo, como hasta ahora lo han hecho; si hay apoyo de la ciudadanía, como hasta el momento ha ocurrido; si obligamos a que haya medidas de protección a los candidatos y funcionarios, transparentes y monitoreadas y vigilancia de la comunidad internacional por parte de nuestros aliados, los países democráticos en el mundo, con el fin de realizar una elecciones limpias y plurales, nuestra democracia prevalecerá.
Y una vez se ganen las elecciones, habrá que reconstruir la seguridad del país. Alfredo Rangel propone, en una columna de El Tiempo, del 28.08.2025 la puesta en marcha de un Plan Colombia 2.0 (https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/un-nuevo-plan-colombia-2-0-3485715). Estoy totalmente de acuerdo con eso.
POSTSCRIPTUM
El gobierno del cambio ayudó a Carlos Ramón González, mano derecha de Petro, su exdirector de la Dirección de Inteligencia y del DAPRE y uno de los cerebros del robo a la UNGRAD, a escapar a Nicaragua.
El gobierno del Cambio permitió que César Augusto Manrique, Director de Función Pública, participante de primera línea en el robo de la UNGRAD, se esfumara.
En el Consejo Nacional Electoral se radicó ponencia contra los responsables de la campaña de Petro, entre ellos el hoy presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa, por rebasar los topes de la campaña electoral.
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