Petro: El Libertador de Papel

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Petro: El Libertador de Papel

Martin Eduardo Botero*                                                                                  

“El Libertador de Papel: Petro entre narcos, Maduro y el poder de EE.UU.

Petro ha querido jugar al libertador: negociar con los narcos del ELN, tender la mano a las disidencias de las FARC y al Clan del Golfo, al mismo tiempo que defiende y protege a Nicolás Maduro. Pero esa apuesta, más ideológica que pragmática, le va a salir muy caro —políticamente y personalmente.

Petro está atrapado en un tablero geopolítico más grande que él. Intentó domesticar el conflicto interno con una paz negociada, pero los narcos y los grupos armados no entienden de pactos, sino de fuerza, rutas y control territorial. EE.UU. lo sabe, y por eso marca territorio con buques y submarinos en el Caribe. Lo que se avecina no es la “paz total” de Petro, sino una guerra parcial con múltiples frentes, donde el presidente colombiano corre el riesgo de quedar reducido a espectador de su propio fracaso.

El dilema es cruel: si Petro se muestra dócil ante Washington, pierde el aura de soberanista que vendió en campaña; si confronta con Estados Unidos, se arriesga a sanciones, aislamiento y la ruina de la cooperación internacional en seguridad y economía. El margen de maniobra es casi nulo.

Mientras tanto, los grupos armados hacen lo que mejor saben hacer: ganar tiempo con la retórica de la negociación, expandir sus rutas de cocaína, reforzar alianzas en Venezuela bajo el paraguas de Maduro y explotar el vacío de poder en regiones olvidadas del país. El fracaso del cese al fuego y la tragedia humanitaria en Catatumbo son la prueba de que la “paz total” se desmorona bajo el peso de la realidad.

La ironía es amarga: Petro, que soñaba con ser Bolívar, corre el riesgo de terminar como un presidente sitiado, acorralado entre la presión internacional, la violencia interna y el descrédito de un proyecto de paz que se transformó en paz criminal. En lugar de emancipar, su política ha fortalecido a los grupos que dice combatir.

La historia será implacable: mientras Maduro militariza a millones de milicianos y EE.UU. despliega portaaviones y marines, Colombia se hunde en una guerra difusa donde el Estado parece cada vez menos capaz de ejercer soberanía sobre su propio territorio. Petro apostó por el diálogo con los narcos; ellos le responden con asesinatos, desplazamientos y territorios perdidos.

No es la imagen del libertador lo que queda. Es la de un presidente que, por ingenuidad o cálculo, confundió la política con la épica, y que ahora paga las consecuencias de haber creído que se puede pactar con quienes solo entienden el lenguaje de las armas y el dinero.

Mientras tanto, Petro ha traicionado a sus electores, a la Constitución y al país. Prometió justicia social y soberanía, pero dejó una estela de pobreza creciente, seguridad deteriorada y un Estado débil frente al crimen organizado. Hoy ni siquiera puede garantizar el mínimo democrático: la protección de los candidatos presidenciales rumbo a 2026. Es el retrato de un gobierno que no supo gobernar y que, por ambición y cálculo ideológico, arriesga el futuro de Colombia en manos de los narcos y del poder extranjero.

Amen” (Agosto 19)

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“Cuando el dictador pierde la razón.

Nicolás Maduro acaba de asegurar que “liberará” 4,5 millones de milicianos en todo el territorio, y hasta las guacamayas serían parte del ejército chavista.

Lo que parece un chiste es, en realidad, el síntoma de un régimen en caída libre: cuando ya no se tienen votos ni respaldo real, solo queda inflar números y recurrir al absurdo.

El chavismo no puede reunir medio millón de votos, mucho menos millones de milicianos. Esa es la verdad que ni los delirios de Maduro pueden ocultar.” (Agosto 18)

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“Carta abierta al Presidente de la República

Señor Presidente Gustavo Petro,

La situación internacional exige claridad y firmeza. La ambigüedad que ha caracterizado su postura frente al régimen de Venezuela debe terminar.

No caben más silencios ni equilibrios falsos: lo que gobierna en Caracas es una narcodictadura, reconocida como tal por la comunidad internacional.

Colombia no puede prestarse a la confusión.

Nuestro deber histórico es estar del lado de la Constitución, de la legalidad, de la paz internacional y del respeto a los tratados que nos obligan como nación.

Eso incluye la alianza estratégica con los Estados Unidos, socio fundamental en la defensa de la democracia y la lucha contra el crimen organizado.

Señor Presidente, su juramento no admite dobles discursos. La hora demanda definiciones: o se está con la libertad y la justicia, o se está con quienes las niegan.

El juego se acabó. La Patria espera su palabra clara y su conducta recta.

Amen”. (Agosto 18)

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“Si Nicolás Maduro cae —y todo indica que el derrumbe se acelera entre delirios de milicias y guacamayas “revolucionarias”— no será solo Caracas la que se sacuda. También Bogotá, también Gustavo Petro.

Porque en la política latinoamericana, el destino de los gobiernos no se mide únicamente por la geografía, sino por la narrativa.

Petro, que se ha presentado como el abanderado de un progresismo distinto al chavismo pero que nunca ha tenido el valor de llamarlo por su verdadero nombre —una narcodictadura—, quedará sin relato. Y sin relato, un presidente como Petro queda desnudo, expuesto a la intemperie del poder.

Hasta ahora, Petro ha usado la ambigüedad como escudo. Decir que respeta a todos los regímenes, mantener un pie en Washington y otro en Caracas, jugar a ser mediador mientras se fotografiaba con dictadores. Pero la ambigüedad tiene fecha de vencimiento. El día que Maduro caiga, la historia exigirá definiciones.

Colombia, por Constitución y por tratados, no puede sino estar al lado de la legalidad internacional, de la paz, de la democracia, de su aliado estratégico: los Estados Unidos.

¿Y Petro? Si se aferra al recuerdo del chavismo, quedará aislado; si intenta un giro brusco, perderá lo que le queda de credibilidad. El riesgo es triple: político, diplomático y simbólico.

Político, porque sin Caracas como referencia, la oposición interna le recordará a diario que él también es parte de esa corriente derrotada en la región. Diplomático, porque Washington y Bruselas le exigirán definiciones inequívocas, y ya no tendrá excusas. Simbólico, porque caerá la última fachada de un “proyecto progresista latinoamericano” que se revela en su verdadero rostro: un fracaso histórico.

Petro sabe que en el tablero de la geopolítica el derrumbe de Maduro significaría el inicio de un nuevo ciclo. Y en ese ciclo, el presidente colombiano ya no sería “la voz del sur” ni el intérprete de una izquierda latinoamericana en recomposición, sino un líder sin patria ideológica, sin bloque regional, sin relato.

La pregunta no es entonces qué pasará en Caracas. La pregunta es qué pasará en Bogotá cuando la última piedra del chavismo se derrumbe. Petro perderá su soporte regional, su relato ideológico y su margen diplomático. Pasará de ser “presidente progresista” a quedar aislado, cuestionado, y con riesgo de convertirse en el siguiente eslabón de un derrumbe que ya comenzó.

La historia no espera. Y el juego, como se dice, se acabó.” (Agosto 18)

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* Publicados en su cuenta de X (@boteroitaly).

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