
Carolina Restrepo Cañavera*
“El poder contra la fuerza: una elección en tiempos de crisis
(Por Carolina Restrepo Cañavera, lo que pienso lo escribo, lo que escribo lo firmo.)
En momentos de ruido, vértigo e incertidumbre, suele confundirse la fuerza con el poder. Pero no son lo mismo. La fuerza empuja, grita, arrasa. El poder transforma, construye, persuade.
Vivimos tiempos en los que el grito se ha vuelto sinónimo de verdad, y la furia, argumento. Las redes premian la indignación antes que la reflexión. El debate público se reduce a trincheras, etiquetas y enemigos. Y en medio de esa tempestad, muchos confunden el estruendo de la fuerza con la legitimidad del poder.
Pero el verdadero poder no necesita alzar la voz. El verdadero poder es sereno, estratégico, consistente. No se deja arrastrar por la emoción del momento. Sabe cuándo hablar, cuándo callar y, sobre todo, cuándo actuar.
Lo he aprendido en carne propia. Cuando la vida me arrinconó, no respondí con gritos ni con rabia. Respondí con estructura, con pensamiento, con acción legal. Cuando muchos eligieron la queja, yo elegí el camino largo: el de los hechos, el de los argumentos. Y esa elección, la del poder sobre la fuerza, ha marcado mi forma de entender el liderazgo, la política y la justicia.
Hoy, 7 de agosto, Colombia vuelve a una encrucijada. No es solo una fecha histórica, es una fecha simbólica. Porque mientras algunos, desde el poder, ejercen la fuerza para dividir, estigmatizar y polarizar, otros, sin micrófonos ni palacios, resisten con argumentos, con coherencia, con carácter.
Esa es la elección real que enfrentamos. No es entre partidos, ni entre ideologías. Es entre dos formas de entender el poder: como grito o como construcción.
El país necesita voces firmes, sí. Pero también voces sensatas. Necesita carácter, pero también ideas. Necesita acción, pero con propósito. No podemos seguir atrapados en el ruido de la fuerza. Porque el ruido no gobierna: el ruido paraliza, confunde, agota.
En tiempos de crisis, la fuerza puede parecer tentadora. Pero es el poder bien ejercido, el que oye, el que se documenta, el que decide con grandeza, el que transforma.
Hoy, como ciudadana que no ha callado ni va a callar, elijo de nuevo: elijo el poder sobre la fuerza. Porque el primero se cultiva, se gana, se construye. La segunda… solo se impone. Y termina sola.
Este escrito se lo dedico especialmente a Pablo Jacobsen @PabJac quien me enseñó que el poder no está en la fuerza, ni en la imposición, ni en el grito, sino en la calma, en la claridad, en la presencia. Gracias a él entendí que el verdadero poder no empuja: persuade. No domina: inspira.” (Agosto 7)
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“La marcha fue ayer. Y como suele pasar, ya fue y ya pasó. Una prueba más de que con marchas no se ganan elecciones.
Se expresan emociones, sí. Pero las emociones duran un día. Al otro, la realidad vuelve a tocar la puerta.
Y hoy, esa realidad se llama zona bilateral. Un concepto que el gobierno intenta maquillar como diplomacia de frontera… pero que en realidad no es con Venezuela: es con Maduro. Con su régimen. Con su permanencia. Con su impunidad.
Y es ahí donde este gobierno empieza a convertirse en el niño diferente. Mientras el mundo condena a Maduro, Colombia lo reconoce como socio. Mientras la comunidad internacional denuncia crímenes de Estado, nuestro gobierno lo sienta en mesas de diálogo. Mientras todos saben lo que representa, aquí prefieren fingir que no ven.
Este gobierno prefiere legitimar al régimen, normalizar lo inaceptable y jugar a la diplomacia hipócrita, mientras la justicia internacional apunta en dirección opuesta.
Y entonces uno también se repregunta:
¿Este señor Petro es el presidente de la República de Colombia, o qué?
Porque lo que debe defender son los intereses de Colombia, no su percepción ideológica sobre lo que sea Nicolás Maduro o su régimen.
Lo que nos debe importar es la República de Colombia.
No esa necesidad permanente de posar como redentor del planeta, mientras rinde el país frente a una dictadura extranjera.
Porque eso sí es entregar soberanía.
No una isla ficticia creada en el fango para pelear con el Perú y fabricar un enemigo externo donde no existe.
La marcha fue ayer. Pero lo que está en juego no terminó con la marcha.
Lo que está en juego es si Colombia va a defender su República…
O si la va a entregar, por cuotas, en nombre de una causa que no es suya.” (Agosto 8)
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* Publicados en su cuenta de X (@carorestrepocan).
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