El trofeo más preciado

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El trofeo más preciado

Ernesto Macías Tovar                                                                                     

Quienes hemos defendido la independencia de poderes, y en especial de la rama judicial, no dejamos de sentir desconcierto ante el llamado “juicio del siglo”, por el tortuoso camino al que fue desviado un proceso iniciado por el político vivo más influyente del país. Lo que comenzó en 2014 como una denuncia del expresidente Álvaro Uribe Vélez contra el senador Iván

Cepeda por presunta manipulación de testigos, terminó con el denunciante judicializado y el denunciado en “víctima”.

El caso, desde entonces, transitó por rutas insospechadas hasta convertirse en una suerte de novela negra, con giros de guion político. Y el clímax de este primer capítulo llegó cuando el proceso aterrizó en el despacho de la ahora famosa juez Sandra Heredia, quien durante los 475 días que lo tuvo en sus manos no disimuló su animadversión hacia “el procesado”.

Tan marcada fue su carga ideológica, que el abogado y periodista Juan Lozano, días antes del fallo, escribió en El Tiempo una advertencia premonitoria: “Señora juez, falle en derecho; su compromiso no es con un bando político”. Y añadió: “Nada más oprobioso para un juez que condenar a un inocente”. Pero la togada ya tenía fijado su objetivo.

Sin adentrarnos en los aspectos técnicos —que con maestría han diseccionado los más prestigiosos juristas del país—, vale detenerse en el tono político de su actuación. El 28 de julio, al iniciar la lectura de su extenso fallo de 1100 páginas, Heredia soltó frases de afiche revolucionario: “La justicia ha llegado”; “La toga no tiene género, pero sí carácter”; “El derecho no puede temblar frente al ruido”. ¿Era necesario?

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Lo cierto es que, desde antes, la izquierda radical —ansiosa y expectante— sabía que tenía en manos de la juez una joya soñada: la cabeza del mayor contradictor de su proyecto. Y así lo celebraron. El mismo día del fallo, Cepeda fue lanzado como candidato presidencial. Para ellos, la condena a Uribe representa el trofeo más preciado, incluso superior a la llegada de Petro al poder.

Hoy vitorean su “hazaña” con arengas y consignas gastadas. Incluso la juez, fuera de libreto, arremetió contra Tomás Uribe Moreno por un trino en el que replicó lo publicado por varios medios. Salida de la toga, la juez afirmó: “Uno de los hijos del procesado no tuvo la gallardía de venirlo a acompañar…”. Y además, se dejó ver sonriente en un video, saboreando su instante de gloria.

Esto no ha terminado. Viene la segunda instancia en el Tribunal de Bogotá. Y ojalá, con ella, la compostura y la justicia.

3 agosto, 2025

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