
Carolina Restrepo Cañavera*
(1) “Los jueces no necesitan “protección del gobierno democrático”.
Necesitan independencia, garantías institucionales y que el poder Ejecutivo no los instrumentalice según el fallo que se avecine.
Petro ha intentado imponer fiscal, desacreditar a la Corte Constitucional, presionar al Consejo de Estado y atacar a medios críticos.
No está en posición de hablar de respeto por la justicia.
Si algo ha puesto en riesgo la separación de poderes, no es la crítica: es la presión sistemática desde el poder.
La legitimidad no se grita. Se demuestra respetando los límites.” (Julio 27)
(Cita de Gustavo Petro, @petrogustavo, de julio 26: “Sientan las y los jueces de Colombia que cualquiera que sea el sentido de sus fallos, contarán con la protección del gobierno democrático”)
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(2) “El enemigo no siempre lleva pasamontañas.
A veces sonríe. A veces da las gracias. A veces se viste de institucionalidad, de cortesía, de tono mesurado. No llega gritando ni imponiendo: se infiltra con gestos suaves, con palabras que suenan bien, con un supuesto amor por la patria que, en realidad, es amor por el poder.
El enemigo no siempre destruye con violencia; a veces lo hace con aplausos. Con discursos que pretenden condenar lo que en el fondo ayudó a construir. Con una indignación cuidadosamente administrada que aparece justo a tiempo… cuando ya no implica costo alguno.
Más grave aún es cuando quienes lo rodean no logran verlo. Cuando personas bienintencionadas terminan respaldando al impostor, creyendo que están reconociendo una causa justa. Esa ingenuidad —honesta, pero desinformada— es el mejor aliado del cinismo. No porque sea mala, sino porque es ciega.
Vivimos en una época en la que los verdaderos oportunistas han aprendido a mimetizarse. No se presentan como lo que son, sino como lo que conviene. Se cuelgan de causas ajenas para simular decencia. Aplauden lo justo cuando ya no pueden detenerlo, solo para parecer parte de él.
Por eso hay que estar atentos, no solo a lo que se dice, sino a quién lo dice y desde dónde. Porque muchas veces el daño no viene del grito, sino del aplauso tardío. Y porque —no lo olvidemos nunca— el cinismo no grita: se disfraza de patria.” (Julio 27)
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(3) El caso de Luis Eduardo Llinás
“Entre los múltiples escándalos que rodean a la DIAN, nombramientos a dedo, vínculos clientelistas, redes mafiosas, uso político de cargos estratégicos— hay un hecho estructural que debería sacudir al país: la concentración de poder sin precedentes que el Gobierno ha depositado en una sola persona, Luis Eduardo Llinás, actual director simultáneo de la DIAN y de la Unidad de Información y Análisis Financiero (UIAF).
El reportaje explosivo de María Jimena Duzán en Cambio Colombia no deja duda: Llinás fue investido con un poder descomunal que convierte su cargo, de facto, en el segundo más influyente del país después del del presidente. La UIAF concentra la inteligencia financiera del Estado. La DIAN, por su parte, maneja el recaudo tributario, el control aduanero y la fiscalización del comercio exterior. Juntas, estas entidades permiten mapear los flujos de capital, identificar operaciones sospechosas y controlar los puertos, puntos neurálgicos del contrabando y el narcotráfico.
Entregar ambas instituciones a una sola cabeza no es un error técnico ni una improvisación administrativa. Es una arquitectura de poder que rompe principios esenciales del Estado de derecho: el control cruzado, la transparencia institucional y la autonomía funcional. La UIAF fue diseñada para alertar y prevenir, no para subordinarse a los objetivos de recaudo de la DIAN. Su papel no es político, sino técnico. Pero si quien debe actuar (DIAN) y quien debe advertir (UIAF) responden a la misma lógica de poder, el sistema entero se convierte en un circuito cerrado sin vigilancia real.
El reportaje revela, además, que Colombia fue expulsada del Grupo Egmont, una red internacional clave en la cooperación contra el lavado de activos. ¿La razón? La publicación irresponsable, por parte de la UIAF bajo la dirección de Llinás, de un informe reservado sobre el software Pegasus usado en el gobierno anterior. Esa expulsión debilitó gravemente la capacidad del país para detectar operaciones transnacionales de lavado. El hecho pasó casi desapercibido.
Como si eso fuera poco, el mismo funcionario desoyó alertas internas y mantuvo en cargos sensibles a personas vinculadas a estructuras mafiosas como la de “Papá Pitufo”, el llamado zar del contrabando. La explicación que ofrece Llinás es formalista: dice que los cargos son de libre nombramiento y remoción. Pero que un cargo sea de libre nombramiento no exime la responsabilidad política ni la responsabilidad penal sobre a quién se designa. No es legítimo ni prudente nombrar a quien aparece en informes de inteligencia financiera con nexos mafiosos. Eso no es solo negligencia: es una omisión dolosa.
Llinás también admite haber mantenido contacto directo con Presidencia para informar sobre los nombramientos. Es decir, no actuó solo. Esto eleva el escándalo al corazón del poder ejecutivo y obliga a preguntarse quién recomendó a los funcionarios investigados, quién se benefició de su presencia y por qué, pese a las advertencias, se mantuvieron en cargos clave.
Finalmente, minimizar el papel de la UIAF bajo el argumento de que “no investiga penalmente” es jurídicamente insostenible. Aunque no formule imputaciones, sus reportes son insumos oficiales de inteligencia financiera, amparados por normativa nacional e internacional, que alimentan investigaciones penales y deben ser suficientes para activar bloqueos institucionales, prevenir nombramientos y proteger la estructura del Estado. La UIAF, como sistema de alerta temprana, no puede ser ignorada sin consecuencias. Hacerlo, especialmente en contextos de designaciones críticas, puede constituir prevaricato por omisión.
Hoy no basta con indignarse por los nombramientos a dedo. Lo que está en juego es más profundo: una captura institucional desde adentro, una lógica de poder concentrado que anula la vigilancia, instrumentaliza la inteligencia financiera y borra las fronteras entre lo técnico y lo político. No estamos ante errores. Estamos ante diseño.” (Julio 27)
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* Publicados en su cuenta de X (@carorestrepocan).
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