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José Obdulio Gaviria                                                                                    

(1) “Dolor e indignación

Dolor e indignación, ese es el sentimiento de la nación colombiana.

La juez subió a la peana de las estatuas de los próceres a las “víctimas” Monsalve y Cepeda. A ellos los trató casi que con ternura, y condenó al Gran colombiano, al que combatió a esa criminalidad que el primer “testigo” encarna y que el segundo representa en los escenarios políticos (ver los Archivos Reyes y la iconografía Cepeda, Iván Márquez, Santrich).

Uribe, el líder inquebrantable de la defensa de la seguridad, la democracia y la libertad, es la víctima del lawfare propuesto por los enemigos de la seguridad, la democracia y la libertad.

El agravio no es solo contra un líder inocente; es un ataque directo al corazón de nuestra nación y sus instituciones.

La justicia, que debe ser un pilar de verdad y equidad, ha sido instrumentalizada para perseguir al líder de la oposición al actual régimen.

La sentencia vulneró el principio sagrado del “in dubio pro-reo”. Una condena legítima debió descansar en evidencia indubitable, no en conjeturas ni animadversiones políticas.

Este proceso adelantado por Cepeda, Monsalve, Timochenko y demás compañía, ha sido una maquinación para marginar al presidente Uribe de la conducción política, para silenciar su liderazgo.

Este precedente de lawfare no prosperará en los tribunales. La persecución judicial urdida por esas “víctimas” es un intento de reescribir la historia y deslegitimar los logros de un gobierno que rescató al país del abismo del terrorismo y la inseguridad. Pero, al final, la justicia colombiana no se doblegará ante los intereses políticos que hoy gobiernan en buena parte del continente.

Los tribunales restablecerán la presunción de inocencia de Uribe y reconocerán su integridad. Respaldemos irrestrictamente al líder que ha dado todo por Colombia.

La justicia no es un instrumento de venganza, sino un garante de la verdad.

¡Uribe es inocente!” (Julio 29)

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(2) “Plena Prueba, in dubio pro-reo y duda razonable

La mayoría de los colombianos defendemos una premisa fundamental: la justicia no se construye sobre prejuicios, emociones o animadversiones personales, sino sobre pruebas concretas y el respeto irrestricto al principio de presunción de inocencia.

Es innegable que la jueza del caso de @AlvaroUribeVel. mostró actitudes que denotaron una animosidad personal hacia él. Sin embargo, eso nada tiene que ver con la decisión que tomará en su sentencia. Una sentencia condenatoria no es un reflejo de caprichos, sentimientos, afinidades políticas o antipatías. No. Es un pronunciamiento basado exclusivamente en la existencia de pruebas plenas, indubitables, que superen cualquier duda razonable.

El principio de in dubio pro-reo es claro: si hay dudas, estas deben resolverse a favor del procesado. En este caso, no solo no se ha presentado una prueba que demuestre la comisión de delitos por parte de Uribe, sino que la defensa, junto con el propio expresidente, ha desmontado con argumentos sólidos las acusaciones en su contra, evidenciando su carácter infundado. Podemos afirmar con contundencia que Uribe no solo ha defendido su inocencia, sino que ha ido mucho más allá, la ha demostrado.

La justicia debe prevalecer sobre cualquier percepción subjetiva y la sentencia tendrá que reflejar esta verdad. Porque para que una sentencia condenatoria sea válida, debe basarse en una plena prueba que elimine toda duda razonable sobre la culpabilidad del acusado.” (Julio 25)

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(3) “Decálogo para que la oposición no caiga en la trampa

Un magistral artículo de LOS IRREVERENTES, titulado «Que la oposición no caiga en la trampa» (https://losirreverentes.com/2025/07/que-la-oposicion-no-caiga-en-la-trampa/), es magistral por su amplitud descriptiva de la realidad política colombiana y su profundidad conceptual. Lo propongo para que lo convirtamos en un decálogo orientador para las fuerzas de la oposición.

1. Resistir la polarización orquestada por el gobierno: No caer en la trampa de responder a las provocaciones del oficialismo, pues “Petro necesita un enemigo para mantener viva su narrativa de lucha de clases, y la oposición no debe prestarse para ser ese punching bag”.

Construir una agenda legislativa sólida.

2. Enfocarse en propuestas que aborden los problemas reales del país, ya que “la oposición debe dejar de ser reactiva y convertirse en una fuerza propositiva que ofrezca soluciones viables a los problemas del país”.

3. Evitar debates estériles promovidos por el oficialismo: No desperdiciar energía en discusiones irrelevantes, porque “el gobierno de Petro ha demostrado ser experto en generar cortinas de humo para desviar la atención de sus fracasos”.

4. Fortalecerse como bloque unificado: Las bancadas deben actuar coordinadamente, ya que “la oposición no puede darse el lujo de aparecer dividida frente a un gobierno que busca imponer su agenda a cualquier costo”.

5. Denunciar con pruebas el desgobierno: Criticar con rigor, respaldados por hechos, pues “los escándalos de corrupción, como los manejos turbios del ministro Saade en el sector salud, son una oportunidad para mostrar el verdadero rostro de este gobierno”.

6. Comunicarse directamente con los ciudadanos; vivir un estado de opinión: Usar un lenguaje claro y accesible, porque “la oposición debe hablarle al pueblo con la misma claridad con la que Petro manipula las emociones de las masas”.

7. Evitar caer en ataques personales: Mantener el debate en el terreno de las ideas, ya que “responder a los insultos de Petro o de sus aliados como Saade con más insultos solo debilita la credibilidad de la oposición”.

8. Fiscalizar sin descanso los recursos públicos: Vigilar cada peso del erario, pues “el clientelismo descarado del gobierno, con programas asistencialistas mal diseñados, es una afrenta a la decencia pública”.

9. Ofrecer una visión de país alternativa: Proponer un futuro esperanzador, porque “frente al populismo mesiánico de Petro, la oposición debe ofrecer una narrativa de progreso basado en libertades individuales y responsabilidad fiscal”.

10. No subestimar la estrategia de desprestigio del gobierno: Prepararse para contrarrestar las tácticas oficialistas, ya que “Petro y su círculo, incluyendo a Saade, han demostrado ser maestros en la manipulación mediática para deslegitimar a sus adversarios”.

11. Aprovechar las redes sociales como herramienta estratégica: Comunicar nuestra posturas directamente en plataformas digitales, pues “la oposición no puede depender de los medios tradicionales, muchos de los cuales han sido cooptados por el gobierno”.

12. Actuar con disciplina en el Congreso: Coordinar intervenciones y votaciones, porque “la falta de cohesión en el legislativo ha permitido que el gobierno avance en proyectos nefastos para el país”.

13. Priorizar los temas que afectan a los colombianos: Centrarse en economía, seguridad y empleo, ya que “mientras Petro se pierde en discursos ideológicos, la gente sufre el aumento del costo de vida y la inseguridad”.

14. Buscar aliados en sectores sociales: Construir puentes con fuerzas políticas pues “la oposición debe ampliar su base para contrarrestar el rodillo legislativo del petrismo”.

15. Defender la institucionalidad democrática: Posicionarse como protectores de la democracia, porque “el proyecto autoritario de Petro, con su Constituyente tramposa y su desprecio por las instituciones, amenaza la estabilidad del país”.

Tomado de: https://losirreverentes.com/2025/07/decalogo-para-que-la-oposicion-no-caiga-en-la-trampa/

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(4) “Francia Márquez o el socialismo

Francia Márquez, vicepresidente de Colombia y aliada del presidente Gustavo Petro en el Pacto Histórico o izquierda radical, ha construido su carrera política sobre un discurso que enfatiza tanto las identidades por el color de piel, que parece un panfleto racista. Este enfoque, centrado en las desigualdades históricas entre la mayoría mestiza y las minorías negra, indígena y blanca, exacerba las tensiones sociales de Colombia al querer priorizar divisiones identitarias y demandas de “reparaciones históricas” que perpetúan un apartheid político.

Paradójicamente, sus seguidores más entusiastas se encuentran entre unos muy bien remunerados académicos de universidades públicas y privadas, así como en círculos “progres” de escritores, docentes, artistas, dramaturgos, actores y periodistas. Para ellos, Márquez es una heroína de la justicia social. Sin embargo, su discurso reivindica derechos ya consagrados en la Constitución de 1991, como la protección de minorías étnicas, con un énfasis que resulta anacrónico. Es como si una Juana de Arco del siglo XXI luchara por la independencia de Francia frente a Inglaterra, un conflicto resuelto hace siglos. En este sentido, Márquez parece insistir en batallas ya ganadas, en lugar de abordar desafíos actuales.

1. Un discurso divisivo y racismo inverso

Márquez sostiene que Colombia es un país estructuralmente racista y esclavista, una afirmación que niega avances significativos en inclusión, comenzando por su elección como vicepresidente. En una sociedad que mayoritariamente rechaza la discriminación por color de piel, su narrativa fomenta una victimización selectiva que ignora el reconocimiento que ella misma ha recibido. Por ejemplo, en 2018, Márquez fue galardonada con el Goldman Environmental Prize, otorgado por élites nacionales e internacionales, tanto blancas como afrodes, lo que contradice su discurso de exclusión sistemática. No obstante, persiste en atribuir las críticas a su gestión a motivos racistas, incluso cuando figuras como el excanciller Álvaro Leyva o el exministro Alejandro Gaviria, ambos blancos, han enfrentado un trato igualmente hostil por parte de Petro. El problema radica en la dinámica interna del gobierno, no en su color o género.

2. Una pésima gestión ministerial

Como ministra de Igualdad, un cargo creado específicamente para ella, Márquez mostró una pésima administración. En 2023, funcionarios de su ministerio denunciaron desorden administrativo y falta de liderazgo, con programas sociales ejecutados de manera improvisada. Además, se reportaron contrataciones de personas cercanas sin procesos transparentes, una práctica que recuerda el clientelismo que ella critica. A pesar de contar con millonarios presupuestos, no hay indicadores que demuestren el impacto de su gestión. Márquez responde a críticas legítimas con acusaciones de racismo, clasismo o machismo, cerrando cualquier posibilidad de un debate constructivo sobre su desempeño.

3. Derroche de recursos públicos

La vicepresidente ha incurrido en un uso irresponsable de los recursos públicos. Sus viajes en helicóptero para desplazamientos cortos, como entre Cali y su residencia, generaron indignación nacional. Sus giras internacionales a África y Europa, como la de Kenia en 2023, incluyeron delegaciones numerosas con costos excesivos. Cuando se le cuestionó por estos gastos, Márquez respondió con desdén, con frases como “de malas”, mostrando nula empatía hacia los contribuyentes que financian sus actividades.

4. Contradicciones con el discurso de austeridad

Márquez dice encarnar los valores de austeridad y la lucha contra las élites, pero su comportamiento sugiere una inclinación por disfrutar de privilegios que ella misma condena en otros. Su estilo de vida parece buscar compensar privaciones pasadas a costa del erario, evocando a líderes del socialismo del siglo XXI en Venezuela y Cuba, modelos que admira. Su discurso de lucha de clases, lejos de promover equidad, incentiva polarización y resentimiento, deslegitimando la riqueza generada por el trabajo y abogando por un modelo económico que ha causado miseria en los países que lo han adoptado.

5. Relación con Petro y victimización selectiva

La relación de Márquez con Petro ha sido tensa, pero no es un caso aislado. Petro ha tenido conflictos públicos con ministros, aliados e incluso familiares, como sus hijos y exesposas. Sin embargo, Márquez ha intentado enmarcar sus desencuentros con el presidente como una forma de discriminación racial, ignorando que otros funcionarios, independientemente de su color de piel, han enfrentado tratos similares o peores. Esta victimización selectiva desvía la atención de los problemas estructurales de su gestión.

Francia Márquez, lejos de ser un símbolo de probidad, encarna las contradicciones del Socialismo del Siglo XXI que predica igualdad pero practica el despilfarro y la polarización. Su enfoque en la lucha de clases y su admiración por modelos fallidos como los de Cuba y Venezuela amenazan con profundizar las divisiones en Colombia. En lugar de construir puentes, su discurso y acciones alimentan odios y resentimientos, mientras su gestión carece de la eficiencia y transparencia que el país exige. Colombia debe elegir en 2026 a líderes democráticos capaces de reconstuir a un país al que Petro y Francia Márquez tienen en el caos.”

* Tomados de su cuenta en X (@JOSEOBDULIO) y de Los Irreverentes.

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