Petro, el transparente

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Petro, el transparente

Alfonso Monsalve Solórzano                                                                                                                     

Petro, en su doble condición de ser, simultáneamente, jefe de gobierno y jefe de la oposición al estado de derecho, tiene las elecciones como su objetivo para asegurar su permanencia en el poder

En esta perspectiva, la salvación de nuestra democracia liberal pasa por la realización de unas elecciones libres, plurales, democráticas y ajustadas a nuestra constitución y a las leyes. Para hacerlo, hay que identificar las amenazas principales para desarrollar las estrategias necesarias para superarlas con éxito.

Yo me atrevería a sugerir que hay que identificar cómo procedería Petro: lo haría,  ya sea aplazando las elecciones del año entrante, con la justificación de que no garantizan un proceso electoral democrático, ya sea mediante la apropiación del sistema electoral para hacer unos comicios a su medida; y, en último caso, a posteriori, si fracasan las dos anteriores, desconocer el resultado, como hizo con el triunfo de Duque en el 2018, en caso de que su derrota sea tan apabullante que no pueda ser ocultada ni siquiera con un fraude suyo, para montar un escenario de desestabilización a gran escala -con el apoyo de su primera línea y los GAOS originarios de la guerrilla y las autodefensas-, para crear tal ingobernabilidad que termine por derrocar al presidente elegido.

Como estrategia usa la amenaza y la incitación a la violencia contra la oposición mediante el terror, utilizando su grupo paramilitar llamado la primera línea o creando las condiciones para que los GAOs ejerzan violencia selectiva contra la oposición. El caso del senador Miguel Uribe es paradigmático: no lo protegió la UNP, lo que le abrió el camino, todo pareciera indicar, para que la llamada Segunda Marquetalia, socio de la llamada paz total, ordenara su asesinato por sus posiciones frente a la seguridad y el narcotráfico.

El expresidente Uribe, director del Centro Democrático, expresa en un trino que “los principales riesgos electorales que tiene Colombia son la presión de los grupos violentos, crecidos y legitimados desde Santos y ahora por Petro. El Centro Democrático y yo hemos padecido esas presiones en todo momento y en elecciones: Un segundo riesgo electoral es el desembolso de subsidios electorales por parte del Gobierno en vísperas electorales y la compra de votos. ¿Qué nos toca hacer? Trabajar intensamente para ganar las elecciones del año entrante. Tener mayorías del Congreso y desalojar la perniciosa orientación de las mañas neo-marxistas que están acabando con este país”. (No podemos olvidar, agrego, que los recursos con los que comprarán votos y fidelizarán electores se originan en los dineros que quitan a la salud y la defensa nacional)

El diseño de una estrategia que sea eficaz para minimizar esos riesgos es un asunto que deben diseñar y exigir al gobierno que las aplique. En mi artículo pasado hice algunas sugerencias.

Paralelamente, más allá de lo dicho por el expresidente, hay que analizar la estrategia comunicativa de Petro, que busca desacreditar el sistema electoral, tildándolo de falto de transparencia.  Todo el lío de los pasaportes con Thomas Greg, asociándolo con la Registraduría y la desconfianza de las elecciones por su contratación con aquella para la logística electoral del 2026, están estrechamente ligados.

Y como siempre, el falto de transparencia es él, que ha recurrido a las mentiras, el engaño, el ocultamiento de hechos que no le convienen (porque durante las elecciones en que ha participado, Thomas Greg & Sons ha sido proveedora de logística) y falacias. Es importante que le gente entienda de qué va el asunto para que se haga una opinión política informada, que conduzca a un verdadero voto en consciencia y autónomo, y por eso, es importante desmontar una y otras (a pesar de que un par de amigos piensen que la argumentación no sirve mucho, menos cuando se aplica a “minucias”).

Petro alega que Thomas Greg & Sons es propietario del software que se usará en las elecciones para conocer los resultados electorales. No es cierto; ese programa informático no es de esa empresa, sino que es propiedad de la Registraduría y el Consejo Nacional Electoral.

Tampoco es cierto que mediante el kit electoral se pueda manipular los resultados: los formularios de las mesas son contados por los jurados de votación y los testigos electorales de los partidos y  las actas son subidas a la red, con acceso de quien lo desee, los escrutinios son auditados por las comisiones escrutadoras (locales, municipales o departamentales, según el caso), e incorporan los resultados al software en tiempo real; los partidos pueden auditar el software y luego existen los controles nacionales en los que los partidos tiene presencia; y, finalmente, en caso de persistir dudas en casos puntuales, los jueces intervienen. (ver: https://www.semana.com/politica/articulo/asi-se-cuentan-los-votos-en-colombia-exregistradores-desmienten-falacias-sobre-el-escrutinio-es-imposible-hacer-fraude/202530/ .

En cambio, uno de los riesgos que podría tener el sistema no procede de la oposición sino de Petro:  muchos de los jurados de votación provienen de FECODE, sindicato petrista, algunos de cuyos miembros podrían introducir votos o eliminarlos, si no hay jurados de otras tendencias y suficientes testigos electorales de los partidos de oposición e independientes. Hay que proteger los votos y, una manera de hacerlo es aprendiendo de los venezolanos partidarios de Corina Machado y Edmundo González, quienes demostraron su triunfo subiendo a la red las actas de votación de las mesas electorales.

En cualquier caso, la estrategia principal es la unión de los partidos de oposición para que diseñen y pongan en práctica los mecanismos que garanticen una elecciones libres y democráticas. Y ya están dando los primeros pasos: algunos están diseñando mecanismos para seleccionar un candidato único. Ojalá el Centro Democrático participe -la recuperación o no de Miguel Uribe es un punto decisivo para presentar una candidatura-, y que el CD no sea excluido por los otros, como ocurrió en las elecciones presidenciales pasadas. Por no hacerlo estamos perdiendo nuestra democracia; si no lo hacemos en las próximas elecciones, la perderemos del todo.

También es alentador que los partidos de oposición e independientes estén deslegitimando la comisión de garantías del gobierno petrista, porque no le corresponde al gobierno hacerlo y porque todos saben que es una iniciativa tramposa.

La exigencia, arriba mencionada de garantías de seguridad para los candidatos presidenciales y al congreso, provenientes de la oposición, debería estar en la agenda de esos partidos.

El apoyo de la sociedad civil a estas iniciativas será esencial para la defensa de nuestra democracia. Y creo que los acontecimientos del país marchan en esa dirección: el apoyo masivo a Miguel Uribe expresado en la expresión FUERZA MIGUEL y la inmensa manifestación nacional en rechazo a la violencia política que siguió al atentado, son expresiones altamente democráticas y contra la violencia selectiva. Los pronunciamientos permanentes de los gremios frente a asuntos como la regla fiscal, entre otros, y la de las asociaciones de pacientes y de médicos frente a la destrucción del sistema de salud y los exabruptos petristas contra los médicos, son un paso en la dirección correcta, para solo citar unos ejemplos.

POSTSCRIPTUM

Una gran verdad salió a la luz: Las FARC reclutaron, como política de organización, a más de 18.000 niños y sometían a los menores a abusos, incluyendo el aborto involuntario. Hoy sus sucesores, junto con los otros GAOs persisten en esta terrible violación al DIH. Es una tragedia que informa que tenemos un conflicto impuesto por gente que, para aprovecharse del narcotráfico y la minería ilegal, no pueden sino apelar a los niños. Terrible y abominable.

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