Las dos crisis

Las dos crisis

Alfonso Monsalve Solórzano

El país, como lo han señalado muchos analistas, está inmenso en un conjunto de circunstancias extremas, causadas por el gobierno de Petro. Como nunca antes en la historia de Colombia, el país sufre las dificultades que provienen de la intención manifiesta de destruir lo que funciona dentro del marco de la economía de mercado y su correspondiente estado de derecho, conjugada con la incapacidad mental, moral y política de un presidente.

Ahora bien, los peligros se agudizan a medida que se acercan las elecciones parlamentarias y presidenciales y Petro ve cómo su proyecto de perpetuarse en el poder se desinfla. En ese escenario, arrecian sus estrategias y métodos para generar caos social y terror ciudadano con el fin de someter a los colombianos a base de retórica y fuego.

Existe una crisis de seguridad que se agudiza, resultado de su política de paz total, cuya base es su alianza con los grupos armados organizados y, su variante, la paz urbana, con las bandas de delincuentes de las ciudades, denominada paz urbana. Veamos:

 La alianza establecida con los GAOs alimentados por el narcotráfico durante su gobierno ha llevado, mediante su política de Paz Total, a convertirlos en los propietarios del emporio criminal que contaba, en 2023 según las estimaciones de la ONU, con más de 257.000 hectáreas de coca y había producido 2.600 toneladas de cocaína, mientras que para el 2024 se calculan entre 280.000 y 300.000 hectáreas y casi 3000 toneladas del alcaloide.  Para entender la magnitud del asunto, Colombia produce el 67% de la hoja de coca del mundo.  A esto se suma que controlan la minería ilegal. Como resultado de esos dos elementos los GAOs tienen presencia en más de 790 municipios y han consolidado territorios en Cauca, Sur del Valle (hasta amenazar Cali), Chocó, Nordeste y Bajo Cauca antioqueños, sur de Bolívar, Norte de Santander, entre otros, y ahora están regresando al Guaviare.  “Hoy Colombia tiene 16.767 hombres en armas ilegales. Tenemos tantos hombres en armas ilegales como antes del Acuerdo de La Habana. Este gobierno ha aumentado el número de hombres en 3.587, superando los periodos de Santos II y el de Duque”. (https://www.infobae.com/colombia/2024/03/13/paloma-valencia-aseguro-que-con-petro-se-han-incrementado-exponencialmente-los-hombres-alzados-en-armas-volvimos-al-2014/). En cambio, hoy el Ejército cuenta con 70.000 hombres menos y un recorte de 152.000 millones de pesos.

A esta menaza agrega el destape de su “paz urbana”, la negociación con delincuentes de las bandas urbanas que controlan el microtráfico, el sicariato, la extorsión, etc., y ejercen control territorial en numerosos barrios de las ciudades. Tienen alianzas con los GAOs y con muchos políticos. Estas bandas  hacen presencia en ellas desde hace muchos años y, en ocasiones, han hecho acuerdos con autoridades locales a cambio de disminuir los delitos como el homicidio y su presión a los ciudadanos, y su influencia ha sido tal que incluso llegó a hablarse de donbernabilidad cuando alias Don Berna ordenó en Medellín, cuando se desmovilizaba su bloque paramilitar  por allá en el 2003 – 2004,  que las bandas solo cometieran crímenes violentos si este, también jefe de la Oficina de Envigado lo autorizaba, lo que bajó drásticamente la tasa de muertes violentas en la ciudad.

Pero lo sucedido el pasado fin de semana en Medellín fue atroz: presentó en la tarima a jefes de bandas en prisión, en una ciudad que ha sufrido como la que más el azote de esos grupos y en la que el alcalde ha sido uno de sus más connotados contradictores y ha perseguido para llevar ante la ley a los mafiosos de eso combos. Todo esto, sin que hubiese una desmovilización o una ley lo amparara o existiese un acuerdo avalado por las autoridades competentes. Con el agravante de que no son “ciudadanos en rehabilitación”, sino que siguen delinquiendo desde la cárcel donde controlan sus imperios criminales. Semejante exhibición hay que leerla como lo que es: una amenaza a la ciudadanía de una urbe que le hace oposición a Petro; una advertencia de que las elecciones, si se hacen, estarán bajo el sometimiento de sectores de la población y el miedo. Constreñimiento total a la oposición.

Capítulo aparte merece el intento de asesinato del senador Miguel Uribe y su amago de sacarlo de la carrera a la presidencia por parte de unos sindicatos petristas ¡del ministerio de defensa!

Todo indica que los GAOs y, probablemente sus aliados urbanos han decidido intervenir radicalmente el curso de las elecciones mediante el terror asesinando a aquellos que se les oponen. Miguel Uribe es un senador que ha hablado fuerte y claro sobre el narcotráfico y sobre la necesidad de retomar la política de seguridad en Colombia. La gente cree que los trinos de Petro contra Uribe Turbay son la causa del intento de homicidio. No. Esos trinos han servido para buscar desprestigiarlo y, tal vez, crear las condiciones para justificar el uso de la violencia contra él, pero detrás de esa acción hay unos determinadores siniestros que lo han identificado como blanco porque saben que, en caso de ser candidato a la presidencia, podría ganar con el discurso de la seguridad, que implica derrotar a los narcotraficantes, que es el discurso del Centro Democrático y del presidente Uribe.  Pero, en general, es un mensaje a cualquiera que se oponga a los GAOs y a las bandas urbanas. En caso de que esa estrategia logre su propósito, es el fin de un proceso de elecciones libres.

Asegurar que haya un proceso electoral libre, en el que todos los sectores políticos puedan expresarse, competir y, si los ciudadanos lo deciden, ganar, es el mayor desafío que tenemos. Hay que garantizar la seguridad de todos los candidatos de la oposición y esto es imposible con una unidad nacional de protección en manos del petrismo afín a quienes los quieren eliminar.  Una opción que se me ocurre es que los esquemas de protección sean escogidos por los candidatos que lo deseen, con la infraestructura de seguridad que se requiera, que estén y pagados por el estado en tanto funcionarios públicos provisionales. Esto, además de encontrar formas eficaces de hacer proselitismo reduciendo la exposición en espacios abiertos.

Pero, más allá de la mecánica de protección, es necesario que la oposición pueda manifestarse con estrategias, pronunciamientos, acción y coordinación políticas. Y creo que la oposición colombiana no está dando la talla en esos aspectos. En eso consiste la segunda crisis. Una condición para superarla es que los partidos sean fuertes, articulados y oportunos en su accionar frente a lo que el presente nos depara porque sin una acertada conducción política nuestra democracia terminará enterrada.

Especialmente, echo en falta que un partido como el Centro Democrático no asuma con decisión y fortaleza el rol que le corresponde. Me da la impresión de que carece de dirección política y los parlamentarios y, especialmente los precandidatos están callados o actúan tímidamente ante la avalancha de acontecimientos que merecen atención y respuesta. Nada contundente sobre la corrupción del régimen, nada contundente sobre su violencia verbal; nada contundente sobre la salud mental de Petro; nada contundente sobre el decretazo; nada contundente sobre las reformas; nada contundente sobre la famosa constituyente, nada contundente sobre el episodio de la “paz urbana” en Medellín o los ataques de los GAOs en el territorio nacional. Los precandidatos y el CD han estado encerrados en una burbuja “construyendo un programa” por meses cuando la realidad dicta las prioridades y, lo más triste, nada contundente sobre el atentado a Miguel Uribe, su compañero. Nada de nada.

Entiendo que el Centro Democrático es el partido de Uribe y que su orientación es decisiva. Pero el país sabe la presión que un juicio injusto, un verdadero montaje del Pacto Histórico y sus operadores judiciales afines, ha ejercido sobre él. Su fortaleza lo ha mantenido en pie y es altamente probable que su calvario personal, que también lo es de todos por lo que representa, está pronto a finalizar con su absolución, pedida ya por la Procuraduría.

Pero aún ese escenario, es necesario ayudar a aminorar la carga del partido a Uribe para que aquel sea funcional y oportuno, para que, con el liderazgo del expresidente asuma las responsabilidades históricas que le corresponden.  

Hay que preparar un escenario en el caso de que Miguel Uribe Turbay pueda competir en las elecciones como candidato, algo que se ha ganado a fuerza de valor infinito. Y otro, en caso de que, tristemente, esta opción no sea posible, barajando completamente el método actual de escogencia del candidato a la presidencia, que ahora sólo es del resorte de los aspirantes, para abrirlo a otros militantes y personalidades destacadas próximas al pensamiento del CD.

Hay que escoger las listas para cámara y senado.

Hay que involucrar a los militantes del partido en su dirección, para lo que algunos amigos han propuesto crear algo así como un Comité de Crisis declarado en asamblea permanente, compuesto por militantes destacados que asesoren a la dirección estatutaria para enfrentar los próximos meses, o citar con urgencia una convención para redefinir la marcha de la colectividad.

Hay que hacer lo que sea necesario para el CD retome la ruta que conduzca al país al fin del petrismo

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