
Alfonso Monsalve Solórzano
El pulso por el país continúa, pero las opciones de solución a la crisis política que vivimos se han venido aclarando, ya estamos llegando a un punto de no retorno pues tres fuerzas esenciales en una sociedad democrática han comenzado a reaccionar al unísono para enfrentar el intento de dictadura que Petro: los partidos y grupos políticos de oposición e independientes; las instituciones judiciales y de control y la sociedad civil.
Una conjunción de tres elementos lo han hecho posible. Estos tres sectores percibieron, más allá de toda duda, que el intento golpe de estado desde la presidencia no era ni un chisme, ni una exageración, sino una realidad de a puño. Que la cabeza de ese complot es un individuo que odia la democracia liberal y a sectores enteros de la población, con el agravante insuperable de que está consumido por los vicios, y que por lo tanto, no está en condiciones de tomar ninguna decisión razonable. Se trata de un peligro extremo, porque no sólo nos llevaría a una dictadura, sino a una dictadura de un enfermo mental. Un verdadero salto al vacío.
Le ha costado al país tres años llegar a esta certeza, tiempo en el que Petro y su corte han tenido la iniciativa política, mientras la oposición ha sido reactiva, las cortes golpeadas y la ciudadanía, estoica, sufriendo la pérdida progresiva de sus derechos y del bienestar que han alcanzado, a nombre de un gobierno que dice defenderla.
La idea de que, en realidad no pasaba nada, de que el presidente no tenía con qué, de que el tiempo lo solucionaría todo, comenzó a hacer agua cuando éste amenazó con cerrar el congreso induciéndolo a inmolarse, ordenándole que se autosustituyera por un régimen plebiscitario cuyo primer acto sería una consulta popular espuria que impondría la reforma laboral con un contenido impuesto. Dicha reforma fue negada en la plenaria del senado, que ordenó revivir el trámite con una propuesta concertada, en la comisión cuarta, que fue aprobada e hizo tránsito a la plenaria de esa corporación. Para apalancar el golpe, reprimió a la ciudadanía con sus secuaces de la oligarquía sindical y los vividores que usurpan la representación de las minorías étnicas, utilizando las fuerzas paragubernamentales conformadas por todo tipo de milicias y la primera línea, quienes revivieron los horrores de los bloqueos, las amenazas, la violencia física.
Con lo que no contaba Petro y sus secuaces es que los colombianos estábamos hartos y se sacudieron el yugo del miedo y la indiferencia. Como todo mundo sabe, la protesta fue un gigantesco fracaso. Petro, entonces, amenazó con convocar la consulta por decreto, intentando, otra, por esta vía, dar un golpe de estado al congreso, no ya exigiéndole que se inmolara, sino desconociéndolo abiertamente, y convocó a nuevas movilizaciones de sus paragubernamentales.
El punto es que Petro se está enfrentando al escenario de ver cómo su proyecto autoritario y populista se derrumba como un castillo que resultó ser de arena. Pero, como dije hace una semana, sus aviesas intenciones no se derrotarán solas. Hasta hace poco, Petro había tenido la iniciativa política, pero el fracaso de la movilización pasada ha abierto, por primera vez, la posibilidad de que la oposición y de todos aquellos que defienden la democracia liberal que tenemos, se la arrebaten. Pero, esto no sucederá por la gracia de Dios. Hay que, por decirlo con una metáfora, sacudir el árbol cuando los frutos estén maduros. Y el hecho es que lo están: todo indica que los colombianos ratificarán su rechazo a la dictadura.
Al país democrático le ha costado casi tres años encontrar una coyuntura que le permita pasar a la ofensiva política frente al gobierno petrista. Para hacerlo eficazmente, se requiere de la más amplia unidad, en la que quepan todos, independientemente del motivo que tengan, en la defensa del estado de derecho y rechazo a la dictadura. Y ya se están dando los primeros pasos: la declaración de ochos formaciones políticas defendiendo nuestra democracia; pero, adicionalmente, y no son hechos menores, los pronunciamientos que comienzan a hacer la sociedad civil, incluyendo gremios y universidades, y los provenientes de las altas cortes y los organismos de control, entre los que se destacan el aval que le dio el Consejo de Estado a la legalidad de la negativa de la reforma pensional en el senado, los pronunciamientos del presidente de la Corte Constitucional defendiendo la independencia de poderes y la posición en el mismo sentido de la procuraduría, que negó que hubo fraude en la votación de la Plenaria.
Pero los frutos del árbol no se caen sólo con pronunciamientos. Petro continúa impulsando la consulta y promoviendo movilizaciones. Incluso, miente diciendo que una tutela ordenó repetir la votación de la consulta. Lo hará todo para salirse con la suya, o, si no, para mantener al país ocupado en esta discusión para ocultar sus fracasos y adelantar su campaña.
Por eso, hay que ponerle un punto final a esa historia. Y para ello, se necesitan una acción política contundente, una demostración de fuerza tanto en el corto como en el largo plazo y ello requiere coordinación.
En el corto plazo, el país quiere saber cuál es la posición de la Registraduría ante la petición que le hicieron en la carta de los ocho partidos sobre la consulta. Por otro lado, ya se están coordinando algunas movilizaciones, pero no hay una verdadera conexión y así no funcionan bien las cosas. Se requiere unificar las consignas, planear las acciones en el tiempo y sus respectivas evaluaciones para retroalimentar la protesta ciudadana y asegurar la concurrencia del mayor número de sectores en los eventos que se determinen. Podría haber, por ejemplo, una coordinadora entre los sectores políticos y la sociedad civil, para que haga ese trabajo. Ninguna medida de resistencia civil en el marco de la constitución debería ser desechada, teniendo en cuenta el desenvolvimiento del posible movimiento, incluyendo, la huelga general y el no pago de impuestos.
En el largo plazo, consolidar esa alianza que surja para obligar a que haya elecciones transparentes y pluralistas y llegar con un candidato único a esos comicios del año entrante y ganarlas, ojalá, en la primera vuelta. Quienes participarán de ella, dependerá de su comportamiento político: si participaron activamente en el rechazo a Petro y en la defensa del estado de derecho, deberían ser bienvenidos.
Llegó la hora de la verdad. Insisto si no se toma la ofensiva, estamos perdidos. Si la tomamos y actuamos bien y con método, salvaremos nuestro país.
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