Evitemos la toma petrista

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Evitemos la toma petrista

Alfonso Monsalve Solórzano                                                                  

Desde hace más de un año, analistas políticos, entre los que me incluyo, y miembros de la oposición, hemos venido advirtiendo que Petro intenta tomarse, y en ocasiones, lo ha logrado, el poder judicial y los organismos de control para ponerlos al servicio de sus obscuros intereses, que van desde conseguir que entierren las investigaciones por los actos de corrupción cometidos por el presidente y su entorno desde su campaña para llegar al gobierno, y luego, en el ejercicio del mismo; pero, también, para que le den paso en sus absurdas reformas, así como para perpetuarse en el poder, preferentemente en cuerpo propio o, en último caso, a través de un títere.

Esta última afirmación puede parecer exagerada, pero no lo es. De hecho, todo lo que ha venido haciendo tiene como objetivo final controlar el estado al estilo totalitario, es decir, subordinando las demás ramas del poder a su voluntad, como ocurre en China, Venezuela, Cuba y Nicaragua.

El objetivo de Petro ha sido siempre asaltar el poder para quedárselo por siempre. Por su cabeza jamás ha pasado la idea de entregarlo a un contendiente que se lo gane en un proceso electoral transparente y reglado, donde la oposición tenga garantías. Por eso, desde el día mismo de la elección de Duque, con el que perdió estruendosamente, inició una estrategia de violencia para desestabilizar la economía y crear el caos político, buscando crear una situación insurreccional para obligarlo a renunciar, mediante el uso de la violencia sistemática y destructora de la Primera Línea incrustada en las movilizaciones minoritarias disfrazadas de sociales —que ni siquiera pararon en la pandemia— combinada con el accionar de los grupos armados ligados al narcotráfico en el campo. Y, como no pudo defenestrarlo, hizo trampa desde la campaña, como ya ha quedado documentado.

Todo indica que se trataba de una estrategia claramente coordinada por la extrema izquierda continental, ligada al Grupo de Río, pues, como ustedes recordarán, igual ocurrió en Chile, donde las hordas radicales también destruyeron y asaltaron, e igual que en Colombia, pusieron presidente, pero fracasaron en apoderarse del estado cambiando la Constitución. Y también lo intentaron en Ecuador en el 2022, pero fracasaron.

Ahora bien, para mantenerse en el poder ha optado, como por cooptar los organismos de control, la fiscalía y las cortes mediante el recurso de la mermelada, como hizo con el procurador y el contralor y un puesto de magistrado en el Consejo Nacional Electoral, CNE —al cual me referiré nuevo, más abajo— (https://www.semana.com/politica/articulo/petro-superpoderoso-asi-ha-logrado-el-presidente-poner-a-los-suyos-en-los-organos-que-deben-hacerle-contrapeso-la-corte-en-juego/202547/), o la presión extrema, como hizo con la Corte Suprema de Justicia, para imponerle una de sus ternadas en el caso de la Fiscalía, o el insulto y la amenaza constante al Consejo de Estado.

Así las cosas, en este momento hay tres organismos esenciales para sus planes de perpetuarse: el mencionado CNE y la Registraduría, que jugarán un papel crucial en las elecciones, porque, como todo mundo sabe, no basta con ganar los comicios electorales, también hay que hacer valer los resultados, evitando el fraude. El CNE resulta crucial por la vigilancia que efectúa sobre el proceso electoral mismo, para garantizar su transparencia. Y ya la sombra de Petro planea sobre este organismo con el propósito de tomárselo, porque su control le garantizará, no solo meterle la mano a las elecciones, sino porque, como todo el mundo sabe, el actual CNE estaría próximo a decidir sobre el ingreso de recursos ilícitos a la campaña de Petro, lo que significaría un terrible golpe político para este, independientemente de que el proceso haga tránsito o no a la Comisión de Acusaciones de la Cámara, que tendría la facultad de formularle cargos por indignidad política al Senado y, eventualmente, cargos penales ante la Corte Suprema de Justicia.

Pues bien, para evitar que el CNE falle sobre el uso de recursos ilícitos en su campaña, hizo dos maniobras: una, que un magistrado de Cambio Radical, conocido de autos, renunciara a su magistratura para imponer uno afín a él: Álvaro Echeverry, quien “fue viceministro del Interior en la era de Juan Fernando Cristo y fue el encargado de que el Pacto Histórico recuperara 486.000 votos durante las elecciones de 2022. También es cercano al embajador Roy Barreras y al ministro Armando Benedetti. Eso, sin dejar de lado que en sus redes sociales es abiertamente seguidor del presidente y hasta fotos del mandatario y de la vicepresidente en campaña tiene publicadas” (Semana, Ibid).

Con esta jugada, de los 9 que componen ese organismo, 4 son controlados por Petro, y 5 no; pero, se requieren las 2/3 partes, es decir, 6 votos para tomar una decisión. Petro ha enterrado la investigación y controla el CNE.

Y como si fuera poco, la toma petrista de la Corte Constitucional avanza. Si logra hacerlo, cualquier cosa podría pasar con la institucionalidad del país. A la fecha, tiene dos magistrados que ya vienen haciendo la tarea: Vladimir Fernández, exsecretario jurídico de la presidencia, quien tuvo la osadía de pedir medidas cautelares para suspender la investigación contra Petro en el CNE, y Miguel Polo Rosero. Y actualmente el presidente está ternando un tercero de una terna vergonzosa compuesta por candidatos de bolsillo, que incluye al abogado personal de Petro, Héctor Carvajal, con los que completaría tres magistrados petristas de tiempo completo.

Ahora bien, en junio y septiembre serán reemplazados, mediante terna de la Corte Suprema de Justicia, los magistrados Diana Fajardo y José Fernando Reyes. Y hay que tener en cuenta que, en la actual Corte, hay dos magistrados, Natalia Ángel Cobo y Juan Carlos Cortés, quienes en ocasiones han validado posiciones del presidente. Así las cosas, Petro tendría, dese ya, el control de la Corte, al menos, parcialmente. Pero si la Corte Suprema de Justicia se equivoca, le entregaría en bandeja de plata la Corte Constitucional (https://www.semana.com/confidenciales/articulo/gustavo-petro-y-el-control-de-la-corte-constitucional-estas-son-las-cuentas-de-la-mayorias-que-podria-lograr-el-presidente/202530/)). En una combinación letal entre una mayoría del congreso enmermelada y el control de la Corte, no habría proyecto, por contrario a nuestra institucionalidad, que Petro y sus lugartenientes no intentarían: la estructura de nuestro estado de derecho, consultas populares, plebiscitos, la reelección, las declaratorias de estado de excepción y de emergencia que incluirían reformas tributarias disfrazadas para financiar su eventual campaña electoral, el uso arbitrario del espectro electromagnético, y la viabilidad de las próximas elecciones, entre otras.

Debemos ser conscientes de que el tiempo se les está acabando a Petro y su grupo y que en su desesperación intentarán ir por todo, a como dé lugar, como lo demuestra la emergencia económica en el Catatumbo hace un mes, que, por supuesto, no ha funcionado; y como lo prueba su desproporcionada reacción frente al brote de fiebre amarilla, resultado, además, de su descuido en la vigilancia de la salud pública de los colombianos, pues el ministerio de salud tenía noticia de que había surgido en septiembre del año pasado.

Por eso, hay que denunciar y detener estas maniobras. Lo mejor que le podría ocurrir a Colombia es que el senado no nombre a ninguno de los ternados propuestos por Petro para la Corte Constitucional hasta obligar a Petro a postular algún nombre que dé garantías de imparcialidad. Que el congreso no apruebe ninguna de sus propuestas. Y que se respalde a la Corte Suprema de Justicia para que proponga ternas cuyos postulados se comprometan con la independencia de la justicia.

Así mismo, hay que estar vigilantes para que el CNE, con esta nueva composición, cumpla imparcialmente con sus funciones o de lo contrario, demandar sus actos y sus magistrados ante la CSJ; y lo que resulta crucial, evitar la toma de la Registraduría por el petrismo. Para eso se necesita un gran frente político y ciudadano que organice la resistencia política y civil, tomándose las calles, que bloquee las iniciativas petristas descabelladas, impida que cancelen las elecciones, si lo intentan, y garantice su transparencia; y que, además castigue a los congresistas corruptos, a los que hay que identificar en cada acto punible, para que los partidos y grupos de la coalición no los incluyan en las listas.

POSTSCRIPTUM

Afortunadamente, los espacios políticos continentales se le están cerrando a Petro, a pesar de la maniobra de la extrema izquierda continental en el poder, que puso su candidato en la OEA con la misión de apoyar a las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua, maniobra que terminará por desprestigiar y desapoderar a esa organización en la medida en que el actual gobierno de EE. UU. la vea como un estorbo en su camino. De hecho, ve con pánico e ira que sus aliados en América Latina cada vez son menos, pues el proceso electoral en el Ecuador con el triunfo de Noboa es un golpe muy fuerte para él porque implica la derrota total del correísmo, al que apoyaba abiertamente, y lucha frontal de ese país contra las bandas del narcotráfico colombianas que hacen presencia directa o indirecta allí, y que son sus aliadas en la frontera sur.

Esa es una gran noticia para los colombianos, en medio de la difícil situación por la que estamos pasando.

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