Facebook

     SiteLock

Última hora
La vida en serio - Lunes, 19 Febrero 2018 02:44
El ilusionista - Lunes, 19 Febrero 2018 02:44
S.O.S. - Lunes, 19 Febrero 2018 02:44
Despedida sietemesina - Lunes, 19 Febrero 2018 02:44
Santos no tiene quién lo lea - Lunes, 19 Febrero 2018 02:44

Alberto Velásquez Martínez

En medio de encuestas y cábalas electorales se mueve el país. Abundan las especulaciones de los arúspices, más que politólogos, que vaticinan éxitos y derrotas en los diversos partidos, facciones y coaliciones que como supervivencia, sirven de salvavidas para algunos aspirantes presidenciales que ya prematuramente tienen el agua al cuello.

Se perfilan los dos grandes bandos para conquistar las urnas. La coalición llamada de centro derecha y su contraparte, el centro izquierda. Formadas por dirigentes con cauda y mando, por arribistas sin opinión alguna, por supérstites de los que fueron alguna vez las dos grandes colectividades tradicionales de Colombia. En la capacidad de aglutinar, de convencer, de movilizar, estará el éxito. O irremediablemente su derrota. 

El proceso de paz será un arma poderosa para unos y para otros. Como está diseñado, el argumento de defensa del centro izquierda. Con modificaciones –que no con tierra arrasada– predican las mayorías del centro derecha. Nuevamente el ritual electoral, fundamento de la democracia, dependerá en buena parte de quienes la alteraron a través de los fusiles y del monte. 

El Partido Liberal, otrora el de las grandes mayorías nacionales, está sumido en una aguda crisis. Lo mismo el conservatismo. El duopolio del viejo Frente Nacional, es el recuerdo pantagruélico de su pasado. El liberalismo con su candidato, De La Calle, toca puertas para solicitar matrículas en las coaliciones. Estas se le cierran estrepitosamente sobre las narices. Es un partido desdibujado, con un candidato perdido en las ambigüedades.

La colectividad azul tampoco pasa por buen momento. Huérfano, es un espectro que vaga sonámbulo, sin rumbo. Carece de candidato presidencial serio. Se indigestó con tanta mermelada santista. El expresidente Andrés Pastrana considera que se corrompió. Llama corruptos a los miembros de sus jerarquías. Con estos calificativos, ¿alejará la posibilidad de apoyo de los dueños de los feudos clientelistas a la candidatura de Marta Lucía Ramírez? Pastrana prefiere estar solo que mal acompañado. En síntesis, las dos colectividades históricas, errantes y menesterosas por no haber sabido sintonizarse con la modernidad, pierden ahora toda oportunidad de volver a marcar el paso de los triunfos en solitario. Las hegemonías quedan como recuerdo de pasados azarosos. 

El Centro Democrático también tiene serios problemas internos. Miembros de la extrema derecha empotrados en sus filas lanzan improperios, abiertos o solapados, contra su candidato Iván Duque. No comparten sus tesis de avanzada, vacunadas contra sectarismos y oscurantismos. Juegan con candela porque con sus dicterios podrían crear deserciones electorales francamente suicidas.

El 27 de mayo es la primera prueba de fuego. Todo indica que no habrá ganador absoluto. De allí saldrán los dos que dirimirán el pleito el 17 de junio. Hasta ahora, y de acuerdo con algunos arúspices, el centro derecha, si sabe conformarse dejando a un lado tantas vanidades y ataques recriminatorios, podría imponerse. 

En el centro del calor de la contienda, aparece, con más sombras que luces, Santos. Con el sol a las espaldas ya tiene prácticamente construida su propia historia. Esta, con todo rigor lo juzgará, más por el cúmulo de sus errores, que por sus limitados aciertos....

El Colombiano, Medellín, 17 de enero de 2018. 

Publicado en Otras opiniones

Compartir

Opinión

Nuevos videos

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN

Ingrese su dirección de correo electrónico:

Nuestras Redes