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Miguel Ceballos Arévalo                                     

El próximo gobierno de Colombia heredará de la actual canciller, una de las mayores crisis en materia de fronteras en toda nuestra historia.

Después de siete años y cinco meses en el cargo como ministra de relaciones exteriores,   los resultados de la gestión de Maria Ángela Holguín, en lo que tiene que ver con las fronteras de Colombia, dejan muchas preocupaciones y flancos abiertos que tendrá que solucionar el próximo gobierno.

Para nadie es un secreto que el Presidente Santos y su canciller supeditaron  la política exterior de nuestro país a la negociación y firma del acuerdo de paz con las Farc, lo cual desembocó en lo que podríamos llamar la “habanización” de la diplomacia colombiana, por cuenta de la cuál pasaron a un segundo plano dos de los asuntos más delicados que haya enfrentado el país en toda su historia: el litigio con Nicaragua y la crisis fronteriza con  Venezuela.

Han pasado ya cinco años desde cuando la Corte Internacional de Justicia falló en nuestra contra  el litigio con Nicaragua, quitándonos más de 75.000 kilómetros de nuestro mar. Posteriormente el país centroamericano presentó dos nuevas demandas, una por el supuesto incumplimiento del fallo por parte de Colombia, y la otra, buscando extender su plataforma continental hasta llegar a pocas millas náuticas de nuestra costa caribe. Tras una serie de “ires y venires”, inicialmente el gobierno Santos anunció que la única forma de cumplir dicha decisión sería la negociación y firma de un nuevo tratado de límites, idea que por supuesto no tuvo  futuro, especialmente en el contexto de la campaña por la reelección, en cuyo escenario Santos evitó siquiera mencionar el tema, pues resultaría impopular un foto negociando con Daniel Ortega. De otro lado, tampoco podía enfrentarse con el dictador nicaragüense, pues hubiese podido afectar al proceso de paz con las Farc, pues tanto Ortega como los Castro eran  protectores y benefactores de la cúpula de esa guerrilla.

Después de que la Corte de La Haya negara los alegatos presentados por la Cancillería y su equipo de abogados frente a las nuevas dos demandas, el Presidente y su canciller anunciaron al país y al mundo que Colombia no acudiría nunca más ante la Corte de la Haya,  pues consideraba que el Alto Tribunal no daba garantías de imparcialidad. Sin embargo cambió de opinión y regresó  a los litigios mediante la presentación de una contrademanda, que será resuelta cuando este gobierno haya terminado. En conclusión, tanto por no afectar el proceso con las Farc, como por su tardía y errática defensa jurídica, el presidente y su  canciller le dejarán al próximo gobierno el “chicarrón”  del litigio  fronterizo con Nicaragua.

En el tema de Venezuela, privilegiando de nuevo el proceso con las Farc,  por cuenta de la especial protección que brindaba tanto Chávez como Maduro a la cúpula de esa guerrilla, antes, durante y después de la firma de los acuerdos, el gobierno Santos prefirió  cuidar la relación con Caracas, que defender los derechos de los propios colombianos en la frontera, recordamos con dolor de patria cuando en agosto de 2015 Nicolás Maduro expulsó 20 mil colombianos (ver noticia http://caracol.com.co/emisora/2016/08/19/cucuta/1471570844_873498.html ).

Solamente después de la firma del acuerdo del teatro Colón en noviembre de 2016, Santos y su canciller empezaron a cambiar el discurso con respecto Maduro y su dictadura, rasgándose las vestiduras por la inhumana situación que viven nuestros hermanos venezolanos, de la cual, digan lo que digan,  serán corresponsables frente a la historia por haberla consentido y tolerado por tantos años.

Pasará este gobierno sin que se haya hecho un solo esfuerzo por solucionar el diferendo limítrofe con Venezuela en la zona de la Guajira y del Golfo de Coquibacoa. Nada pasó cuando estuvimos a punto de que, por una decisión unilateral de Maduro, se nos impusieran las líneas fronterizas por él trazadas, cuando en junio de 2015 decidió crear unas zonas militares que consideraba parte de su territorio, pero que en realidad pertenecen a Colombia. Después de semejante situación tan delicada, ni siquiera se activó un mecanismo binacional para retomar el camino de una solución diplomática.

Los terribles y condenables ataques con los que esta semana el ELN reinició su guerra contra la sociedad colombiana, se dieron precisamente en la zona de frontera con Venezuela. ¿Dónde estará la canciller, quien hace rato no pasa por el país, para que por favor nos explique cuál será la política fronteriza que su despacho, en coordinación con el ministro de defensa, implementará con el gobierno hostil de Maduro, para que ahora sí respete nuestro territorio y deje de proteger al ELN?

*Ex Viceministro de Justicia. Decano de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda

Semana, Bogotá, 12 de enero de 2018

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