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Vicente Torrijos                                         

“La solución no solo está dentro de Venezuela”

Durante el primer semestre del año pasado, los venezolanos se echaron a protestar en las calles.

Empezaron a ser eliminados, a razón de uno diario, sobrepasando el centenar.

Lejos de avergonzarse, el régimen se solazaba en el poder y persistió sin amilanarse.

Endulzando a los contradictores con un diálogo inútil y liberando a uno que otro prisionero, redujo la presión y dio el salto estratégico hacia la sacrosanta Constituyente.

Gracias a la tímida y complaciente diplomacia efervescente de varios gobiernos del vecindario, el régimen absorbió a buena parte de los opositores y, con toda la razón, se carcajeaba frente a la antedicha diplomacia.

Y se carcajeaba en público porque, justamente, esa diplomacia es la que le permitió, y le sigue permitiendo, reafirmar la alianza con los rusos que, ni cortos ni perezosos, expanden su influencia militar con la esperanza de reproducir en Venezuela el exitoso modelo de intervención implementado en Siria.

O sea, que debidamente instruido por la dictadura cubana, el régimen ha aprendido al dedillo el libreto con que los Castro han logrado permanecer en el poder por más de medio siglo: reprimir, resistir, coquetear;  reprimir, resistir, coquetear.

En tales circunstancias, sin un horizonte claro, y ante semejantes grados de hipocresía, los venezolanos se cansaron de morir en las calles.

Cayeron en el vaivén del incremento descontrolado del salario y el miserable paternalismo esclavizante de la repartición de perniles navideños.

Y aunque parece que ahora, volviendo a la realidad, la población recobra la energía y vuelve a lanzarse a las calles, lo cierto es que ya los mártires no bastan.

Dicho de otro modo, la solución no solo está dentro de Venezuela.  Debe venir también desde afuera.  

Sin intervencionismos, por supuesto, pero con la firme convicción de que es imperioso ejercer el deber de proteger a un pueblo oprimido, perseguido, hambriento y enfermo.

El refugio en Colombia no es suficiente.  Las condolencias tampoco.  Y mucho menos el declaracionismo diplomático.

Ha llegado el momento de conjugar otros verbos frente al despotismo marxista: 

1- Sancionar a los responsables, nunca al ciudadano.  El gobierno de los Estados Unidos ha dado pasos significativos al respecto que limitan las capacidades de la dirigencia chavista, reducen su movilidad internacional y previenen la impunidad a largo plazo;

2- Disuadir a sus auxiliadores, con el fin de que se limite al máximo el intercambio que le permita al régimen vanagloriarse en el poder, armarse, fabricar armamento y expandir su espíritu revolucionario, tal como ha venido haciéndolo en Colombia mediante socios extremistas, y

3- Proteger al pueblo perseguido, dotándole, humanitariamente, de los instrumentos que le permitan sobrevivir dignamente y, lo más importante, controlar su propio destino.

El Nuevo Siglo, Bogotá, 09 de enero de 2018

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