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Rafael Nieto Navia                                       

Standard & Poor’s decidió bajar la  calificación de Colombia de BBB+ a BBB-. Ya la calificadora Fitch Ratings había advertido que el país debería corregir los factores que lo han llevado a un hueco fiscal de alrededor de $30 billones.

¿Qué significa eso? Que la tasa de interés de los bonos de deuda pública -pero también la de los de deuda privada, como los de los bancos- aumentará porque aumenta la desconfianza de los inversionistas. Con ello se encarece el crédito del país que tendrá que destinar más recursos para cubrir su endeudamiento. La deuda actual del Gobierno central alcanza ps$389,6 billones y US$128.239 millones.  

S&P no cree que en el futuro vaya a haber reducción del gasto, especialmente por la mermelada del posconflicto que el Ministro de Hacienda estima en $1,8 billones este año y $2,4 billones el entrante, ni que se puedan aumentar impuestos, todo lo cual hace difícil reducir el déficit. Según la calificadora la reforma fiscal del año pasado, que subió el IVA al 19% y puso este impuesto incluso a alimentos de la canasta familiar como la leche, produjo una disminución de la tasa de crecimiento que estima en 1.4% para este año, lo que significa aumento de la pobreza y el desempleo, y solamente 2.4/2.5 para 2018/19.  Los efectos se extenderán a los años siguientes y “la próxima administración probablemente enfrentará  una difícil situación para  satisfacer la regla fiscal colombiana, cortar el gasto y conseguir nuevos ingresos”.

El Ministro parece ignorar que el problema proviene de esta administración que despilfarró la bonanza petrolera derramando mermelada por doquier, aumentando el gasto y el endeudamiento en  forma astronómica  y generando desempleo. De persistir en el futuro estas políticas será imposible reducir el déficit y cumplir con la regla fiscal.

Entretanto los alegres candidatos de la izquierda castro-chavista prometen rebajar impuestos y Teodora (Piedad Córdoba) hará una campaña basada en la eliminación del Iva.

El país debe ser muy cuidadoso en la elección del próximo presidente. Si no queremos terminar como Venezuela, no le sirven candidatos de izquierda ni de centro-izquierda con políticas populistas.

***

El Gobierno manejó a base de mermelada al Congreso y a las cortes. El fast-track pasó fácilmente y se usó para lo divino y lo humano. Pero, como dice la canción, “todo comienzo tiene su final” y ahora, con el sol a las espaldas, tuvo un revés en el Congreso con el proyecto de las 16 curules de las Farc (el presidente del Senado dijo que en ninguna parte, ni en el Acuerdo del Colón ni en el proyecto del Gobierno, decía que fueran para las víctimas).

El gobierno, acostumbrado durante siete años a trapear con la Constitución acude a la Corte que le dice que no hay ley ni acto legislativo sobre los que pueda pronunciarse porque no fueron aprobados. Acude entonces con tutelas a jueces comunes para cambiar la voluntad soberana del congreso y a un tribunal administrativo para que obligue a cumplir con unas mayorías que sacó del cubilete.

El pueblo también tiene que ser cuidadoso con su elección de parlamentarios. Afortunadamente parece que la gente no quiere más U, ni liberales, ni conservadores enmermelados en el congreso.

***

Coda: el mismo parlamentario del Colectivo Alvear Restrepo que quiere obligar a usar el “todos y todas”, es el que demandó por prevaricato al presidente del Congreso por no haber cambiado la decisión mayoritaria sobre las curules. ¡Qué ridiculez!

El Nuevo Siglo, Bogotá, 19 de diciembre de 2017

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