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Miguel Gómez Martínez                                        

Así lo traten de encubrir por razones electorales, para la mayoría de la izquierda colombiana, latinoamericana y mundial, el modelo de Venezuela es admirable. La idea de que un país nacionalice sus recursos naturales, intervenga los mercados, controle los precios, persiga la inversión extranjera, otorgue subsidios e imponga elevados impuestos a los más pudientes, está en el ADN de todo izquierdista. Si para ello hay que sacrificar las libertades públicas, perseguir a la oposición, estimular el nacionalismo y recurrir a la demagogia, se acepta que son “males menores” necesarios para lograr el fin del socialismo.

Maduro puede ser un bárbaro, con tono de dictador y espíritu de patán pero la izquierda no se atreve a condenarlo. Petro, Cepeda, Clara López, Piedad Córdoba y por supuesto las FARC, son hinchas de Maduro. Es cierto que el chavismo ha sido un financiador abierto y encubierto de todas las izquierdas latinoamericanas e incluso europeas. Jean Luc Mélenchon, el candidato de la izquierda francesa, Pablo Iglesias de Podemos y los independentistas catalanes también piensan que Maduro es un ícono de la libertad y la justicia.

A la izquierda nunca le ha preocupado la coherencia. No les importa que el salario mínimo en Venezuela sea de 1,72 dólares mensuales, la inflación ronde el 2000 por ciento, la tasa de cambio con respecto al dólar haya superado los 100,000 bolívares y el país esté en cesación de pagos. Tampoco les parece grave que la nacionalización haya permitido crear un tinglado de corrupción sin paralelo en la historia de la humanidad, destruido la industria petrolera en el país más rico en crudo del planeta y que Venezuela tenga hoy como principal producto de exportación a su gente que huye del hambre, la miseria y la represión. Nada de esto es relevante mientras el Socialismo del Siglo XXI no desaparezca.

Así como aplauden en Colombia las violaciones santistas de la Constitución en aras de la paz, respaldan el encarcelamiento y persecución de la oposición en el vecino país. Según la izquierda colombiana, los derechos humanos no han sido violados en Venezuela, tampoco hay control de la prensa, el sistema electoral es transparente, la Asamblea Nacional es legítima y los contradictores gozan de garantías. En el vecino país no hay escasez y los que se quejan son los burgueses que han perdido sus privilegios mientras en pueblo apoya a su gran líder Nicolás Maduro. En Venezuela no hay intervención de los cubanos, rusos, chinos, iraníes, coreanos del norte que sólo quieren  desinteresadamente defender este bastión de la lucha contra el imperialismo yanqui.

Mucho le falta a la izquierda colombiana de carácter y madurez para aceptar que lo que ha pasado en Venezuela es un tragedia. Lástima que en Colombia tantos sean todavía hinchas de Maduro.

Kienyke, 05 de diciembre de 2017

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