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Miguel Gómez Martínez                                        

La imagen no es la de una estación del tren como las de las películas. No hay plataforma y las condiciones de seguridad no son las óptimas. Claro, estamos en la mitad de Bogotá y es domingo en la mañana. Con una puntualidad alemana aparece el tren de la Sabana. En esta parte del trayecto su velocidad no supera los 30 kilómetros por hora. Los vagones son viejos pero por dentro han sido  renovados y está limpio. El trayecto va hasta Zipaquirá y luego se regresa de Cajicá. Durante el recorrido todos los medios de transporte lo superan en velocidad. Aunque su velocidad promedio no debe superar los 50 kilómetros por hora, le permite hacer el trayecto entre Cajicá y la calle 116 en una hora, algo imposible de lograr en automóvil en cualquier hora normal de cualquier día laboral. No es un tren bala pero el paseo es una manera simpática de pasar los aburridos domingos bogotanos.

Pero lo que no se entiende es cómo teniendo un corredor ferroviario que iba hasta La Dorada, Chiquinquirá y Sogamoso, hoy no tenemos un servicio de tren que ayude a movilizar a la población. El impresionante desarrollo del norte de la capital podría utilizar un sistema de transporte rápido y eficiente para movilizarse. ¿Cómo es posible que no existan estaciones a lo largo de la ciudad y algunas paradas que el trayecto que le sirvan a la enorme población que hoy está sometida a la tortura de la “Autopista” del Norte? ¿Cómo es posible que hayamos dejado derrumbar el servicio de tren? ¿Cuánto le ha costado al país la movilización por carretera del acero de Paz de Rio y el cemento que viene del oriente de Boyacá? El tren llegaba a Sogamoso, que es una de las puertas de los llanos orientales. Habríamos podido transportar alimentos, ganado y petróleo por tren de manera mucho más eficiente y racional. El tren llegaba al Magdalena y podría haber ayudado a movilizar la carga de la costa norte si no hubiésemos dejado morir el río.

¿Cómo puede ser que hace décadas no hayamos invertido en el tren cambiando el ancho de las vías, cercándolas y haciendo los pasos a niveles necesarios para no obstaculizar el tráfico? Se habla de aprovechar los corredores férreos para los ramales del metro. Algún día puede ser que sea realidad el Regiotram, un tren liviano que conectará la carrera 10ª con Facatativá para descongestionar ese otro calamitoso acceso a Bogotá que es la calle 13.

Todos estos proyectos confirman la necesidad de recuperar ese medio de transporte que dejamos morir. ¿Cómo puede ser?

Kienyke, 27 de noviembre de 2017

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