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Vicente Torrijos                                  

“Posconflicto que no es sino la continuación de la guerra”

Decíamos en la entrega anterior que el pasado 8 de noviembre, durante el lanzamiento que hizo J.V. Kataraín del libro que escribimos con Tom Marks, el Gral. Carlos Ospina, Craig Deare, David González y un servidor, presenté las 12 razones con las que se puede dar respuesta al título del texto: “Farc: ¿Derrota militar y victoria política?”.

Evacuadas ya las siete primeras, la número ocho consiste en que si bien las Farc se precian de haberse convertido en partido político, la verdad es que se sienten con las manos libres para firmar acuerdos con otras organizaciones terroristas como el Eln, verbigracia la Declaración de Montecristi, Ecuador, del pasado 23 de octubre. 

¿Alguien concibe a Cambio Radical o al Centro Democrático estableciendo semejantes formas de coordinación interagencial que, por supuesto, crean, o consolidan, la guerra subsidiaria (‘proxy’, o por encargo)?

Nueve, en el mismo sentido ¿Por qué las Farc tendrían que verse obligadas a entregar todas las armas de que disponen?

Diez, asimismo, ¿por qué entregar todos los bienes y reparar a la infinidad de damnificados que llevan a cuestas, si, al fin y al cabo, tales personas y comunidades terminarán siendo revictimizadas?

Once, además, se sienten legitimadas para apoyar -y- recibir apoyo de Estados gánster, como la Venezuela de Maduro, cuyo régimen revolucionario marxista-leninista ha sido sometido a sucesivas sanciones individualizadas por un gobierno como el de los EU que, dicho sea de paso, sigue y seguirá manteniendo a las Farc en su listado de agrupaciones terroristas.

Y doce, en definitiva, las Farc han conseguido una formidable victoria política sin haber renunciado a su naturaleza esencial gracias a un proceso de negociación que no desembocó en “el fin del conflicto” y que sí ha abierto una fase (la del llamado posconflicto), solo puede entenderse como lo que es: posconflicto conflictivo, con profusión de organizaciones persistentes, disidentes, recurrentes y delincuenciales.

Dicho de otro modo, un posconflicto que no es sino la continuación de la guerra, solo que por otros medios y que, en el fondo, solo deja una lección para las nuevas generaciones.

La lección de que entre más cruel y letal sea cualquier banda violenta puede aspirar en poco tiempo a obtener de un gobierno pusilánime y complaciente los máximos beneficios políticos posibles, siempre bajo aquella perversa lógica del pragmatismo en virtud de la cual... ¡Todo es negociable!

El Nuevo Siglo, Bogotá, 21 de noviembre de 2017

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