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Marta Lucía Ramírez                               

En estos duros momentos que atravesamos, hay que decir con claridad que la lucha de Venezuela y la de Colombia es una sola: Nunca más al populismo destructor que llevó a nuestros vecinos a la quiebra.

Por estos días salió a flote la noticia de que las Farc estarían organizando su estructura política en Venezuela, lo cual para nada es una noticia nueva. Desde hace ya varios años las Farc han utilizado territorio venezolano para refugiarse, esconder sus armas, manejar desde allí el narcotráfico y todo por supuesto con el visto bueno del “gobierno bolivariano”.

Desde que Hugo Chávez era presidente de Venezuela, las Farc encontraron en su gobierno un aliado estratégico que compartía su ideología y servía, además, como eslabón clave en el tráfico de drogas. Tanto Farc como Eln y bacrim han sido pilares del llamado “Cartel de los Soles”, un complejo entramado que involucra altos mandos militares y políticos del oficialismo venezolano.

La oficialización del surgimiento de las Farc como grupo político en Venezuela termina de confirmar el cogobierno del “Socialismo del Siglo XXI” con los grupos guerrilleros y narcotraficantes, lo que les ha significado un alto costo: la destrucción de su democracia.

Muchas personas en Colombia insisten en que nuestro país jamás será como Venezuela y nos acusan de querer causar temor. Sin embargo, solo basta remontarse a la situación de ese país antes de la llegada de Chávez: unas instituciones en estado crítico, una sociedad polarizada, la corrupción en su máxima expresión y un caudillo con la promesa de ser la solución a todos los problemas. No es un panorama muy diferente al que tenemos hoy, con un gobierno que hizo trizas las instituciones y con varios candidatos que se consideran los dueños de la autoridad moral y que gritan desde sus atriles que todos quienes no comparten sus pensamientos son corruptos.

Señalan las Farc que el objetivo de lanzar su plataforma en Venezuela es “desenmascarar a los principales instigadores fascistas que tratan de dividir a dos pueblos, como Colombia y Venezuela, unidos históricamente en la defensa de la paz y el internacionalismo revolucionario”. Así de simple pero peligrosa es su retórica: van tachando de “fascista” o “enemigo de la paz” a todo aquel que no pertenezca a su “bando”, como si no se hubieran dado cuenta que la Guerra Fría ya terminó. Peor aún, que anden envalentonados posando de “defensores de derechos humanos” y “promotores de la libertad” cuando ni siquiera han dicho la verdad, ni han reparado a las víctimas, ni se han arrepentido, todo esto con el patrocinio de un gobierno que no solo les dio impunidad, sino una inmensa cantidad de beneficios inmerecidos.

En Colombia debemos tener el compromiso firme de construir un muro de contención contra ese modelo que destruyó Venezuela y que hoy desde varios sectores quieren imponernos en nuestro país. Necesitamos un gobierno fuerte que nos garantice que se fortalecerán las instituciones y no que proponga destruirlas. Hoy, la lucha de Venezuela y la de Colombia es una sola: Democracia y libertad.

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