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Juan Gómez Martínez                                    

Me he equivocado muchas veces en mi vida, unas en materia leve, otras en materia grave y una en materia gravísima. En materia leve, porque es corregible, el error cometido en mi artículo del jueves anterior en el que hablé de los 37 años de la toma del Palacio de Justicia cuando en realidad eran 32. Error de las matemáticas más elementales, con este comentario corrijo y prometo no volverlo a cometer.

El error, ese sí gravísimo, fue el de haber acompañado a Santos (todavía no había aparecido la señora que lo bautizó Juanpa en la campaña del 2014) en la primera campaña del 2010, cuando nos engañó a todos diciendo públicamente, esa sí verdad, que el gobierno de Uribe era el mejor de toda la historia colombiana pero con la gran mentira de que seguiría con su política de seguridad democrática. Todos caímos y votamos por él, porque creíamos que sería fiel a Colombia y a quien lo defendió de los tiranos vecinos que lo reclamaban para juzgarlo por el bombardeo al campamento de Raúl Reyes y también lo defendió del otro vecino, su posterior nuevo mejor amigo.

Error gravísimo del que estoy arrepentido y sé que no me alcanzarán los años para ver corregido el rumbo funesto por el que Juanpa (como le gusta que le digamos) ha conducido a Colombia. Aumento de los cultivos ilícitos, la corrupción más grande y más generalizada que ha padecido nuestro país, la inseguridad y la violencia apoderadas de Colombia, la economía en su peor momento, los paros y manifestaciones violentas por todo el territorio, los tres poderes públicos con las peores calificaciones en toda su historia, unas relaciones internacionales basadas en mentiras y adornadas con diplomas Honoris Causa.

Hablando de inseguridad, tenemos que lamentar y rechazar lo sucedido a la exministra y candidata Martha Lucía Ramírez. No hay que buscar responsabilidades muy lejos, le retiraron la seguridad que el Ejecutivo tenía la obligación de brindarle. ¿O es que con los otros exministros candidatos se ha hecho lo mismo? ¿Germán Vargas no tiene seguridad del Estado? ¿Timochenco tampoco? ¿Y qué nos dicen de Juan Fernando Cristo, Horacio Serpa, Humberto de la Calle, Jorge Enrique Robledo, Claudia López y tantos otros? Lo que le pasó a Martha Lucía es culpa única de quien mandó a retirar su seguridad que debería responder por ese hecho grave.

Tranquilos que, desde ahora, serán los de las Farc quienes asumirán la seguridad de todos los colombiano y, con especial empeño, de los altos personajes.

Definitivamente tenemos que firmar los tres formularios para aprobar el “Referendo Constitucional Derogatorio”. Uno, “Por el cual se convoca a un referendo y se somete a consideración la derogatoria del Acto Legislativo 01 de 2017 que crea la JEP”. Dos, “Por el cual se convoca a un referendo y se somete a consideración la derogatoria del Acto Legislativo 02 de 2017 que incorpora los Acuerdos de La Habana a la Constitución”. Y tres, “Por el cual se convoca a un referendo y se somete a consideración la derogatoria del Acto Legislativo 03 de 2017 sobre incorporación política de las Farc”.

En las manos de los colombianos de bien está el futuro de Colombia y, el primer paso, firmar.

El Colombiano, Medellín, 16 de noviembre de 2017

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