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André Senik *                                           

¿En el marxismo se hallan ya los gérmenes del totalitarismo? Para el autor, las premisas de los crímenes comunistas están presentes desde el Manifiesto, el cual expuso en particular la dictadura del proletariado.

Hace cien años, día por día, el golpe de Estado perpetrado por Lenin y los bolcheviques en Rusia fue el punto de partida del sistema comunista mundial. Su trágico balance ha sido bien constatado. Con motivo de este centenario, los historiadores y filósofos que se especializan en el comunismo naturalmente se centran en Lenin. Pero, para sacar correctamente la lección de lo que ocurrió, sería desastroso no cuestionar la teoría de Marx, la cual Lenin siempre reivindicó y aplicó fielmente.

¿El comunismo de Marx anunciaba un mundo de justicia y hermandad universal en libertad? ¿O más bien el infierno del comunismo aplicado estaba ya inscrito en el pensamiento de Marx, tanto en sus fines como en sus medios? Para responder a esto no basta sino leer el Manifiesto Comunista (1848), que fue convertido en el texto sagrado de todos los comunistas, fueran éstos leninistas o no.

El Manifiesto pretende ser el poseedor del saber absoluto de la Historia.

Para Marx, las concepciones teóricas de los comunistas no son ideas elaboradas por el espíritu, sino que constituyen la realidad misma. Debido a ese saber absoluto, o sea la teoría de Marx expuesta en el Manifiesto, los comunistas tienen una superioridad teórica y práctica sobre el resto del proletariado. Esa superioridad hace que su partido sea el guía y jefe del proletariado. “En el plano de la práctica, los comunistas son por lo tanto la fracción más resuelta de los partidos obreros de todos los países, la fracción que estimula a todos los demás; en el plano de la teoría, tienen sobre el resto del proletariado la ventaja de una comprensión clara de las condiciones, de la marcha y de los fines generales del movimiento proletario”.

El Manifiesto anuncia que el proletariado está llamado por la historia a ejercer su dominio exclusivo y total sobre la sociedad. Marx siempre afirmó que “la dictadura del proletariado” era el único imperativo categórico de la revolución. Ese es el principio central de su pensamiento político. Claro, para Marx, esa dictadura no estaba llamada a ser un estado permanente. Se supone que ella constituía una “transición hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases” (Carta del 5 de marzo de 1852 a Weydemeyer). El hecho es que la dictadura del Partido Comunista proclamándose el partido del proletariado es la idea de Marx antes de que Lenin la tomara y la realizara.

La palabra dictadura significa que la dominación del proletariado sobre la sociedad será absoluta: no estará limitada por ninguna ley, por ninguna división  de poderes y por ningún contrapoder. El Manifiesto anuncia que el partido-Estado del proletariado ejercerá la totalidad de un poder ilimitado y dirigirá  una lucha a muerte contra sus enemigos. Además, a partir de su ensayo de 1844 sobre La Cuestión Judía, Marx elogió el terror roberpierrista. Y, para el Marx del Manifiesto,  la lucha de clases, la violencia ilimitada contra los enemigos de clase, es necesaria. “Los comunistas no se rebajan a ocultar sus opiniones y planes. Proclaman abiertamente que sus objetivos solo pueden lograrse mediante el derrocamiento violento de todo el orden social pasado. ¡Que las clases dirigente tiemblen ante la idea de una revolución comunista!”.

El Manifiesto anuncia en letras capitales que los comunistas abolirán los derechos del Hombre, pues éstos, dice, son burgueses; la propiedad individual, pues es burguesa; el individuo, pues es burgués como persona privada; la libertad, pues ésta es la del comercio. El derecho, la moral y todas las instituciones, valores e ideas heredadas del pasado, deben ser abolidos. Esta forma de arrasar la cultura anunciada por Marx dejará el campo libre, desde octubre de 1917 en Rusia, a la violencia ilimitada del Estado contra las personas sin derechos. “Es inútil que nos busquen querella si es para aplicar a la abolición de la propiedad burguesa el rasero de sus nociones burguesas de libertad, cultura, derecho, etc.”, leemos en el Manifiesto. “Las ideas de ustedes surgen del régimen burgués de producción y propiedad, del mismo modo que vuestro derecho es sólo la voluntad de vuestra clase erigida en ley, voluntad cuyo contenido está determinado por las condiciones materiales de existencia de vuestra clase”.

La conclusión de Marx extrae de ese análisis justifica que la revolución arrase con el pasado, y ello abre la puerta a todas las revoluciones culturales proletarias: “La revolución comunista es la ruptura más radical con el régimen de propiedad tradicional; no es de extrañar que durante su desarrollo, ella rompa de la manera más radical con las ideas tradicionales”.

Freud, por su parte, había comprendido perfectamente esta corresponsabilidad entre la teoría y la práctica del marxismo. En 1932, en su conferencia Sobre una concepción del mundo (Über eine Weltanschauung), el fundador del psicoanálisis hizo remontar la práctica del bolchevismo de Lenin a la teoría de Marx, e instauró contra ellos un único y mismo proceso. Si no encontramos en el Manifiesto el anuncio detallado de ninguno de los crímenes cometidos en su nombre, encontramos, en cambio, en el epicentro de ese texto, las premisas de esos crímenes y su justificación. Por lo tanto, es legítimo rastrear hasta Marx el terror desatado por Lenin contra aquellos a quienes el Partido designaba como enemigos del proletariado y que fueron fusilados o deportados en masa hacia los campos de concentración. Esos asesinatos fueron, directa y fielmente, inspirados por el pensamiento revolucionario de Marx. Sí, tenemos derecho a imputarle a Marx los crímenes cometidos en su nombre.

*André Senik es profesor de filosofía. Es el autor de Le Manifeste du parti communiste aux yeux de l’histoire (Editions Pierre-Guillaume de Roux, Paris, 2015).

Le Figaro, Paris. (Traducido del francés por Eduardo Mackenzie). 8 de noviembre de 2017

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