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Vicente Torrijos                                     

“No es casual la conexión entre narcotráfico y rebelión para liberarse de sanciones”

La semana pasada, durante el lanzamiento que hizo J.V. Kataraín del libro que escribimos con Tom Marks, el Gral. Carlos Ospina, Craig Deare, David González, exhibí las 12 razones con las que se puede dar respuesta al título del texto: “Farc: ¿Derrota militar y victoria política?”.

Uno: gracias a su prontuario criminal, las Farc se convirtieron en interlocutor político válido del gobierno Santos con la pretensión de refundar el Estado, con lo cual no tuvieron obstáculo al violar la voluntad popular expresada en el plebiscito del 2 de octubre del 2016.

Dos: consiguieron romper la unidad entre las élites democráticas (uribismo/santismo) logrando que el Gobierno les concediera privilegios y estigmatizara a la oposición democrática como “enemiga de la paz”.

Tres: ellas nunca han cambiado su identidad estratégica: continúan siendo una organización revolucionaria marxista-leninista (véanse las “61 Tesis de Abril”) y no hay ni ha habido revolución marxista-leninista que excluya la violencia; ergo, las Farc han sido y seguirán siendo una organización política extremista y violenta.

Cuatro: ellas gozarán gratuitamente de curules en el Congreso (5+5) y podrán hacer (¡están haciendo!) proselitismo sin haber saldado sus cuentas con la justicia. De hecho, semejante situación constituye la máxima afrenta que pueda padecer una democracia.

Cinco: la alternatividad penal de que gozarán convertirá a los criterios de justicia en una caricatura, sin real privación de la libertad y apenas con restricciones que solo servirán para propiciar la revictimización.

Seis: de hecho, el descubrimiento de 25 narcotraficantes en sus listados de beneficiados por la Jurisdicción de Paz es apenas una muestra; y, peor aún, lo que pretenden es que el Congreso apruebe el portillo para gozar de listados abiertos, sine die.

Siete, no es casual que hayan logrado la esperpéntica conexión entre narcotráfico y rebelión para liberarse de sanciones.  

De tal modo, no tienen ni tendrán por qué sentirse obligadas a desmontar las redes ilícitas ni el control de las áreas de cultivo, que las han convertido en la tercera organización radical más acaudalada del globo, aunque tras el retroceso del ‘Estado Islámico’ en Siria e Irak, bien podrían haberse convertido en la segunda.

Continuará.

El Nuevo Siglo, Bogotá, 14 de noviembre de 2017

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