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Darío Ruiz Gómez                                       

Sería el año de 1955 cuando en el antiguo Museo de Zea ubicado en una casa de la Calle Maracaibo visité varias veces una exposición itinerante de Arte Moderno Catalán. Alguna vez en el Madrid de los 60, cuando tuve la ocasión de saludar a Tapies, le conté de  sus cuadros surrealistas   en aquella exposición, un color verdoso, vegetal, de cuadros claramente influenciados por el Surrealismo.

En 1958 descendí en Barcelona del “Américo Vespucci” y mientras esperaba el tren nocturno a Madrid caminé con mi amigo Henry Molina hasta un Museo de Arte catalán: Barcelona era a la vista una ciudad compacta, como esculpida en piedra, el suelo rojizo de los parques, una atmósfera nubosa, surrealista. Un pintor como Joaquín Sunyer  tuvo una notoria influencia en Gómez Jaramillo.

De Barcelona  era  Ramón Vinyes  el sabio catalán quien vivió en Barranquilla y tanta influencia intelectual tuvo en García Márquez.  Mejía Vallejo conocía la obra literaria de un gran pintor como Santiago Rusiñol  y en el colegio motivo de estudio fue  la obra de Mosen Jacinto Verdaguer.

Era la Cataluña universal que dio impulso al joven Picasso a través del magisterio de Gargallo, Nonell, Ramón Casas. Era la universalidad de la República en el exilio a través de una eximia figura como la del violonchelista Pablo Casals. Barcelona fue clave en la definición de una cultura moderna europea. Lo que sorprende y alarma en este independentismo  dirigido  por  verdaderos  casos  psiquiátricos, tal como los define Manuel Hidalgo,  es la tábula rasa que hacen los Junquera, los Puigdemont, las Forcadell de este legado universal.  Savater  los llamó jocosamente “unos niños con gorro de Napoleón y una espadita”.

Pero el daño está hecho y la fractura de la sociedad derramará más y más odio mediante la escenificación continua de una farsa de “muchachos  ricos  que quieren ser más ricos” (Díaz Yanes)  y que juegan a la guerra utilizando una retrógrada clase rural  y una clase media asustada ante lo que ya prevén: la quiebra económica, la huída no solo de capitales  sino también de esos  “patriotas” que ya en las horas difíciles  abandonarán el barco como las ratas. En una conmovedora entrevista el arquitecto Oscar Tusquets  haciendo un llamado al mundo pensante, exclamó: “No nos abandonéis”. Ya que ha sido en estos momentos donde  estos mediocres dirigentes  han terminado por mostrar al mundo entero la dimensión de lo que significa una farsa política de baja estofa, una  ofensa a la inteligencia crítica.

La reacción de los más de 200 catedráticos universitarios, constitucionalistas, intelectuales, grandes periodistas, directores de cine, poetas, empresarios ha sido unánime y ejemplar. Pensadores  como Emilio Llovet, Félix Ovejero, politólogos como Manuel Arias Salgado, Fernando Savater,  escritores como Javier Marías, Juan Marsé, Gabriel Albiac, Arcadi Espada, han dejado presente su repudio a este asalto a la razón. Resaltar que a pesar de las  diferencias ideológicas  con el PP de Rajoy,  a la hora de salvar la democracia recordando que existe una Constitución como límite al aventurerismo político, Sánchez del PSOE y Rivera de Ciudadanos  las dos grandes colectividades políticas  se pusieron al lado del gobierno en el momento de defender la República contra este intento de Golpe de Estado , recurriendo a medidas estrictamente consagradas por la Constitución en defensa de la integridad del territorio plural de España y del Estado de Derecho. P.D. El clamoroso fracaso de la “Huelga General” que debía “paralizar España” demuestra finalmente  el vodevil  de este independentismo.

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