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Carlos Alberto Ramírez C.                                  

¿Puede el Estado, perder la autoridad y ser sometido por una Etnia, grupo racial, político, social,  o religioso? ¿Pueden las minorías, por su especial condición y tratamiento, ser impunes por sus conductas transgresoras del ordenamiento jurídico? ¿Debe arrinconarse el Estado de derecho, al pie de la balanza, permisivo, laxo y cobarde? ¿Puede la jurisdicción indígena, suplantar la jurisdicción ordinaria? ¡En absoluto!

No desconocemos la vulnerabilidad de esta población, pero ello, no les faculta, habilita, o les concede patente, o licencia para cometer delitos, y violentar el ordenamiento jurídico, el cual es norma superior, primando el interés general, cuya espina dorsal es la ley y la autoridad; tal, como lo vienen haciendo, las comunidades indígenas en varias regiones del país, con cierre de vías arterias, necesarias y vitales para el flujo de la economía y el normal tránsito de los ciudadanos, con el empleo de la violencia, traducida en el uso de explosivos, papas bombas, tatucos artesanales, contra la fuerza pública, y lo más grave, secuestrando a varios de sus miembros.

La pedagogía para construir material de guerra, rústico o primario, no menos mortífero y letal, tiene nombre propio, las guerrillas de las FARC, quienes, solapados, cínicos y burlones, infiltran este movimiento; su misión, estar presentes en todas las protestas sociales que se origen en el país, crear caos, anarquía, desorden, descontento, violencia, generar una masacre y culpar al gobierno, víctima de su experimento, de la ignominiosa y ficta paz. El norte está trazado política y dialécticamente, ¡la toma del poder, a como dé lugar! Desde el engaño, la hipocresía, doble moral, fariseísmo, posando de monjes cartujos, hasta esgrimiendo las armas con los falsarios grupos disidentes, la paz no existe, es un monumental engaño, es una estrategia Fariana, logrando placidez y descanso, para rearmarse, hacerse más fuertes, tomar las ciudades, permear todos los gremios y asociaciones, acceder a toda la información necesaria, conveniente y propicia, para continuar con denuedo y esfuerzo su lucha; con partido político y brazo armado, único movimiento del mundo, con esta diabólica y dual característica.

¿Qué mejor que escudarse en protestas justas, desnaturalizándolas, logrando la participación de la mayoría de los inconformes, mediante la amenaza, la coacción o el engaño?, ¿Quién puede controlar la situación? El Estado no tiene moral, pues es cómplice y gestor de esta situación, de manera directa o indirecta, de allí que medroso y con temor, no impone autoridad y orden. “De manera, tenue, lenta e imperceptible avanzamos al desastre socialista”

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