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María Isabel Rueda                                     

El Demonio de Tasmania ya no nos dirá: ‘Estáis violando la Constitución y un acuerdo internacional'.

Fue un acto de habilidad de la Corte Constitucional. Sus magistrados se pusieron de acuerdo por unanimidad para hacer pública la fórmula que encontraron para blindar los acuerdos de paz. ¿Que consiste en qué? En no blindarlos porque no se podía, pero actuar como si lo hubieran hecho, para que los demás les llevemos la idea de que sí lo hicieron, y todos felices.

El Acuerdo del Colón no hace parte de la Constitución ni es un acuerdo internacional, como trató de manipular el Gobierno por meses. Era imposible introducir en la Constitución una fórmula para que ella se prohibiera a sí misma contrariar durante tres gobiernos lo acordado en el Colón, por lo cual se sobre-entendía que al cuarto gobierno, año 30, ahí sí se podría demoler todo.

Es decir, hoy los acuerdos sí pueden ser modificados, pero sin hacerlos trizas. Deberán respetarse por la autoridad que les confiere ser fruto de un alto compromiso político de Estado, y no solo del Presidente, como este pretendía, sino, además, de la Corte y del Congreso. ¿Respetados cómo? Que las normas que los implementen en virtud del desarrollo normativo que tales acuerdos políticos requieren, o sus correctivos, se redacten y tramiten de buena fe encaminadas en la medida de lo posible a construir sobre lo acordado. 

Con esta decisión salomónica, la Corte nos salvó del absurdo de embutir en la Constitución este acuerdo político de 297 páginas, que carece de todo valor normativo ‘per se’. Pero para los próximos gobiernos deberá servir como referencia a medida que avancen las normas que los implementan sin que exista la menor posibilidad de que el Demonio de Tasmania, abogado Santiago, salte en adelante a los medios a decir: “Os recuerdo que estáis violando la Constitución y un acuerdo internacional”. Porque nada de eso es. 

Luego de que este gobierno termine de amenazar a los congresistas con quitarles los puestos y logre sacar la implementación de los acuerdos, los siguientes gobiernos solo tendrán una herramienta que blinde verdaderamente el respeto por lo acordado: la convicción de los colombianos. Esa que le habla interiormente al oído al ciudadano y le dice: esto conviene. Esto está mejor así que como estaba antes. Que es exactamente lo que no ha podido hacer Santos con el 70 % de los colombianos.

Pero como confiaban en el tal blindaje de imposible existencia, ni siquiera las Farc se esfuerzan por convencer. 
Prueba de ello fue la presencia de ‘Santrich’ y su ruana Al Fatah en el Congreso la semana pasada, cuando por medio de acto legislativo está absolutamente definido que los voceros de las Farc en el Congreso serán los del grupo Voces de Paz, escogidos precisamente en su carácter de no guerrilleros. ‘Santrich’ se presentó al Congreso a incendiar la democracia, no a participar en ella. Él fue negociador del acuerdo en La Habana y ahora no puede estar, como juez y parte, redactando su implementación en el Congreso. Y acrecienta el absurdo de que unas personas que han cometido los peores delitos de la humanidad se muevan en la cuna de la democracia antes de haberle dado una sola explicación de sus actos horrendos a la justicia. 

Cuando todavía se podía evitar, muchos advertimos sobre lo absurdo que presenciaremos cuando estos tipos ya estén elegidos congresistas, gobernadores, alcaldes, y tengan que combinar el ejercicio de su cargo por la mañana con el deber de acudir por las tardes ante la JEP para que los juzguen por genocidio, homicidio, tortura, narcotráfico, y por las noches someterse a restricciones de libertad. No nos hicieron caso. Así lo pactó De la Calle. Y por lo menos yo, en aras del respeto de ese acuerdo del Colón, no seré de las que propongan ni apoyen que se les monte conejo a las Farc en ese punto de su participación política, porque tal cual quedó acordado. 

Pero entonces cumplamos las reglas de juego. Hasta que los colombianos no los elijan para el Congreso, que los del secretariado no vayan por allá a exponer tal retrato de impunidad. Si hoy respetar el acuerdo depende de la convicción de los colombianos y no de blindajes inexistentes, mejor que no provoquen las pasiones a destiempo. 
Entre tanto... Qué raro. Montealegre es el único de nosotros que sabe qué confesó en su contra ante la Corte el exfiscal anticorrupción Moreno.

El Tiempo, Bogotá, 14 de octubre de 2017

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