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Vicente Torrijos                                           

La aprobación acelerada de la ley estatutaria de la justicia especial para las Farc y el cese bilateral del fuego con el Eln han sido las principales victorias de los extremistas durante los últimos días.

Por supuesto, de nada sirve que el ministro de Defensa anterior revele todas las verdades que le dieron forma a la farsa, ni que el vicepresidente Vargas se aleje de tantos esperpentos.

Y de nada sirve porque, por una parte, ellos avalaron, sin inmutarse, tales estropicios a la democracia; y por otra, la única oportunidad que el santismo tiene de permanecer en el poder es coaligarse con las Farc.

En cualquier caso, el Eln ha logrado mucho más temprano que las Farc el anhelado cese bilateral que le permitirá hacer de las suyas con mayor holgura y consolidar su proceso revolucionario a mayor velocidad.

Siguiendo un libreto perfectamente compartido con las Farc desde que Timochenko y Gabino firmaron a principios de año la alianza de La Habana, el Eln debe captar excombatientes, acopiar recursos, coordinar esfuerzos y apuntarle al mismo objetivo estratégico.

De hecho, el Gobierno se jacta de que es la primera vez que esa guerrilla firma un cese el fuego bilateral, pero olvida que ha incumplido todos los acuerdos, a los que, seguramente, habrá que agregar éste.

A menos, claro, que impere la vista gorda.  

Porque ya se vio cómo la verificación con las Farc no surtió efecto alguno y que las agresiones que actualmente producen sus miembros se amparan en los “incumplimientos del Gobierno” y la amenaza implícita de volver a las armas.

Vista gorda que se ve facilitada por la cruda realidad que vive un país en el que lejos de “haberse terminado el conflicto”, “vivir en paz”, o “haberle puesto fin a la guerra”, lo que se constata es, precisamente, lo contrario.

En tales circunstancias, ¿Qué se puede esperar de la Onu en el Mecanismo de Verificación, más allá de la absoluta confusión e incertidumbre para dilucidar, de aquí hasta enero, qué grupo perpetró un atentado, propinó un golpe a este o aquel adversario, o asestó un varapalo a los ciudadanos inermes?

Para no ir muy lejos, si diferentes Ong han dejado claro que el control de la frontera con Venezuela lo ejerce el Eln y que este grupo opera a sus anchas desde la retaguardia estratégica, ¿Qué van a poder decir los observadores extranjeros?  ¿Y cuándo siga enfrentándose a las Autodefensas Gaitanistas?

Probablemente, esos veedores hablarán entonces de incidentes menores, hechos circunstanciales y cuestiones peregrinas, pero, en todo caso, terminarán exaltando la constructiva conducta del Eln y su indeclinable esfuerzo por la consolidación de la paz en Colombia. 

El Nuevo Siglo, Bogotá, 10 de octubre de 2017

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