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Humberto Montero                             

La charada montada por la minoría independentista que se vivió el pasado domingo en Cataluña se resume en la cifra que encabeza esta columna.

No hay truco ni cartón. Entiendo que este asunto les pilla muy lejano y que la mayoría no entiende por qué demonios quiere independizarse una parte de España que goza, además, de unas cotas de autogobierno desconocidas en cualquier parte del mundo. Les confieso que hasta a mí me da pereza el tema, sobre todo porque los independentistas son cuatro gatos por mucho ruido que hagan. Pero sírvanos a todos para ejemplificar que unos pocos tontos juntos pueden lograr arrastrar a todo un pueblo a la ruina si la mayoría sensata no hace nada para impedirlo y se queda en casa viendo por la tele cómo les roban hasta los pollos del gallinero.

El simulacro de referéndum de independencia de Cataluña auspiciado por el gobierno regional, de mayoría radical, alcanzó la culminación del despropósito durante el presunto recuento. Después de que se celebrara sin censo alguno, de que hubiera gente que votara en dos o en tres ocasiones distintas en diferentes “colegios” electorales, un hecho probado y filmado, de que las urnas llegaran ya llenas de votos incluso antes de comenzar las votaciones y de que la gente votara hasta al pie de un semáforo, el gobierno autonómico de la Generalitat ofreció los resultados sin que absolutamente nadie los comprobara. Los independentistas lograron la cuadratura del círculo y, sin vergüenza alguna, ofrecieron unos datos que sumados superan el 100%, algo totalmente imposible para la estadística, pero sí para los impulsores del referéndum ilegal. Poco importa que para los independentistas un marroquí sin papeles, pero eso sí residente en Barcelona, pueda votar si Cataluña rompe con el resto de España y yo no pueda expresarme sobre el futuro de una parte de mi país porque soy vasco y resido en Madrid. Lo que resume la chufla de aurora boreal montada por estos cachondos es que el 90,09 % de los votantes (2.020.144 personas) votó “sí” a la creación de una república independiente catalana; el 7,87 % dijo “no” (176.565); un 2,03 % votó en blanco (45.586) y un 0,89 % de las papeletas se declararon nulas (20.129). Debían de ser servilletas del bar de enfrente porque en cualquier país serio se habrían declarado nulos todos los votos, partiendo de la base de que los independentistas se llevaron fajos de papeletas impresas desde su casa.

Ahora sumen los porcentajes. Total: 100,88%. Como a los independentistas les importa un pedo la democracia, el estudiante de instituto que hizo el recuento (se perdió las clases de suma básica para luchar por la patria) ha vuelto al cole sin reproches y los líderes políticos de la revuelta callejera (un tal Puigdemont y un tal Junqueras) siguen en su cargo.

Lo malo es que la mamarrachada y el esperpento en el que han caído estos pobres, que sobre 7,4 millones de personas residentes en Cataluña no logran más que dos millones de sufragios así estén votando sin parar una semana, es el daño que causan a la imagen de toda España. Urnas preñadas, niños de cuatro años votando (hay imágenes) y Gerard Piqué, el esposo de Shakira, llorando amargamente por la “represión” que vivió el domingo el pueblo catalán. No le busquen explicación porque no la tiene. Fíjense que el tal Piqué quiere independizarse y hoy juega con la selección española. Esto es como el niño de treinta y tantos que no se va de casa ni con aceite hirviendo porque exige que sus padres le paguen el alquiler, los tragos y le inviten a comer todos los días. Una panda de jetas, vaya.

El Colombiano, Medellín, 03 de octubre de 2017

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