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Miguel Ceballos Arévalo                                      

El papa Francisco, como sucesor de Pedro, como jefe de Estado, como sacerdote, como hombre, como líder, nos deja a los colombianos la tarea de la reconciliación, a través de la cual la paz verdadera será posible.

Todos y cada uno de los discursos y homilías del papa Francisco están llenos de sabiduría, simbolismos, mensajes espirituales, y sí, también mensajes políticos. Pretender que las palabras de un hombre tan vigente e importante como Francisco, no tengan un efecto político es querer desconocer más de 2.000 años de existencia de la Iglesia católica, que ha sido arquitecta de la construcción de la cultura y la historia occidental, mezclando el poder del mensaje de Jesucristo, con el poder de la transformación de las sociedades y sus estructuras, las cuales no son nada distinto a los seres humanos que las conforman.

En muchos programas de opinión se escuchaban estériles discusiones entre aquellos que abogaban por “no politizar” la visita papal, y aquellos que defendiendo no politizarla, terminaban por convertirla en instrumento político para respaldar sus propios argumentos. Yo prefiero defender abiertamente el carácter político que siempre hay y habrá en las palabras de un papa. Lo anterior de ninguna manera minimiza ni desconoce su misión de predicar y recordar la palabra de Jesucristo, por el contrario, dicha palabra es la que enriquece y da sentido a los contextos en los cuales debe ser sembrada, cultivada y puesta en práctica, contextos sociales, culturales y por supuesto, políticos.

Dicho esto, quisiera rescatar uno de los pasajes más políticos de los discursos pronunciados por Francisco, que toca las fibras más profundas de la Colombia de hoy, se trata del llamado papal a la reconciliación, aclarándonos que “todo esfuerzo de paz sin un compromiso de reconciliación será un fracaso.”

De una manera profunda y reveladora el papa nos explica que la reconciliación “No es legitimar las injusticias personales o estructurales. El recurso a la reconciliación no puede servir para acomodarse a situaciones de injusticia”.  Esta maravillosa frase es complementada por Francisco con una cita que recuerda la enseñanza de su antecesor Juan Pablo II, para quien la reconciliación “Es un encuentro entre hermanos dispuestos a superar la tentación del egoísmo y a renunciar a los intentos de pseudojusticia; es fruto de sentimientos fuertes, nobles y generosos, que conducen a instaurar una convivencia fundada sobre el respeto de cada individuo y de los valores propios de cada sociedad civil”

Para los dos papas, la reconciliación y la justicia van de la mano, una no pude darse sin la otra. El perdón y la reconciliación van acompañados de un ejercicio de justicia en el cual no puede “acomodarse” la historia de tal manera que se desconozcan y justifiquen los excesos, las violaciones a libertad y a los derechos más fundamentales del ser humano.

Por lo anterior es altamente significativa la decisión del papa de beatificar a dos sacerdotes colombianos, Pedro María Ramírez Ramos, asesinado en 1948 en Armero (Tolima) en los días posteriores al Bogotazo, y el obispo de Arauca, Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, asesinado por el ELN en 1989. Una muestra clara de “sanción histórica” a la violencia política que terminó ensañándose con dos miembros de la Iglesia católica, y a la vez un reconocimiento a la persona misma de los sacerdotes como mártires que murieron defendiendo su fe. Ambos escenarios tienen como elemento común el reconciliarse con la historia de Colombia sin sacrificar la justicia, visibilizando a las víctimas de un acto injusto e injustificable, y a la vez exaltándolas al ubicarlas en el más alto de los peldaños del ideal cristiano.

Mucho camino queda por recorrer para que los colombianos nos reconciliemos. El primer paso es garantizarles a todos y cada uno de nuestros ciudadanos, la administración de una justicia autónoma, transparente, pronta y eficaz, que vaya más allá de la coyuntura de los acuerdos de paz con las Farc, pues la reconciliación que llevará a una verdadera paz no puede ni debe reducirse a lo pactado en La Habana.

*Exviceministro de Justicia. Decano Escuela de Política y Relaciones Internacionales, Universidad Sergio Arboleda.                      

@ceballosarevalo

Semana, Bogotá, 08 de septiembre de 2017

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