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Moisés Wasserman                                           

Todos, absolutamente todos, los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derecho

En medio de los innumerables programas que se han hecho sobre la visita del papa Francisco a Colombia, me llamaron unos jóvenes periodistas para hacerme algunas preguntas. Como mi opinión realmente no es muy interesante, me propusieron, como alternativa, que elaborara mi propio decálogo. Ese me pareció un reto interesante. ¿Cuáles pueden ser hoy los mandamientos para un laico, no creyente, con una muy fuerte inclinación científica y declaradamente moralista?

Como un primer gesto de independencia, decidí que no sería un decálogo de diez, y efectivamente me salió de trece:

1) No creerás en verdades reveladas. Estas son distintas, a veces contradictorias en diferentes culturas y religiones, y han causado grandes conflictos e inmenso dolor.
2) Todo lo que sucede en el mundo es causado por fuerzas y leyes naturales, y la razón humana está en capacidad de entenderlas o al menos de avanzar progresivamente en su comprensión. Es tu deber tratar de comprenderlas y de promover los esfuerzos de la humanidad para entenderlas cada vez más.
3) No te han dado la Tierra para que la sojuzgues. Tú, como los otros animales y las plantas, eres un huésped que debe estar agradecido. Cuando te vayas, procura dejarla en igual o mejor estado que como la encontraste.
4) No hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti (la vieja máxima fundamental que lo dice casi todo).
5) En la duda, beneficia. Es decir, cuando tengas que decidir entre dos soluciones alternativas de un problema, si no puedes resolverlo basándote en principios fundamentales, inclínate por la solución más benevolente.6) Todos, absolutamente todos, los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos.

Todo lo que sucede en el mundo es causado por fuerzas y leyes naturales, y la razón humana está en capacidad de entenderlas

7) Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.
8) No harás a nadie objeto de injerencias arbitrarias en su cuerpo, su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni harás ataques a su honra o a su reputación.
9) Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión.
10) Actuarás con justicia y usarás todos los medios que estén a tu alcance para no errar en tus juicios sobre los demás.
11) Toda persona tiene derecho a la educación, y las naciones están en la obligación de proveerla al mayor nivel posible.
12) Para complementar estas reglas, refiérete a la versión completa y actualizada de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
13) Estas normas son temporales. Cambiarán a medida que mejoren el conocimiento de la naturaleza y los consensos éticos de la humanidad.

Como se dará cuenta el lector, estos mandamientos están construidos solo sobre el pensamiento humano. Se declaran falibles y sujetos a mejoras, en contradicción con otros mandamientos que provienen de una revelación y, por tanto, son dogmas infalibles. Esa falibilidad, que podría parecer una debilidad frente a otras normas, es en realidad su mayor fortaleza. Solo aquello que puede estar equivocado puede corregirse y mejorarse. Las mejoras se darán a medida que la comprensión de nuestra realidad física mejore y se llegue a consensos más incluyentes. Lo infalible está ya en su forma terminal y, al menos teóricamente, no podría mejorarse, pues, al ser transmitido directamente por la divinidad, no tendría imperfecciones.

Estos mandamientos están, pues, muy relacionados con nuestra capacidad de acercarnos a la verdad a través de la indagación científica y gracias a la razón. No se refieren a una sola tribu, nación o cultura, más bien pretenden (como lo han propuesto eticistas contemporáneos) expandir el círculo a toda la especie humana e incluir progresivamente a otras especies. Tal vez valdría la pena probarlos, quién quita.

El Tiempo, Bogotá, 08 de septiembre de 2017

Publicado en Otras opiniones

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