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Rafael Nieto Navia                                       

La diferencia de tamaño en las letras en el título de esta columna no es accidental. Simboliza la bíblica batalla de David y Goliat, solamente que los Estados Unidos, aún bajo el gobierno de Trump,  no son Goliat y la República Popular de Corea (RPDC) o Corea del Norte, está lejos de ser David, el inocente pero valiente muchacho guiado por la mano de Dios y, después, rey de Israel.

Al contrario, la RPDC es una tiranía gobernada desde hace 70 años por una familia de déspotas comunistas en la que todos los medios de producción, incluso los agrícolas, están controlados por el estado y donde se aplica la filosofía política de songun en la que  las fuerzas armadas están primero que todo. Es un país de 120.000 kms.2, 25 millones de habitantes y un PIB per cápita de alrededor de USD 2.400, con más de un millón de soldados en activo.

La RPDC ha invertido mucho dinero en el desarrollo primero de misiles de corto y mediano alcance (el último cayó en aguas del Japón y alcanzaría la base militar de los Estados Unidos en Guam) y luego de bombas nucleares (en 2006 hizo su primera prueba subterránea y la última, una bomba de hidrógeno, en 2016). Se dice que ha desarrollado misiles capaces de transportar ojivas nucleares miniatura.

Desde la primera prueba, la Organización Internacional de la Energía Atómica y las Naciones Unidas han tratado inútilmente de frenar el desarrollo nuclear de Corea del Norte, pero esa nación, que  había abandonado en 2003 el Tratado de no proliferación de armas nucleares, ha seguido adelante con su programa.

Desde la época de Clinton y Bush, la RPDC ha tenido una política retadora. Con Obama se acrecentó y con Trump, que no es ningún mono pintado en la pared, ha alcanzado niveles críticos. Incluso el desquiciado de Kim Jung-un ha amenazado con un ataque a Guam. A esto Trump ha dicho que está listo para el combate. Probablemente Estados Unidos tiene en Guam un escudo antimisiles, pero independientemente de ello, retarlos militarmente, no solamente con Guam sino también con Corea del Sur y Japón, aliados de los gringos, es descabellado. Trump (y también Kim Jung-un) saben que los Estados Unidos puede borrar literalmente del mapa a Corea del Norte en un abrir y cerrar de ojos y, probablemente, sin necesidad de usar armas nucleares. Los más modernos bombarderos y los misiles están ya listos no solamente en Guam sino en Corea del Sur, Japón, Honolulu y Filipinas y, definitivamente, sería una pelea de toche con guayaba madura.

Así que, realmente, las amenazas de Kim Jung-un son ladridos de perro que no muerde. Pero si pretende morder debe estar listo a desaparecer. La propia China, un aliado tradicional de la RPDC, le ha advertido que si se mete en un problema con los Estados Unidos, no cuente con ella.

Estas crisis son aburridas y fastidian el ambiente. Pero, como decía don Arturo Abella, un viejo columnista de este diario, “no atortolarse”.

***

Coda: El hijo de Maduro dijo que si se presentaba una intervención militar de los Estados Unidos en Venezuela, los venezolanos adictos al régimen “se tomarían la Casa Blanca”.

Probablemente esto se lo sopló el pajarito de  Chávez…en inglés.

El Nuevo Siglo, Bogotá, 15 de agosto de 2017

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