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Vicente Torrijos                                           

Primero que todo, los gobiernos que practican el matoneo internacional la emprenden contra su propio pueblo al que persiguen, apresan y someten.  Es lo que sucede en Corea del Norte, Cuba y Venezuela.

Segundo, tales regímenes arman hasta los dientes a sus pocos o muchos seguidores para que defiendan la revolución, o la obra, la misión, o lo que sea. 

Tercero, ellos eligen un enemigo común, un culpable de todos sus males, de sus frustraciones y disfunciones, de tal modo que a ese otro se le achaca el fracaso en el que siempre caen.  Es lo que sucede en Corea del Norte, Cuba y Venezuela.

Alimentando constantemente esa imagen del enemigo (el imperialismo yanqui, la oligarquía del vecindario, o los paramilitares) fomentan el miedo e incitan a la violencia hacia adentro y hacia fuera.

Para que el miedo se enquiste, necesitan sembrar de manera perdurable en el endogrupo el espíritu de lucha, el estado de sitio o la alerta permanente con el fin de que cada súbdito esté dispuesto a luchar calle por calle contra el ataque inminente y los colaboracionistas.

De tal manera, la conducta “matonesca” se horizontaliza y ya no depende sólo de las fuerzas del Estado sino que es asumida como propia por los guardianes de la revolución, o las milicias populares.  Es lo que sucede en Corea del Norte, Cuba y Venezuela.

Asimismo, los gobiernos pendencieros buscan afanosamente y encuentran prontamente en el vecindario todo tipo de secuaces con los que forman ligas, consorcios de seguridad o alianzas para afianzarse en el poder, amenazar más eficientemente al exogrupo y burlar cualquier acción colectiva que se emprenda en su contra.

Por tal razón, parece que actuaran de forma irracional por cuanto su actitud transgresora les pone en la mira de la comunidad internacional pero, lejos de retractarse, se hacen cada vez más desafiantes, con lo cual, queda claro que sin la narrativa del miedo, el odio y la amenaza, sencillamente se derrumbarían.

En consecuencia, destinan sus exiguos recursos al armamentismo, las pruebas misilísticas, la construcción de bases militares con el apoyo de los cómplices que nunca faltan y la promoción del terrorismo, es decir, actores no estatales que mediante el uso, o la amenaza de uso de la fuerza, buscan llegar al poder en sus países de origen para expandir el “modelo alternativo”.

Hasta que, persuadidos de que el matoneo se ha vuelto insoportable, los países libres se unen, rechazan, emplazan y condenan a los gánsteres en el poder. 

Que es lo que está sucediendo, o va a suceder, con Corea del Norte, Cuba y Venezuela.  

El Nuevo Siglo, Bogotá, 15 de agosto de 2017

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