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Darío Ruiz Gómez                               

“La mentira es reaccionaria, la verdad es revolucionaria” decía  el Ché Guevara en el momento en que los  guerrilleros se habían tomado el poder y se preparaban para “dar el paso hacia una sociedad socialista”, es decir a una planificación de la economía donde desmontando la estructura capitalista y burguesa se abriera el camino  hacia  una sociedad dominada por las llamadas masas populares.

René Dumont uno de los grandes pensadores políticos fue ante todo, como agrónomo, uno de los más lúcidos defensores del campo, de la necesidad de establecer un equilibrio entre la agricultura y la industria. Su texto “Cuba ¿Es socialista?”, publicado curiosamente en Venezuela en 1970, constituyó un visionario análisis de los errores cometidos por la élite guerrillera fidelista armada, más de aventurerismo  que de conocimiento científico sobre su realidad agrícola, el monocultivo de la caña y la incipiente estructura industrial.

Lo primero que detecta Dumont es que al contrario de lo que dice el Che,  decir la verdad no es propiamente una virtud de los revolucionarios que mienten y disfrazan su temprano fracaso recurriendo a la retórica antiimperialista,  y convirtiendo a  pobres y campesinos  mediante una sofisticada utilización de la propaganda y del desfile militar, de la convocatoria a  grandes multitudes manipuladas por el carisma de Fidel, en unas masas ciegas y sordas al estilo  en que tanto Hitler como Mussolini, Stalin, manipularon los espacios públicos , los emblemas, las grandes marchas donde la consciencia del  individuo desaparece  devorada  por el griterío de las turbas.

¿Cuáles eran los conocimientos económicos de un mercenario  como el Che para ser encargado de inmediato de la dirección del Banco de Cuba? El gravísimo error, como lo describe Dumont, de sustituir el cultivo de caña, de olvidar  la agricultura para crear una estructura industrial con nombre socialista pero de modelo capitalista,  fue un craso error que condujo al primer fracaso de esa supuesta planificación  y del cual no lograron resarcirse hasta que debieron entregarse al dominio de la Unión Soviética y la dictadura del Partido Comunista de Luis Rafael Rodríguez. ¿Puede un líder campesino, un exdirigente estudiantil convertirse de la noche a la mañana  en el  planificador de la nueva economía de un país? ¿Cuánto tiempo y cuántas  vidas  sacrificó  la Unión Soviética para crear una ciencia y una tecnología?

¿No volvemos a ver como se repiten estos terribles errores  en caudillos  espontáneos como Chávez y ahora Maduro y su cuadrilla de narcotraficantes? Expulsar a los técnicos “burgueses” de de la petrolera Pedevesa,  sustituyéndolos por ignorantes militantes,  llevó  a causar una  tragedia donde  murieron   un gran número de obreros “revolucionarios”. ¿De qué ha servido recurrir a una brutal política de expropiaciones  de la empresa privada?  Dar el salto de haber sido un líder popular, para  convertirse en  el dirigente de una sociedad que debe resolver científicamente sus grandes problemas de producción industrial, de recuperación agrícola, de planificación territorial,  conduce  a que el error que trae más miseria a las masas “redimidas” por la revolución,  se transforme  finalmente  en terror y despotismo, en el reinado  siniestro de los cuerpos  secretos, en  parodia  de paranoico  comunismo. ¿Es este el modelo que defiende  la izquierda más reaccionaria en Colombia?  

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