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Lionel Moreno                                      

Cada día más vemos en los medios el drama de la afluencia de los venezolanos que buscan refugio en nuestro país, huyendo de la miseria, del hambre, en que los ha sumido la dictadura de Maduro y su pandilla y de una represión inexorablemente in crescendo. 

Buscan en Colombia, además de comida, medicinas para sus enfermedades y una fuente de ingresos que no encuentran en una Venezuela donde a diario se cierran las empresas. Tenemos, no solo el deseo, sino la obligación moral de ayudar al pueblo hermano, como lo hemos venido haciendo. Pero el éxodo se incrementa conforme pasan los días, el régimen, siguiendo el modelo castrista, intensifica la violencia y la economía sigue desmoronándose. Castro fomentó y dejó salir, primero, a la clase dirigente y siguieron los otros descontentos (Mariel y balseros), para que no engrosaran la oposición; la masa que quedó era más plegable a los argumentos comunistas. Me temo que esto está sucediendo en el país vecino.

Para Colombia, fuera del dolor que nos causa ver el sufrimiento de nuestros hermanos, se presentan varios problemas de inmensa gravedad. Tener al otro lado de la frontera a un régimen comunista es un enorme peligro. Durante años albergaron a las Farc y allí residen los cabecillas del Eln. Desde allí seguirán promoviendo y con más bríos, una revolución comunista en Colombia, no solo por afinidad ideológica, sino porque necesitan un apoyo cercano. También, Colombia está ya privada de un socio económico muy importante, lo que retrasa nuestro desarrollo.

Pero hay otro problema a corto plazo y es la creciente inmigración de esa masa de venezolanos que, como decíamos, huye del hambre y de la represión. Colombia es el destino natural para esa muchedumbre pues en la frontera norte tenemos centros poblados con buenas vías de comunicación al frente de los venezolanos, tanto por el Zulia - Guajira (Maracaibo, Barranquilla), como por el Táchira- Santander (Cúcuta, San Cristóbal); con Brasil y Guyana la frontera es, básicamente, territorio selvático. ¿Cómo los vamos a albergar? ¿Cómo les vamos a dar salud, trabajo?  ¿Se han dado cuenta nuestras autoridades de que estamos abocados a una catástrofe humanitaria?

Nuestra infraestructura de salud ya empieza a resentirse y se oyen las protestas de quienes se sienten desplazados de puestos de trabajo. No sería de extrañar que la pequeña criminalidad se incremente. Colombia debería tener ya planes de contingencia, que son difíciles y costosos. No los vemos. Necesitamos la ayuda urgente de la OEA y de la ONU. Cuba tenía 11 millones de habitantes, 4% del país receptor, los Estados Unidos, con 300; Venezuela tiene el 63% de la población colombiana (31 MM. vs 49 MM.). Es clara la magnitud del problema.

El Nuevo Siglo, Bogotá, 11 de agosto de 2017

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