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Samuel Hoyos                                  

Por estos días se discute quién será el candidato del Centro Democrático a la Presidencia de la República en el 2018.

Por el momento hay cinco precandidatos, todos con muy bajo reconocimiento según las encuestas, pero con la posibilidad de recibir el aval del partido de Uribe, lo que le garantizará una altísima probabilidad de convertirse en el sucesor de Juan Manuel Santos. Esta elección es vital para el futuro del Partido, pero sobre todo del país, ya no hay lugar a equivocaciones. En el 2018, los colombianos vamos a tener que defender la democracia liberal y nuestras instituciones republicanas. 

El candidato del Centro Democrático tiene que ser “El que diga Uribe”, o en su defecto, el que digan los uribistas, pero nunca el que digan los antiuribistas. Debe ser la militancia del Partido la que defina quién es la persona con la que más se identifican y la que mejor los representa. Si bien los cinco precandidatos son personas de probada capacidad y firmeza, para poder competir en una elección presidencial, primero deben haber conquistado el corazón uribista. 

En una consulta abierta, donde cualquiera puede votar, se corre el riesgo de que los enemigos del uribismo sean quienes elijan a su contrincante para las elecciones presidenciales. Para el Gobierno Santos, para la izquierda, para las Farc y para Germán Vargas, sería una gran oportunidad poder decidir quién será su contraparte. Seguramente no ahorrarían esfuerzos en elegir, según su criterio, al más fácil de derrotar, a quién divida al uribismo o a quien no represente una amenaza a sus intereses.   

Algunos dirán, no sin razón, que ninguno de los actuales precandidatos será fácil de derrotar -cuando resulte electo-, que ninguno divide al uribismo y que todos representan una amenaza al cogobierno de las Farc. Pero de nada sirve obtener, en una consulta abierta, una votación que no se verá reflejada en las elecciones, una votación manipulada y ficticia, con la que no se podrá contar a la hora de la verdad.

Ese escenario podría dejar inconforme a un sector de la militancia que querrá buscar otro candidato que le ofrezca mayor seguridad -teniendo en cuenta el antecedente de Juan Manuel Santos en las elecciones de 2010- dividiendo la Coalición del No, poniendo en riesgo el triunfo en la primera vuelta o, incluso, el paso a la segunda.

El futuro de millones de colombianos está en juego, las Farc y el socialismo del Siglo XXI son una verdadera amenaza a la democracia liberal. Todos, salvo el Centro Democrático y la Coalición del No, van a abrirle espacios a las Farc, quienes van a usar armas, política y narcotráfico para aplicar en Colombia la misma receta que convirtió a Venezuela en una dictadura. Esta vez no nos podemos equivocar.

@SHOYOS

El Nuevo Siglo, Bogotá, 07 de agosto de 2017

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