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Rafael Nieto Navia                                        

A finales de mayo, el Tribunal administrativo de La Guajira impuso una millonaria condena a la empresa Promigás. En octubre 2001, las Farc habían volado un tramo del gasoducto  Ballenas-Barranquilla.

La explosión dejó siete personas muertas, más de diez heridas y cuantiosos daños materiales. El tribunal decidió que eran la empresa privada y Minminas, y no las Farc, los que deberían  responder por ese hecho, lo que, naturalmente, produjo la reacción del sector privado ya que se le sanciona por hechos de terceros. Todo sucedió en un sector que, cuando se construyó el gasoducto, no estaba habitado. Según el  fallo, una empresa privada tiene responsabilidad por las acciones terroristas de las que ella haya sido víctima. Ya con anterioridad las altas cortes habían declarado responsable a la nación por fallas de seguridad en los ataques perpetrados por los terroristas a bases militares. Es el mundo al revés.

Ahora la Corte Suprema decide que un oso de anteojos tiene derecho al habeas corpus. El artículo 30 de la Constitución dice que “Quien estuviere privado de su libertad, y creyere estarlo ilegalmente, tiene derecho a invocar ante cualquier autoridad judicial (…), por sí o por interpuesta persona, el Habeas Corpus (…).” El oso, probablemente, creyó que estaba privado de la libertad ilegalmente e invocó por interpuesta persona el recurso, que la inefable Corte resolvió a su favor. Hasta ahora, solamente las personas naturales o jurídicas tenían derechos y deberes, pero ahora se ha resuelto que también los animales, cuando la verdad es que somos los humanos los que tenemos el deber de velar por el bienestar de los animales. ¿Cuáles serán los deberes del oso? El oso, originario de Caldas, fue enviado al zoológico de Barranquilla con la intención de mejorar su situación, no la de ponerlo preso. Además, liberar al oso en su hábitat natural, así como así, no es posible porque se pone en riesgo su subsistencia. Pero la inefable Corte cree que ella no tiene ni siquiera la obligación de leer la Constitución, cuando legisla de manera omnipotente.

Pero si por aquí llueve por el Reino Unido y la UE no escampa. Ya vimos cómo una corte británica y el Tribunal Europeo decidieron que no eran los padres del bebé Charlie Gard, quien acaba de morir, sino las autoridades, los que tenían el poder de disponer si lo desconectaban o no de sus medios de vida artificial. También creen que son dueños de la vida y de la muerte.

Justicia viene del latín justitia, derivada de jus (derecho) y de justum (lo justo) y es un bien de la sociedad que armoniza los derechos y deberes de la comunidad. Valdría la pena que nuestros jueces, muchos educados en universidades de garaje, leyeran los clásicos y a Santo Tomás para entender cuál es su función.

***

Coda uno: ¿Qué pensará el Consejo de Estado, que prohibió el Te Deum del 20 de julio, del lema norteamericano que aparece en los billetes: In God we trust (en Dios confiamos) y de la frase que dicen los presidentes al finalizar sus discursos: “Que Dios bendiga a los Estados Unidos”?

Coda dos: Ante el drama de los oleoductos que los terroristas vuelan todos los días, los dueños o Ecopetrol podrían vigilarlos en tiempo real con drones, pero no de juguete sino de verdad. Es una inversión que vale la pena.

El Nuevo Siglo, Bogotá, 01 de agosto de 2017

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