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Alexander Cambero                                   

La magnífica expresión de voto vuelve a darnos las herramientas para salir del horror en Venezuela.

Nuestra tierra se llenó de héroes, con la simbología de escribir sus nombres con moldes lustrados de democracia. El pueblo venezolano habló.

Millones de ciudadanos hastiados de la pesadilla totalitaria mostraron su rebeldía. La magnífica expresión de voto ‒como garante democrático de la libertad‒ vuelve a darnos las herramientas para salir del horror en donde nos metió el totalitarismo instaurado en Venezuela. Quienes bajo el disfraz de un sistema humedecido con el néctar de la redención popular, nos hicieron caer en sus perversas redes.

Millones de venezolanos han dado un mandato claro: no queremos seguir viviendo en las garras de una dictadura, y por ellos rechazamos enfáticamente la propuesta presidencial de una Asamblea Nacional Constituyente ‒viciada de nulidad absoluta ‒ al ser esta una estratagema jurídica para despojar al ciudadano de su derecho a elegir el destino que desea darse. La contundente felpa recibida por el Gobierno indica que su ardid político está condenado a fracasar estrepitosamente.

Millones de venezolanos han dado un mandato claro: no queremos seguir viviendo en las garras de una dictadura

Millones de ciudadanos abarrotaron puntos de votación para mostrar su rechazo al gobierno que nos llenó de mendicidad, desde todos los escenarios de nuestra geografía, y sin distinciones de ningún tipo, acudieron al llamado que les hicieron las fuerzas democráticas. El resultado dejó perplejo a los diversos especialistas en el área del análisis político. 

Las encuestas hablaban de un rechazo a la Constituyente que rondaba el ochenta por ciento; sin embargo, la brecha se abrió mucho más dejando números nunca antes vistos en procesos de este tipo. Pudimos observar una gran cantidad de personas que hasta hace poco se identificaban con el proceso, igual ocurrió con militares y empleados públicos cansados del vulgar chantaje de dieciocho años de pesadilla. Una tortura que fueron introduciendo de manera paulatina hasta llevarnos al despeñadero. Una droga sutil que en la medida en que se consumían los años fue embriagando con su poder de seducción. 
La manipulación se hizo selectiva hasta endosarles a los demás sus propios errores, es allí en donde logró ganar el tiempo necesario para arrasar con todo. Fue un trabajo sistemático de manipulación que impusieron siguiendo los patrones del comunismo internacional. 

Emocionante observar el despertar de la patria. Una tórrida expresión de amor por la democracia se propagó a los cuatro vientos, no les importó las dificultades producto de la distancia o alguna complicación motora, el deber con Venezuela fue el combustible que impulsó su firme decisión de mostrarse a favor de un cambio de gobierno. La voluntad de millones pudo más que las coerciones que realizaron desde los distintos ejes del Estado inquisidor. Estamos saliendo del infierno creado por un gobierno malévolo y sanguinario para adentrarnos en el mundo de la libertad.

El Tiempo, Bogotá, 19 de julio de 2017

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